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miércoles, 10 de junio de 2020

Sueños

Soñar, ensoñaciones, soñar despierta... Ha sido muy "lo mío". Tanto, que durante algunos períodos de mi vida, "vivía" para ello. Buena parte de mis años escolares me resultaron un tedio, y por las noches, me dedicaba a desarrollar mis ensoñaciones particulares hasta quedar dormida. 

Hubo un verano que recordaré siempre, durante el cual, por circunstancias, no salí con amigos en todo el verano (la verdad, no porque yo no quisiera). Tres largos meses de verano que me pasé dentro de mis ensoñaciones personales. Mucho tiempo libre, en casa o haciendo recados con mi madre, o escuchando música. No tenía internet, solo mi reproductor de CDs y una pequeña radio a través de la cual sintonizaba Los 40 y esperaba a que sonara algún tema de Pereza. Fui muy fan radical de ellos, y por aquel entonces, aún no me había comprado ningún disco suyo.

Para mí ese verano fue como un largo sueño que consistió en sobrevivir a la situación y hacerla lo más llevadera posible. Si sonaba en la radio Pienso en aquella tarde al menos una vez ese día, me daba por más que contenta. Era el año 2006 y todos los días ponían Como lo tienes tú, Todo o Lo que tengo yo adentro. También Princesas, por supuesto. Me llevaba mi pequeña radio a pilas a todos los sitios: dentro casa, si salía a pasear, de compras... Y mi pequeño sueño era conseguir el disco Animales. El caso es que, durante ese verano, lo busqué incesantemente cada semana en la sección de CDs del híper al que iba con mi madre, pero no tuve éxito en mi contienda. 

Así que un día, ya por Septiembre, me "armé de valor" y me acerqué hasta una de las tiendas de discos de mi ciudad. De aquellas tenía solo 13 años, era muuuy tímida, y me costaba muchísimo hablar con desconocidos. El caso es que allí no lo tenían, así que decidí ir a la segunda tienda de discos de la ciudad, más céntrica pero algo más pequeña. Tampoco lo tenían, pero el chico que me atendió, super enrollado por cierto, me dijo que lo podía pedir. Y así lo hice. Saqué el dinero ahorrado de mi pequeño monedero y lo reservé. En una semana estaba.

Esos días hasta la llegada del disco estuve súper contenta. No podía creer que al fin fuera a tener el disco y además, podría escuchar más canciones de las que ya conocía (los singles). Este es un buen punto para apreciar lo poco que necesitaba para ser feliz. Para mí, aquel fue un verano tan árido y vacío que este hecho supuso un hito.

Cuando fui a recoger el disco, todo superó mis expectativas: la presentación del CD, el libreto, las canciones... Y me sorprendió mucho escuchar por primera vez la voz de Rubén en Matar al cartero. En fin... aquel verano tan extraño y triste que culminó con un momento tan mágico. Poco después me decidí también a comprar otro gran disco de mi adolescencia: American Idiot de Green Day. Sendos discos significaron un gran alivio para mi mente en aquellos momentos tan extraños de mi vida. Viajar por la música, tema a tema, aprendiéndome las letras al dedillo (incluso las de Green Day) y disfrutando de cada pequeño detalle era una manera de evadirme completamente de la realidad.

Aquel disco de Pereza supuso para mí el inicio de mi inquietud personal por la música: por descubrir más música y escuchar otros grupos, como los que ellos citaban en el libreto del CD. Me di cuenta de que quería aprender a tocar un instrumento, incluso algún día (aunque lo consideraba algo muy lejano), hacer mis propias canciones.

Años más tarde, me regalaron el primer CD que editó Pereza, en el cual, Rubén afirma en una de las canciones que "cambio horas de realidad, por minutos de ensoñaciones...". Y cuánta razón tenía. Esta semana nosotros, con mi pequeño y humilde grupo de música, editaremos nuestro primer CD cuyo título es un gran homenaje a los sueños. A nuestros sueños, mis sueños, tus sueños... Supongo que, de alguna manera, todo cobra al fin sentido.

