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martes, 26 de diciembre de 2023

Placeres del invierno

Estos días de frío, aprovecho para disfrutar de los pequeños placeres del invierno. Hacerme una infusión o té bien caliente, de esos tés alemanes de calidad inigualable que me descubrió mi tía hace ya muchos años, de sentarme al lado de la chimenea en casa de mis padres, mientras humean las últimas brasas de la leña, de encender velas aromáticas que huelen tan bien como deberían oler los sueños, de tomar después de comer un "capón" (un higo seco que se abre y se rellena con una nuez), de levantar la persiana y disfrutar viendo la niebla y la helada de las primeras horas de la mañana... Ese tipo de historias.

No sé en qué momento empezamos a dar por sentadas ciertas cosas y dejamos de disfrutar de ellas. Trato de tener en mente este pensamiento siempre que puedo. Muchas veces, pequeñas tonterías cotidianas nos nublan la mente. Me refiero a esas frustraciones del día a día con el trabajo, con nuestras relaciones interpersonales, con nosotros mismos, a las que a veces damos una importancia excesiva. Que si esta historia, que no me ha salido bien; que si mira lo que me ha dicho esta; que si hoy no he tenido un día nada productivo; que qué mal porque iba a comprar no se qué y estaba agotado; que si lo que me faltaba, perder el bus ahora... 

Entiendo que toda esta historia está muy manida, la de "disfruta de las pequeñas cosas", etc. Alguno dirá que vaya, que ni que estuviera descubriendo América. Pero estos días de quietud y de frío es cuando más pienso en todas las personas del mundo que están hoy sufriendo, que están pasando por los peores momentos de su vida por la razón que sea, o que no pueden disfrutar de las comodidades que yo tengo.

Aún cuando mi vida no es perfecta, y es probable que a ojos de muchos esté lejos de serlo, siento que no cambiaría nada, que me gustaría dejarlo todo tal y como está, y que se preserve así por mucho tiempo. También pienso que hay muchas cosas que me gustaría mejorar, de mi casa, de mis relaciones, de mí misma... Pero, mientras estemos todo bien y disfrutando plácidamente al calor del hogar en estos últimos días de Diciembre, esperando la llegada del nuevo Año, con una infusión bien aromática de frutos rojos con manzana y canela, todos esos anhelos se disipan y solo pienso lo afortunada que soy por haber vivido todo lo que he vivido, y por estar aquí hoy, presente.

¡Nos vemos en el próximo té!


"Silken midst oustide the window
Frogs and newts slip in the dark
Too much hurry ruins the body
I'll sit easy, fan the spark"

viernes, 22 de diciembre de 2023

Solsticio de invierno

La noche más larga del año siempre ha suscitado misterio, recogimiento, reflexión... Desde hace un par de años, especialmente esa mañana me gusta levantarme pronto, cuando aún no ha amanecido, y disfrutar de la salida del sol después del viaje por la noche más larga. 

Hay muchos ritos y tradiciones ligadas a este solsticio. De alguna manera, se respira un ambiente especial en la atmósfera. Tiene su dimensión mágica levantarte de noche y pensar que ese amanecer está preparado solo para ti, como si fueras el único espectador de un evento íntimo. Esa soledad de los primeros minutos de la mañana, la oscuridad que va, poco a poco desapareciendo, con las luces de la ciudad de fondo como si fueran pequeñas estrellas, la escarcha de una fría noche invernal... 

Estos días que me levanto aún de noche, me gusta encender únicamente el árbol de Navidad y una vela; me siento reconfortada. Me parece más agradable que encender la luz "normal". Supongo que así rindo homenaje a nuestros ancestros, tratando de iluminar un poco la casa con la cálida luz del fuego, y ese abeto que, aunque de plástico, hace honor a otra tradición milenaria y compartida por muchos pueblos, la de llevar al hogar un árbol de hoja perenne, ahora que el resto de árboles han sido despojados de sus hojas.

El amanecer de hoy en Zamora ha tenido lugar a las 8:46 h, mientras desayunaba, con el solsticio de invierno desde Stonehenge en directo desde YouTube. Con una niebla muy cerrada, lo que ha impedido ver el sol y los colores del horizonte, pero que ha hecho que la claridad del amanecer se dispersara más, e incluso antes de la salida del sol, la luz ya era mucho más blanca e intensa que estos otros días. 