¡Nos vemos en el próximo té!

jueves, 14 de mayo de 2020

Piratas del Confinamiento Humano

Si has venido aquí por el título, en primer lugar, me explicaré. Soy una gran fan desde niña de Piratas del Caribe (y de Johnny Depp), de póster en la habitación pedido a la salida del cine, de recorte de revista y de comprar DVD nada más salir a la venta. Quien haya visto la tercera película de la saga, En el Fin del Mundo, recordará una escena en concreto ("¡Calipso! ¡Yo te libero de tu confinamiento humano!). Total, últimamente cada vez que he dicho o alguien ha empleado la palabra "confinamiento", no podía sino acordarme del gran Jeoffrey Rush pronunciando estas palabras al viento para liberar al Dios del mar confinado en cuerpo de mujer. 

Tonterías a parte, sigamos con referencias (a Piratas) pero más serias. Hoy mismo comentábamos en familia el hecho de que últimamente la gente está viendo muchas series, y sobre todo, reposiciones. Mi madre lo achacaba al hecho de que hay "nostalgia del pasado", y mi padre, a que "la gente se aburre con cojones" (perdonad la expresión). Seguidamente, mi madre afirmó lo siguiente "Es cierto; la vida es la misma, solo que con menos alicientes". 

Sorprendente para mí esta frase dicha por ella. Si la hubiera expresado yo, habría sido evidente que era una referencia a Piratas del Caribe, pero dado que ella siempre las ha visto (hay que reconocerlo) sin demasiado interés, apuesto a que no recordará siquiera la escena. Pero aquí esta:


 - Antes el mundo era mucho más amplio...
 - El mundo sigue siendo el mismo, pero con menos... alicientes.

Y este hecho y esta casualidad me hizo pensar que, efectivamente, la vida no cambia tanto, aunque nos parezca que así es. Pienso que la Humanidad, en esencia, no va a experimentar grandes cambios, pese a todos los sacrificios y pruebas a las que se nos está sometiendo en los últimos meses. No vamos a ser ni más solidarios, ni más coherentes, ni más ecológicos, ni más responsables, ni más nada... En esencia, seguiremos siendo iguales, cada cual aprenderemos esto o lo otro, pero me declaro pesimista y prefiero no pensar que esto nos traerá grandes avances en nuestra civilización o en nuestra forma de "hacer la vida". Y efectivamente, la vida es la misma, pero ahora sí que tenemos "menos alicientes". 

¡Nos vemos en el próximo té!

lunes, 14 de octubre de 2019

Mermelada de escaramujo

Mi abuela solía hacer mermelada de escaramujo.

El escaramujo es el fruto de un arbusto del rosal silvestre. Es una baya de color rojo intenso, que cuando madura está ligeramente "blandita". Por dentro tiene unas semillas ásperas y duras, recubiertas de pelos que son desagradables al tacto en la lengua (son muy astringentes). Sin embargo, dentro del fruto maduro también hay una especie de pasta de sabor dulce y ácido a la vez, que se obtiene si aprietas con delicadeza la baya. Como cuando aprietas el tubo de la pasta de dientes. Se considera medicinal, por su contenido en vitamina C y otros antioxidantes. 

Bayas de escaramujo
El sabor es como otros frutos rojos silvestres, bastante intenso, ácido y dulce a la vez, también aromático. En parte se parece al sabor ácido del tomate, pero por otra parte no. Recuerdo que íbamos a recoger los escaramujos en este tiempo. A veces venía mi abuela también, otras veces solamente mis padres y yo, y llenábamos varias bolsas.

Los frutos apenas son de 1 x 2 cm (los más grandes), y lo más difícil es exprimir esa especie de pasta que contiene la baya sin sacar los titos ásperos. Hay que apretar con cuidado. De cada escaramujo apenas se obtiene un hilito de esa pasta dulce. ¿Cuántos kilos de bayas se necesitarán para hacer apenas un tarro de esa mermelada? No tengo ni idea, pero me aventuro a decir que al menos un par de ellos.

Recuerdo la paciencia con la que mi abuela extraía el jugo del escaramujo, baya a baya, en las tardes de otoño. Una infinita paciencia y cuidado para extraer lo mejor de algo que, desde luego, te lo pone muy complicado, tanto en calidad como en abundancia. 

Supongo que de eso trata también la vida, de ir aprovechando todo lo que te ofrece. Mi abuela también hacía otro tipo de mermeledas, más "agradecidas", más fáciles. Pero también le gustaban estos retos. Le gustaba porque para ella significaba extraer todos los valiosos nutrientes de la baya de escaramujo en un tarro de mermelada, para que endulzáramos nuestras mañanas y a la vez aprovecháramos todos sus beneficios. 

Mucho más sencillo es hacer los escaramujos en infusión, pero sabe más amargo que una mermelada.


¡Nos vemos en el próximo té!

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Instantes de felicidad

Recuerdo aquellos días oscuros, hace ahora un par de años, en los que acompañaba a mi madre al pueblo la mayoría de fines de semana. Allí tienen un pequeño negocio local, en un pueblo pequeño a sesenta kilómetros de una pequeña ciudad. Y en este tiempo, cuando los días cada vez son más cortos, todo se antoja más pequeño... aún. Recuerdo el camino iluminado por la tenue luz de las mañanas de noviembre, de diciembre, de enero, de febrero... El final del otoño y lo más crudo del invierno se hace especialmente duro allí: el frío y la niebla lo empañan todo, deteniendo la vida del lugar. Algunos sábados no veíamos a nadie por la calle, pero había que atender las labores del trabajo.

Mi padre comenzó a trabajar en la ciudad, por lo que mi madre debía ir sola allí. Siempre hemos sido una familia bastante unida; creo que por eso sentía una especie de necesidad de estar con ella en esos momentos, en ese invierno del año y de la vida. Recuerdo ir por esas carreteras que hemos transitado tantas y tantas veces (y seguimos transitando), flanqueadas por encinas y piedras de granito, pastos intentando reverdecer, riachuelos recuperando su caudal... Lo recuerdo todo azul y gris, como aún hoy lo veo a veces.


Nos montábamos en el coche y poníamos música. Estuvimos escuchando The Last Ship, durante varios fines de semana seguidos, mientras surcábamos las carreteras del oeste, como diría mi madre. Aún hoy escucho las canciones y me retrotraigo a esos momentos. A ese invierno tan crudo, descarnado... y cruel. Pero también benévolo, porque encontrábamos la felicidad en las pequeñas cosas, como siempre se dice que se debe hacer. Analizando una canción, observando los cambios en el jardín de nuestra casa, comentando algo que hubiera pasado aquella semana, disfrutando de los pocos rayitos de sol que regalaba el mediodía... "Vaya voz pone Sting en esta canción... parece un verdadero lobo de mar...",  "Pues ahora cuando lleguemos a ver si están los gatos a recibirnos", "Oye, hoy podemos tomar el té al sol, que parece que no va a hacer mucho frío... ¿Qué infusión te apetece? ¿Un Earl Grey?". Pues eso, pequeños momentos. Pasábamos una y otra vez las canciones por el reproductor. Supongo que nos sentíamos identificadas con el ambiente frío y solitario del disco, con ese aire de mar y libertad que nos trasladaba, y con la calidez de la voz de Sting como contraste a todo ello. Supongo que eso, también, nos reconfortaba.

Al final del día nos sentíamos bastante cansadas aunque no hubiera sido demasiado el trabajo realizado. El frío y la humedad también agotan. Las últimas horas las pasábamos con el radiador encendido, la música puesta y con mucha oscuridad en el exterior. Y como siempre, llegaba la hora de cerrar y recogerse de nuevo, cargar el coche, despedirse de los gatos y, encogidas de frío, emprender la vuelta a casa, encender la calefacción y volver a escuchar el CD por el camino.