Preparándome poco a poco para salir de casa y enfrentarme al frío invernal, iba pensando en el solsticio del año pasado, y del anterior, y he tenido la sensación de que han sido "ayer". Supongo que en eventos anuales como este es donde somos más capaces de percibir el tiempo como algo circular, no solo lineal. Como un ciclo que se repite y nos hace rememorar cosas del pasado de manera más vívida. Esos ciclos universales que rigen la naturaleza y también, nuestra propia existencia.

¡Nos vemos en el próximo té!


lunes, 27 de noviembre de 2023

Papel en blanco

Más de un año sin publicar una entrada. También más de un año (y casi dos), desde que escribí la última canción hasta el momento. Respecto a lo primero, llevo varias intentonas de retomar el blog: dos o tres artículos que parecen haber quedado para siempre atrapados en la categoría de "borradores". Respecto a lo segundo, ha habido un par de ratos de sentarme con la guitarra a componer y querer crear algo, pero he acabado abandonando la idea. 

Por aquí nadie me ha echado de menos: no hay comentarios nuevos desde hace muchos meses. Con respecto a la música, no estoy segura de tener un público ahí afuera que esté esperando nuevas canciones. Con la publicación del nuevo disco a primeros de este año, esperaba otro tipo de respuesta o repercusión que no se ha conseguido. Aunque para ser justos, quizá situara mis expectativas en un lugar demasiado elevado. A decir verdad, muchas personas nos han dado un feedback positivo y hemos vivido bonitas experiencias por el camino. Pero, de nuevo, no lo que yo esperaba, al menos "no todo".

El proceso creativo necesita de una introspección, de sincerarse con uno mismo, de verse cara a cara y sobre todo, de una necesidad interna de tener algo que decir. Pero cuando todo ello se transforma en  grabaciones varias, invertir dinero, videoclips, fotos para promo, estadísticas, número de escuchas, número de visualizaciones, impacto en RR.SS.,... Se acaba desvirtuando todo de una manera triste y descorazonadora. De aquel proceso creativo, de aquel impulso... ¿realmente qué llega al espectador/oyente final? ¿Somos capaces de salvar esa distancia hasta alcanzar de lleno en el alma de al menos un 0,01% de nuestro público? Y en cualquier caso, ¿qué somos sin ese público, meros árboles que se caen en el bosque en soledad, cuestionando su propia existencia? Todo ese ruido que hay entre medias del germen de una canción y la escucha final por parte del oyente, puede acabar empañando el mensaje, el pulso, la onda...

Y no digamos a la inversa... Si realmente gusta y llega, ¿hasta qué punto somos capaces de sintonizar con esa vibra del público, de captar sus sensaciones? No sé, igual estoy divagando y empezando a correr el riesgo de dejar de nuevo esta entrada en la bandeja de borradores por falta de cohesión en el texto... y en mis pensamientos.

Que quiero volver a esa introspección sin condiciones, sin expectativas. A ese proceso creativo sincero y sereno, sin estadísticas... Sin escuchas ni visualizaciones. Solo yo, la guitarra y un papel que va, poco a poco, dejando de estar en blanco.

¡Nos vemos en el próximo té!

lunes, 7 de junio de 2021

Autoafirmarse

Es una sensación extraña esta, la de necesitar autoafirmarse. Hay días que pasan y no soy consciente, discurren entre la maraña de quehaceres y preocupaciones diarias. Otros me acuerdo de que estamos aquí para algo más que "figurar" y ser parte de la rueda, del engranaje. O al menos eso quiero pensar.

A lo que yo me refiero con autoafirmarse es aquello de ser un poco más consciente de quién eres, de tus  posibilidades, de tus necesidades, de tus principios, un volver a tus orígenes, al por qué de esto o de aquello. Yo creo que cada uno se reafirma o se autoafirma a su manera, o incluso de varias maneras, algunos recordando y relatando sus historias o anéctotas, otros a través de los megusta de sus fotos en las redes, otros tomándose tiempo para sí o haciendo algo bonito por ellos mismos, un acto que puede parecer egoísta pero muy necesario probablemente, otros quizá acudan a la solidaridad, a darse a los demás, a un voluntariado, una ayuda al prójimo... Y otros, como yo, necesitamos volver a nuestra música, a escuchar a nuestros clásicos o bien a "hacer" nuestra música. Algo que nos ensanche un poco y que quizá sirva para la admiración de otr@s hacia nosotr@s. En fin, estoy divagando.