  -   Jobar mamá, ¡es que en este disco Sting ha tocado todos los estilos de música!
  -   Es que Sting es música, siempre lo he dicho...

¡Nos vemos en el próximo té!


viernes, 24 de marzo de 2017

El por qué de las cosas

(Está sonando: Another Sunny Day, de Belle & Sebastian)

No soy La Chica del Té porque no supiera qué nombre ponerme. La verdad es que para mi el té es inspirador. Siempre escribo aquí mientras me tomo mi Earl Grey, y suelo publicar en torno a "la hora del té" (las tres, las cuatro, las cinco de la tarde...); al menos la hora a la que yo me lo tomo. No suelo ser muy puntual británica, a veces simplemente me adelanto.

Desde siempre he tenido que saber el por qué de las cosas para entenderlas, y ahora que me pregunto el por qué de ciertas cosas que han ocurrido en mi vida, empiezo a entenderme. Ayer, hablando con mi madre, me di cuenta de que es una persona de contradicciones. Un poco como yo... un poco como todos, me parece. Me dijo que le da miedo que pase mucho tiempo en internet leyendo blogs, porque aquí contamos muchas tonterías y nos realimentamos unos a otros. Ella no sabe que escribo aquí (bueno, no lo sabe nadie), así que tampoco pude decirle que estaba en total desacuerdo con ella, y que si no hubiera escrito en este blog probablemente me hubiera vuelto loca. 

El caso es que, según ella, la vida no es tan complicada ni hace falta plantearse tanto las cosas: naces, tus padres te procuran la mejor educación posible, luego te intentas ubicar en la vida, trabajas, te asientas, etc. Me hizo gracia eso de "te intentas ubicar", porque es como si hubiera querido resumir un libro bien gordo en una sola frase: Te ubicas. Le intenté dar a entender que las cosas no son tan sencillas, que uno no puede pasar por la vida sin replantearse ciertos aspectos de ella, y al final me acabó confesando que tenía que comprenderla. Me dijo "tienes que entender que yo tengo un trauma ahí". Me sorprendió mucho que me dijera eso y le pregunté por qué; a veces las cosas más evidentes me resultan invisibles. "Pues por mi hermana; cuando se empezó a replantear tantas cosas fue cuando empezó su fin". 

Mi tía siempre fue una persona muy especial; tenía una enfermedad que la obligaba a medicarse cada día y que, por aquellos años, era una enfermedad cruel (aún lo sigue siendo) y complicada. Entre la delgada línea entre "estoy enfermo" y "soy una persona normal". Los años que la conocí estaba en esa etapa: en la filosófica, como yo suelo decir. Siempre la oía hablar de cosas que me parecían muy etéreas e intangibles, de la vida contemplativa y de espiritualidad. Leía muchos libros y siempre me pareció que nadie de nuestra familia la entendía. Yo tampoco, pero es lógico, era una niña. Nunca había sabido por qué se separó de su marido (en teoría, estaban felizmente casados); según mi madre, mi tía se empezó a plantear muchas cosas y pensó que él permanecería impasible e inalterable. Pero no fue así, entonces decidió separarse, porque no se sentía comprendida.  Y luego, al parecer, se arrepintió y pensó que podrían volver. No sé, no tengo muchos más datos. De la biografía de mi tía hay muchos capítulos que no se han hablado o que se han contado por lo bajo. Creo que por miedo.