Mi necesidad de autoafirmación radica probablemente en una cierta falta de autoestima, o una sensación de ridículo demasiado desarrollada. Total, que me tengo que quitar un poco esa carga de encima, enseñar mis canciones al grupo y tocarlas delante de (mucha) gente. Quizá publicarlas en un disco, lanzarlas a las redes de internet... Y ahí, ya queda todo un poco más difuso, porque hay mucha oferta y probablemente poca demanda. El caso es que ahí figura, y por un lado te dan ganas de que las escuche todo el mundo, por otro te das cuenta de que tampoco es esencial que así sea. Que por una parte lo haces para ti, para tu propia satisfacción personal. Aunque por otra está el come come de la necesidad de autoafirmación diciendo... eh! Que aquí estoy... ¡que necesito atención!. Y te da rabia, porque es muy difícil luchar contra toda una industria está pensada para no favorecer al pequeño, ni siquiera al mediano.

Pero uno necesita autoafirmarse, decir un aquí estoy, o qué pasa. Así que en esas andamos. Quizá deba pasearme por la calle como hacía Lady Gaga en tiempos, que aún cuando no era famosa, se paseaba por su ciudad reivindicando su propia fama, sintiendo que realmente lo era. Y no es que persiga yo fama, pero quizá tenga que sentirme en mi día a día un poco más artista, y un poco menos engranaje. No sé si me explico. 

¡Nos vemos en el próximo té!

jueves, 14 de mayo de 2020

Piratas del Confinamiento Humano

Si has venido aquí por el título, en primer lugar, me explicaré. Soy una gran fan desde niña de Piratas del Caribe (y de Johnny Depp), de póster en la habitación pedido a la salida del cine, de recorte de revista y de comprar DVD nada más salir a la venta. Quien haya visto la tercera película de la saga, En el Fin del Mundo, recordará una escena en concreto ("¡Calipso! ¡Yo te libero de tu confinamiento humano!). Total, últimamente cada vez que he dicho o alguien ha empleado la palabra "confinamiento", no podía sino acordarme del gran Jeoffrey Rush pronunciando estas palabras al viento para liberar al Dios del mar confinado en cuerpo de mujer. 

Tonterías a parte, sigamos con referencias (a Piratas) pero más serias. Hoy mismo comentábamos en familia el hecho de que últimamente la gente está viendo muchas series, y sobre todo, reposiciones. Mi madre lo achacaba al hecho de que hay "nostalgia del pasado", y mi padre, a que "la gente se aburre con cojones" (perdonad la expresión). Seguidamente, mi madre afirmó lo siguiente "Es cierto; la vida es la misma, solo que con menos alicientes". 

Sorprendente para mí esta frase dicha por ella. Si la hubiera expresado yo, habría sido evidente que era una referencia a Piratas del Caribe, pero dado que ella siempre las ha visto (hay que reconocerlo) sin demasiado interés, apuesto a que no recordará siquiera la escena. Pero aquí esta:


 - Antes el mundo era mucho más amplio...
 - El mundo sigue siendo el mismo, pero con menos... alicientes.

Y este hecho y esta casualidad me hizo pensar que, efectivamente, la vida no cambia tanto, aunque nos parezca que así es. Pienso que la Humanidad, en esencia, no va a experimentar grandes cambios, pese a todos los sacrificios y pruebas a las que se nos está sometiendo en los últimos meses. No vamos a ser ni más solidarios, ni más coherentes, ni más ecológicos, ni más responsables, ni más nada... En esencia, seguiremos siendo iguales, cada cual aprenderemos esto o lo otro, pero me declaro pesimista y prefiero no pensar que esto nos traerá grandes avances en nuestra civilización o en nuestra forma de "hacer la vida". Y efectivamente, la vida es la misma, pero ahora sí que tenemos "menos alicientes". 

¡Nos vemos en el próximo té!

martes, 12 de mayo de 2020

Días de no hacer nada

Días que también merecemos, supongo. 

Al principio del confinamiento se nos instó a realizar una innumerable lista de tareas propias para esta época. Como si no fuera suficiente con sobrellevar el hecho de que tenemos una amenaza biológica ahí fuera, nuestro trabajo se ha vuelto inexistente, precario o se duplicado en cantidad y exigencia y además, quien tenga niños, no sabe qué hacer con ellos. Y no se puede salir de casa "a placer".

Desde hace un par de semanas, salir una hora a caminar o hacer deporte se ha vuelto el máximo deleite. Supongo que, en el fondo, necesitamos poco... ¿O no? En mi caso, he salido solamente las veces que lo he necesitado. Aún no he salido a pasear, ni en mallas a hacer que corro. Sigo sin sentirme libre ahí fuera. Será mi hipocondría, será mi sentido de la responsabilidad... no lo sé. He tardado como un mes en procesar la situación tan surrealista que hemos vivido y ahora se me hace raro salir a la calle sin mirar por el rabillo del ojo a ver si hay una patrulla a la vuelta de la esquina... Me explicaré.

Durante este confinamiento he tenido que salir la mayoría de los días de casa para el cuidado de una persona dependiente. Y aún teniendo una causa justificada, me sentía una delincuente. Me han parado como seis o siete veces a lo largo del confinamiento (con mayor o menor acierto y/o educación por parte de mi interlocutor), y siempre en cada paseo me encontraba con algún "cuerpo" de seguridad del Estado. Con su consiguiente ansiedad de: ¿me parará? ¿se mostrará reticente a mis explicaciones? En fin...

Pues eso, que sigo sin sentirme libre cuando salgo a la calle. Es curioso, porque ¿somos libres normalmente? Quiero decir, sin confinamiento. Si buscamos el significado filosófico de la libertad podríamos estar aquí horas. Pero no me siento libre si pienso en que, al menos por el momento, no puedo ir a mi pueblo, no puedo ir a pasear o salir con amigos, no puedo ir "de pic-nic" por ahí, no puedo ir a conciertos ni tampoco dar uno, no puedo salir a la calle sin sentir la presión social del inminente contagio... Me pregunto si cuando en mi zona permitan salir a tomar algo a un bar, reunirse en familia o ir a un concierto me sentiré igual de cohibida que ahora cuando simplemente salgo a la calle...

Vaticino todavía muchos días de no hacer nada. O de hacerlo todo (según como se mire).

¡Nos vemos en el próximo té!


jueves, 23 de enero de 2020

Año Nuevo Lunar

Últimamente me he fijado mucho en la inquietud que parece tener el género humano por renovarse cada cierto tiempo. O puede que sea algo inculcado por la madre naturaleza. El caso es que tenemos muchas oportunidades a lo largo del año para empezar de cero, consideradas desde antiguo como períodos casi "mágicos", como lo solsticios y equinóceos, fin de año, Halloween, hogueras de san Juan, o celebraciones ya no tan paganas, como la Cuaresma cristiana. Y en astrología, también se considera como renovación el retorno solar (nuestro cumpleaños), el "nuevo año zodíacal" (cuando el sol entra en Aries, el primer signo del zodíaco) y cada luna nueva.

Me da la sensación de que algunos de estos hitos anuales pueden ser incluso considerados "modas". Ya lo llevaba intuyendo desde hace bastante tiempo, pero la pista me la ha dado hoy la aplicación de diseño online que manejo, una muy sencilla, que ofrece plantillas prediseñadas que puedes modificar a tu antojo. Pues bien, hoy mismo tienen todo un apartado de plantillas dedicado exclusivamente al "Año Nuevo Lunar", también relacionado con el"Año Nuevo Chino". Sin embargo, yo no estoy utilizando la versión asiática de la aplicación, sino que esas plantillas van dirigidas a occidentales que desean felicitar o celebrar el Año Nuevo Lunar.

Me sorprende mucho que cada vez más personas de todas las edades se ven en la auténtica necesidad de renovarse a sí mismos, incluso tomando prestadas celebraciones de otras culturas, o recuperando celebraciones paganas antiguas que la iglesia cristianizó. La razón creo que es que, vivimos en una sociedad tan tóxica, tan extremadamente llena de interferencias, interrupciones, presiones y estrés, que cada poco tiempo, necesitamos parar y echar la vista atrás para ver qué es lo que estamos haciendo con nuestra vida. Y no me extraña. Siento que el ritmo de vida que llevamos en occidente no es natural, de hecho, lo es cada vez menos, siempre pegados a algún dispositivo electrónico (móvil, ordenador, televisión, relojes inteligentes, etc) que controlamos y que de alguna manera también nos controla. 

Por lo tanto, en el momento en que podemos adueñarnos de algo que nos permita empezar de cero, lo cazamos al vuelo, sea o no algo de nuestra propia cultura, como una manera de purificarse y desintoxicarse. Vivimos quizá extremadamente preocupados por dar lo mejor de nosotros mismos y afligidos ante la idea de fracasar o agobiados por nuestros tangibles fracasos personales, por lo que el nivel de exigencia se dispara, creándonos un estrés emocional difícil de manejar. Quizá en algunos momentos nos sobra autoindulgencia y, en otros, nos hace mucha falta algo de consideración con nosotros mismos.