Después de eso comenzó una andadura un tanto extraña en la vida de mi tía. A todos les tenía escandalizados. Cogía y dejaba trabajos, donó (casi) todas sus pertenencias, salía con chicos peculiares, se hizo vegetariana... Pero lo que más preocupaba a todos es que no se medicaba cuando tenía que hacerlo, lo que la acabó llevando a urgencias en más de tres o cuatro ocasiones (al menos las que yo recuerdo). Ella sostenía que no se sentía enferma, que ella no tenía ninguna enfermedad. Bueno, eso cuando se lo dices a un médico, te manda un volante al psiquiatra. Y de ahí al psiquiátrico. Diagnósticos, etiquetas, habitaciones con sábanas blancas, pasillos interminables, rejas en las ventanas y ese tipo de cosas. En realidad, para no sacar nada en claro. Nada se solucionó dentro de su cabeza; yo diría que ella, consciente de la mella que estaba causando en la familia, decidió darnos a entender que todo estaba correcto. Justamente cuando parecía que su vida estaba más o menos encarrilada (nuevo trabajo, medicación al día, piso nuevo), su corazón decidió que no podía con el exceso de todos los años anteriores, y falló una noche mientras dormía. 

Por eso a mi madre esta idea de pensar en la vida le da tanto miedo. Y todo esto fue porque yo le comenté una de las cosas que me había dicho mi ex-novio el otro día: "De lo único que me arrepiento es que haberme asentado tan pronto... de relajarme". Y de repente mi madre dije "¡Claro! Si eso ya lo sabía yo... Eso lo llevaba viendo años y años, pero claro, yo no te podía decir nada. Es que eso de que nunca quisiera salir de casa contigo, que siempre se acostara tan pronto, que le costaba mucho hacer alguna cosa contigo... Normal, ahora se arrepiente". Flipé bastante y le dije "Pues es eso mamá, ¡ahora me entiendes! Yo también llevo años pensando en ello, con esa frustración, pensando ¿esto es lo que me espera el resto de mi vida? Que vale que es un chico muy majo, muy atento, educado, trabajador, amable, cariñoso... Pero para mi había muchas cosas que faltaban."

Por primera vez sentí que mi madre me entendía. Siempre he notado que estando con él se me cortaban mucho las alas en ciertas cosas que para mí eran relevantes; pero no porque me prohibiera hacer cosas ni mucho menos, sino por su forma de ser. No le hago culpable, pues tiene otras muchas virtudes, pero en ese punto yo era incompatible con él. Supongo que esto trata de ver qué cosas estás dispuesto a aceptar de la otra persona, qué partes de ti no estarás dispuesto a desarrollar, simplemente porque con la otra persona sabes que eso no va a ser posible. Se trata de eso supongo, y del cortocircuito neuronal que me causaba pensar que mi vida sería así para siempre, que habría muchas cosas que no iba a poder conocer de mí misma... con él. Llevo años dando vueltas a esta idea, hasta que he decidido que no voy seguir con esas frustraciones a mi espalda. 

Y claro, llegados a este punto entiendo por qué mi madre está tan preocupada conmigo. Porque ve que no me motivo con nada, que me levanto sin ilusión por las mañanas... Supongo que en cierta manera ve a su hermana en mí. Pero yo encuentro muchas diferencias entre mi tía y yo. Aunque en realidad, ¿en qué nos diferenciamos unos de otros, metafísicamente hablando? En la forma de pensar, diría yo. Y últimamente sostengo que cuanto más te planteas las cosas, más riesgo corres de ser infeliz por no encontrarle sentido a tu vida. Pero no soy una derrotista ni una pesimista; si he tomado esta decisión es porque quiero ser más feliz de lo que era, porque no quiero volver a sentirme frustrada de esa manera. ¿Sería también el mismo motivo por el que mi tía tomó su decisión inicial de romper con todo? No lo sé... Pero en fin, supongo que ahora soy más consciente del riesgo, y de por qué a mi madre le crispa tanto que pase tanto tiempo "en internet". Ya le dije que tampoco estaba encontrando apoyo en mis amigos, así que me estoy dedicando a escribir, tocar la guitarra, dar paseos por el río, leer poesía y ese tipo de cosas bohemias. Simplemente, espero no estar liándola con tanto pensar. Simplemente quiero saber el por qué de las cosas, como siempre he hecho.

¡Nos vemos en el próximo té!