En cualquier caso, mañana día 24 de Enero, a las 22:42 h tendrá lugar la primera Luna Nueva del año 2020. Ya será decisión de cada uno si va a suponer otro pequeño renacer personal o no.

¡Nos vemos en el próximo té!

miércoles, 23 de octubre de 2019

Deconstruyendo la infidelidad

Infidelidades hay muchas, y de muchos tipos y orígenes: infidelidad a uno mismo, a la pareja, a nuestro banco de confianza, a nuestra propia conciencia... Pero hoy hablaré de la "infidelidad" por antonomasia: la que ocurre en una relación amorosa. Comencemos definiendo un poco los términos:

infidelidad
   nombre femenino
 Falta de fidelidad que alguien manifiesta a algo o alguien

infidelidad amorosa
   nombre femenino
Cuando en una relación amorosa, uno de los dos involucrados quebranta el compromiso de exclusividad de la pareja establecido, al mantener una relación con una persona externa a la pareja, de forma ocasional o continua

Por tanto, entendemos como infidelidad una relación externa que se da en una pareja que no mantiene una relación abierta ni poligámica, sino de exclusividad. También hay que tener en cuenta que existen varios tipos de infidelidad amorosa, no solamente sexual, sino también afectiva (sentimientos por otra persona, sin realizar ningún tipo de acto sexual), puede darse a través de internet o de manera física, puede ser directa (planificada o deliberada) o indirecta (no había una intencionalidad previa, surge "sin esperarlo"), o incluso puede ser "de aprobación", para provocar la ruptura de una relación que la persona considera que ya no tiene futuro. Tras un vistazo rápido por internet, puedo leer múltiples motivos de infidelidad: 
Insatisfacción sexual, aburrimiento, necesidad de experimentar nuevas emociones, narcisismo, venganza, desenamoramiento, habilidad de conquista del tercero/a involucrado/a insatisfacción emocional, problemas de comunicación con la pareja, necesidad de amor, crisis, abandono emocional, adicción al sexo, etc.
Siempre he deducido que la persona que es infiel a su pareja, lo es por una necesidad; es decir, hay algo que falta, algo que no encuentra y necesita ser buscado fuera. Porque no es infiel quien está a gusto y satisfecho con su relación... ¿O quizá sí? ¿Es posible que haya personas que tengan una relación extraoficial pese a estar satisfechas con su pareja? 

Me aventuro a decir que sí, por ejemplo, aquellas insatisfechas consigo mismas o con problemas emocionales o de autoestima: no encuentran en su pareja actual lo que les satisface, pero tampoco lo encontrarán en su relación extraoficial, ya que el vacío se encuentra "dentro" de la persona. Puede que todos en algún momento de la vida nos hayamos sentido atraídos por otra persona que no es nuestra pareja, y eso nos haya hecho plantearnos ciertas preguntas. Dentro de nuestra relación aparentemente sana, ¿algo va mal?, ¿nos ha dejado de gustar nuestra pareja? O puede que nos ha apetecido dejarnos llevar por la novedad y la adrenalina que implica la seducción. A veces la respuesta a estas preguntas se salda cometiendo la infidelidad en sí misma, que plantea otra serie de cuestiones y problemática, incluso a nivel social.

A nivel psicológico, la infidelidad causa a la persona que la sufre un torrente de pensamientos irracionales: tristeza, ira, baja autoestima ("no sirvo para nada", "nadie me necesita", "he fracasado como pareja", etc). Da lugar a un pensamiento polar de todo-o-nada, a través del cual se comienza a ver a la pareja como a un completo desconocido/a, omitiendo los recuerdos agradables sobre la otra persona. Se altera la percepción de la otra persona y podría constituir un sesgo a la hora de reinterpretar la relación amorosa de forma holística. Pero claro, ¿es posible evitar totalmente estos pensamientos irracionales e intentar racionalizar la situación? A mi me parece que, de entrada, es mucho pedir. Se necesitaría de una educación emocional bastante avanzada.

911 Emergency...? Hello! I just killed my boyfriend (Vídeo-clip Paparazzi, Lady Gaga)

Según el psicoanálisis, la infidelidad podría ser un acto compensatorio ante la insatisfacción sexual o el desencanto en la relación, o bien una búsqueda ilusioria de libertad para evitar un vínculo afectivo profundo, o bien constituye una reacción provocada por temor a la responsabilidad que causa una relación. Sería una especie de vía de escape más o menos inconsciente.

No siempre la infidelidad causa la ruptura; muchas veces las personas valoran si les compensa más continuar su vida tal cual es, apartando la vista, para no perjudicar su estatus social, económico o familiar. Pero supongo que se crea una mella o fractura en la confianza muy difícil de ignorar. Otras parejas optan por realizar una terapia conjunta para superar ese bache: la persona "engañada" debe estar dispuesta a aprender poco a poco a confiar de nuevo en su pareja, y la persona que cometió la infidelidad debe tener mucha paciencia para que la confianza se restaure. En internet, hay numerosos artículos sobre cómo superar una infidelidad, por lo que deduzco que existe una actitud positiva ante esta situación, y algunas personas sostienen que una infidelidad puede fortalecer o salvar una relación.

Nada aclara mejor que el ejemplo, así que después de leer ciertos testimonios de personas que fueron infieles, concluyo que cada infidelidad tiene sus matices, sus razones y unas consecuencias definidas y propias, y cada individuo que vive esta experiencia lo hace de una manera diferente.

Sea como sea, todo esto me plantea numerosos interrogantes...

¿Se puede considerar infidelidad al flirteo o apego emocional a otra persona? ¿Puede la infidelidad llegar a estar estar justificada? ¿Podría constituir un elemento curativo o sanatorio, en ciertas situaciones? ¿Se puede perdonar una infidelidad? ¿Y olvidarla? ¿Podemos todos ser susceptibles de engañar a nuestras parejas? Las personas que necesitan ser infieles, ¿lo son por naturaleza o tiene que ver con problemas emocionales o patologías psicológicas? ¿Es el ser humano infiel por naturaleza? ¿Quien es infiel lo es necesariamente más veces? ¿Puede una infidelidad cambiarte la vida? Si eres víctima de una infidelidad, ¿justifica que tú también lo seas en el futuro?...

Si alguno de vosotros quiere contestar a alguna de estas preguntas, será bienvenido.

¡Nos vemos en el próximo té!


martes, 11 de junio de 2019

Cuaderno de bitácora

De vuelta. De nuevo. A mi cuaderno de bitácora, lugar que me sirve de puerto y ancla para mis pensamientos y reflexiones. Echo la vista atrás a través de las diferentes entradas y releo todo lo vivido a lo largo de estos años como si se tratara de una excursión en mar abierto.

A través de la escritura uno se encuentra con uno mismo cara a cara, con sus vivencias y pensamientos más íntimos. Se hace consciente lo que habitaba el inconsciente, visible lo que parecía enterrado. Una forma de navegar, puede que sin brújula, y encontrar tesoros escondidos en islas remotas del pensamiento. Vamos a ver si enderezamos el barco, que nos va un poco a la deriva con este viento... Quizá debería volver a empezar. 

Por muy perdido o encontrado que estés, siempre habrá un lugar dentro de ti que te aguarde con los brazos abiertos y te hospedará amorosamente. Un puerto de salida que vamos construyendo año a año, decepción tras decepción, alegría tras alegría, porque de todo se saca algo valioso y especial que vamos guardando en nuestro lugar secreto. Puede ser cualquier cosa: una idea abstracta, un libro, la música, la escritura... O un compendio de todo ello. 

Soñarás con ello cuando necesites volver, y sabrás dónde tienes que dirigirte cuando te despiertes. Allí estás solo, pero no sientes el vacío de la soledad. Te sientes arropado; es tu casa en la isla, ni muy brumosa ni muy soleada, rodeada de arena blanca y vegetación verde, donde has ido guardando todo lo que has encontrado durante el viaje. Allí despertarás de mañana y mirarás tu barco a través de la ventana, con el horizonte aún amaneciendo, imaginando todas las aventuras que aún te aguardan. Pero aún no partirás... Allí puedes reposar y llenar tus bodegas con todo lo que vas a necesitar para la próxima expedición. Se respira el ambiente dulzón del mar cuando roza la costa, tus pies aún están tierra, sintiendo la arena, mientras atesoras bonitas conchas que regala la marea, disfrutando de los colores de la puesta de sol... Pero sabes que no podrás estar allí eternamente.

Solamente cuando te sientas preparado saldrás en busca de la siguiente expedición. Y lo harás con las ganas de alguien que echa tanto de menos el mar como aquel viejo pirata que no conoce otra forma de vida. Porque en nuestro valioso puerto nos sentimos seguros, pero sólo durante el viaje nos sentimos libres.

¡Nos vemos en el próximo té!



viernes, 20 de octubre de 2017

La superficialidad

Puede que sean impresiones mías, pero cada vez noto a la gente más superficial.


Me explico. El otro día fui a un concierto de rock en una pequeña sala y, a parte de escuchar música, me dediqué a analizar los comportamientos de la gente. No lo hago premeditadamente, me sale solo. Almaceno esa información y luego la proceso casi sin querer... A veces me es inevitable percatarme de ciertos comportamientos y preguntarme, como siempre, el por qué de las cosas. 

Me fijé en que el promedio general de chicas iba muy arreglada para ser un concierto de esas características. Que muchos iban y venían varias veces de la barra a por bebidas, hablando por el camino con este y con aquella. Había algunas personas muy pendientes del concierto y otras no tanto. Otros ejecutando unos rituales de cortejo bastante extraños. Algunas personas miraban hacia atrás muchas veces, como buscando algo, y otros buscaban con quien iniciar conversación. Y por supuesto, había quienes registraban todo con el móvil, colgando una foto en cada red social.

Al acabar el concierto, todos quieren alguna de estas cosas: irse rápidamente a casa, salir fuera a fumar o pedirse otra. En los dos últimos casos, suele ir incluida la búsqueda de una conversación. Algo que aporte algo. Lo que sea. Es sutil, pero últimamente noto a la gente cada vez más desesperada por algo... pero sin llegar a saber qué es ese algo. Y es especialmente evidente cuando las personas se encuentran en esos momentos de debilidad de la noche, posiblemente por haber tomado algo de alcohol (como mínimo). Las insatisfacciones de las personas se ponen muy a flor de piel en tales circunstancias, así como las fortalezas se ven favorecidas por otro tipo de acontecimientos. Pero supongo que no es bonito preguntarnos por qué estamos tan desesperados e insatisfechos con nuestras propias vidas. Se nos nota. ¿O puede que quienes sepan más de la vida sean ellos, que decoran las partes más grises con la diversión y los placeres de la noche? Porque al fin y al cabo, sabemos que en la vida va a haber sufrimiento. 

Detecto este desencanto general en muchas otras circunstancias: en blogs en los que las personas relatan cínicamente parte de sus vidas, en cómo se dirigen la palabra las parejas que esperan en la cola del supermercado, en la mirada perdida en las barras de los bares tomando el café de la mañana, en aquellos que consultan cada dos segundos el éxito que ha tenido su foto en redes sociales... Somos superficiales porque nos hace mucho daño enfrentarnos con nuestras propias insatisfacciones. Me pregunto si acabar siendo así también forma parte de la vida, siendo un mecanismo de defensa para cuando te das cuenta de que hay cosas que ya no puedes esperar porque los desengaños han sido muy grandes. Me pregunto en qué parte del camino hemos perdido la luz, y cómo ha ocurrido.

Ni todas las capas de maquillaje, ni todos los vestidos fabulosos, ni todas las cervezas del mundo, ni todos los megusta de Facebook, ni todas las drogas de cualquier tipo podrán sustituir lo que nos falta, eso está claro, y supongo que no estoy diciendo nada nuevo. El caso es que cada vez que salgo y miro más allá de las personas, puedo ver todas estas cosas. Todo este clima oscuro. Realmente me gustaría acabar escribiendo una receta mágica que lo solucionara, pero no la tengo. Ni siquiera puedo decir que yo nunca haya pecado de superficial, pero no me apetece estar atenta en alguna barra de bar por si, de repente, encuentro la respuesta.

¡Nos vemos en el próximo té!

lunes, 6 de marzo de 2017

La vida en las cavernas

Últimamente mis días son ciertamente caóticos; no me centro. Quizá sea porque tengo demasiados proyectos entre manos y muchas ganas de desarrollarlos todos a la vez. O porque de repente veo que la vida que para mí tenía un sentido ha ido cambiando hasta estar bastante irreconocible. No es que eso me desaliente, pero inevitablemente me desconcierta, y me distrae.

Desde que tengo uso de razón, los estudios han constituido el principal motor de mi vida. Estudiar y sacar buenas notas era algo fácilmente correlacionable: si te aplicabas, salía bien y se te reconocían tus méritos. Y en verano, vacaciones y a disfrutar de la vida: amigos, pisci, familia, pueblo, helados, acostarse tarde, noches estrelladas, etc. Nadie te prepara para qué pasará cuando se acabe eso. Ahora entiendo a aquellos que sacaban malas notas y además les daba igual. Quizá porque en la vida hay otras cosas más "relevantes", y ellos, inconscientemente, eran poseedores de esta sabiduría. Que si hábito de estudio, que si lo que hagas hoy servirá para construirte un futuro el día de mañana, que si trabaja día a día... Joder, valores que yo personalmente tengo a fuego grabados en la cabeza. El problema es que no lo son todo. En serio, ¿quién te prepara para lo que viene después? Y ya no estoy hablando del momento de entrar en el mercado laboral, con sus consiguientes incógnitas vitales... Voy más allá. Estoy hablando de que incluso cuando ya has empezado a trabajar, sigues con el mismo riesgo de no entender qué estás haciendo, aunque estés haciendo algo que te llena y te gusta, algo para lo que te has preparado. 

¿Y si el trabajo no dignifica al hombre? ¿Y si estamos haciendo las cosas al revés? ¿Realmente es necesario trabajar en lo que a uno le gusta para sentirse bien? Vaya... qué sorpresa me he llevado cuando me surgió trabajo "de lo mío", y seguía igualmente desmotivada. Igual es que sigo sin poder poner mis asuntos en orden, como sabréis aquellos que habéis transitado alguna vez por este blog. Ahora que he acabado de estudiar y estoy trabajando, ahora que ya no tengo pareja después de siete años y medio, ahora que tengo menos relaciones sociales que nunca, ahora que parece que el tiempo se detiene a ratos para recordarme que sigo sin ubicarme en la vida, ahora que intento centrarme en mí misma sin llegar a conseguirlo, ahora que... Un largo ahora que...

Desde hace un tiempo pienso en cómo hemos construido nuestra sociedad, nuestro mundo... ¿cómo demonios hemos llegado hasta aquí? Toda esta infraestructura social que nos hemos autoimpuesto me parece absurda y me pregunto cómo serían las cosas si todo fuera más sencillo. Quiero decir, ¿cómo sería la vida si todavía viviéramos en las cavernas? ¿Estaríamos preocupados por todas estas cosas? Naturalmente que no... ¿o sí? ¿Estaríamos preocupados por ubicarnos en la vida? ¿O estaríamos más preocupados por encontrar alimento, cobijo e intentar no morirnos a los 35? ¿Estaríamos preocupados por nuestras relaciones sociales? ¿Qué nos hizo llegar hasta aquí? 

Pienso que hemos llegado hasta este punto por nuestra imperiosa necesidad de "mejorar" las cosas, de mejorar nuestra vida y hacerla más cómoda y segura. Desde un punto de vista evolutivo, como especie este comportamiento es totalmente comprensible (en la Naturaleza siempre se tiende a eso). Pero claro, en todo ese proceso también tuvimos que desarrollar nuestro cerebro... ¿Será nuestra inteligencia la causa de nuestros problemas? ¿Sería mejor vivir en la ignorancia, como los animales? Lo verdaderamente relevante es que, llegados hasta nuestros días, todos los demonios interiores del ser humano han aflorado y los vemos cada día en nuestras vidas, en nuestros trabajos, en los medios de comunicación, y el reflejo es que vivimos en un entorno más deshumanizado que nunca. Es intoxicante. Creo que antes, en las cavernas, se le daba mayor valor a la vida, estoy segura. Ahora parece que la vida es algo que tenemos que vivir por obligación y dentro de una serie de pautas absurdas. Por eso es un sinsentido. Quizá quienes no se lo plantean no ven que es un sinsentido, y para ellos, la vida tiene sentido. Qué paradoja. 

Entonces, toda aquella infraestructura social en la que he vivido los últimos veinte años me ha protegido relativamente de plantearme todas estas cuestiones. Pero una mente en ebullición como la mía solo estaba postergando el momento de enfrentarse a ello abiertamente. Nadie te prepara para cuando se disipa esa cortina de humo, y es entonces cuando necesitas romper con todo para ver qué misterio encierra la vida. Un poco como hizo Descartes en el Discurso del Método, empezar a dudar de todo. Ahora entiendo a aquellos pensadores griegos que se pasaban el día en túnica blanca filosofando sobre la vida... Desde que salimos de las cavernas, no nos ha quedado otro remedio.

Aquí Johnny Depp en Desde el Infierno, buscándole sentido a su vida a través de una
botella de absenta ;D