miércoles, 11 de febrero de 2026

Lista de lectura

Es un día perfecto para escribir por aquí. Afuera, lluvia y viento. Dentro de casa, estamos resguardados, calentitos y con un té recién preparado. Podríamos decir que esto es un lujo.

Hace mucho que no publico, aunque me paso por aquí frecuentemente a leer algunos blogs de mi "Lista de lectura", y a hacer intentonas de escribir un post. Sin embargo, he vuelto a la vorágine de la vida que me impide pararme a reflexionar todo lo que quisiera, y no digamos, escribir. El tiempo se ha convertido en un activo de gran valor.

He entrado en una etapa de la vida en la que el trabajo consume mucha de mi energía diaria. Echo la vista atrás, y me da rabia, porque antes podía dedicar más tiempo y energías a tareas que me reportaban cosas positivas, como escribir, hacer canciones, manualidades, investigar sobre cosas de astrología... O dedicar el tiempo a lo que me diera la gana, vaya. Ahora ya no es así. Añoro aquella época, en la que sacaba tiempo cada dos semanas para ir al "filocafé", una especie de tertulia filosófica que se realiza en la Biblioteca, en la que se nos asignaba un tema sobre el que teníamos que documentarnos y que luego debatíamos. Ese tipo de cosas mantenían mi mente más, no sé como decirlo...  ¿despierta? Ahora todo se centra en trabajar y llegar con las energías suficientes a casa como para hacer la cena y recoger un poco la casa.

Por otra parte, en aquella época también estaba deseando tener más volumen de trabajo para no estar siempre sin blanca, porque esa era la realidad. Supongo que son dos caras de una misma moneda, ¿o es que soy yo, que lo veo así? ¿Es posible tener tiempo suficiente para dedicar a lo que tú quieras y, al mismo tiempo, gozar de una economía solvente y holgada? Muchos gurús de internet así lo venden. Es una especie de "nuevo emprendimiento" que te permite ganar dinero y desarrollarte como persona al mismo tiempo. Un trabajo que no te consume hasta el último ápice de sangre y que incrementa tus ingresos. Sinceramente, no sé si ese equilibrio es posible. Al menos no fácilmente, ni es accesible para todo el mundo. 

Llevo un par de años tratando de encontrar el centro en este sentido, dedicar tiempo a lo que me gusta, pero en lugar de coger la guitarra o ponerme a escribir, muchas veces me veo envuelta en la trampa de las redes sociales. Horas vacuas de pantalla. También es verdad que, hace unos pocos años, el acceso a las redes no era tan masivo, al menos por mi parte. De hecho, la blogosfera me parece un espacio que respeta mucho más los "biorritmos": abres la web, lees algunas cosas, te tomas tu tiempo para escribir... No sé, es otro rollo. En la red social supongo que tus publicaciones pueden llegar a mucha más gente, pero el precio a pagar es que te quedas "enganchado" viendo vídeos que, o bien no te aportan nada, o en el caso de hacerlo, se te van a olvidar a la media hora. Por no mencionar la irrupción de la IA, que muchas veces no sabes si lo que ves/escuchas/lees son creaciones de las inteligencias artificiales, o hay alguien al otro lado. Eso me desconcierta y me desmotiva cada día más.

Si hay algún lector/a por aquí, llegados a este punto pido disculpas porque el contenido del post es bastante descafeinado. Igual he vivido y reflexionado demasiado poco en los últimos meses. Aquí voy destilando ideas, pero esta vez parece que no hay demasiado que rascar. Creo que la vida nos está anestesiando, entre la exigencia de los horarios y obligaciones diarias y la manía de meternos al móvil a terminar de freír nuestra atención. Leí un post (como no, en alguna red social), que decía que hace años escapábamos del mundo a través de internet, y ahora escapamos de internet reconectando de nuevo con el "mundo real". Vamos, que pasamos más tiempo viendo pantallas que prestando atención los baldosines de la calle, o a los árboles de las aceras. O escuchando al que tenemos al lado. Ahora hay una oferta creciente de talleres de cerámica, floristería o manualidades, con tal de reconectar con personas y olvidarse del móvil una hora al día.

Queridos/as, ya con el té a la mitad os digo que no os puedo prometer profundas disertaciones que plasmar por aquí. Lo que sí que os aseguro que trato de seguir viendo el mundo de la manera más poética posible, aunque cada día me cueste más. Pero siempre hay detalles que te hacen volver a creer en el ser humano, y en la vida en general. Me voy a darme una vuelta por mi lista de lectura.

¡Nos vemos en el próximo té!

jueves, 9 de octubre de 2025

6 habitantes por kilómetro cuadrado

A mediados de agosto nos fuimos de vacaciones cruzando España de norte a sur. Salimos de noche con la amenaza y el horror de los incendios desatados en mi provincia, pasamos de madrugada por Jarilla, presenciando desde la autovía las implacables lenguas de fuego que devoraban la sierra, y llegamos a la costa de Andalucía al amanecer, como si hubiéramos aterrizado en otro mundo. En otro universo. El mediterráneo estaba en una calma absoluta, acompañado por los surrealistas colores rosáceos y anaranjados del amanecer. Pasé los primeros días hiperconectada al móvil y las noticias, siguiendo la situación que había dejado atrás. Dos semanas después, cuando regresamos tras el descanso estival, nuestra ciudad nos daba la bienvenida con un cielo cubierto de humo y cenizas que se había arrastrado por el viento, atravesando kilómetros de distancia. Una imagen similar a cuando Frodo y Sam se van aproximando cada vez más a Mordor.

Ayer acabé un libro que profundiza en la situación que vivió mi provincia durante los incendios de la Sierra de la Culebra en 2022. No soy muy de leer, (de hecho creo que es el primer libro que leo completo en varios años), pero desde que oí hablar de él, supe que tenía que meterme de lleno en el tema. Palabra tras palabra, el autor va analizando las causas que llevaron a que aquel año se quemaran más de 60.000 Ha en la misma provincia en el lapso de un mes, cobrándose vidas humanas, destruyendo pequeños negocios, cargándose la biodiversidad de la zona... Se habla de despoblación, de cambio climático, de dejadez política, del hastío de los ciudadanos que aquí residen, de los bomberos forestales, de las condiciones lamentables en las que trabajan... 

Lo peor de leer y reflexionar sobre todo ello no es ser consciente de la situación en la que estamos a nivel político y demográfico, a nivel personal y social, sino el hecho de saber que este verano hemos vuelto a vivir una situación igual de infernal en la provincia con los incendios que han quemado buena parte de Sanabria y La Carballeda, extendiéndose a León. Después de esos incendios de 2022 se habló, se analizó, se prometió... Se "hicieron" tantas cosas que al final, tres años después, la tragedia se ha repetido. Todo esto es... ¿cómo decirlo? ¿desolador? ¿desesperanzador? Te abre un agujero en el estómago que no sabes hasta dónde llega.

Es cierto que mi generación y la anterior nos hemos criado con ese lema de "estudia y marcha, que aquí no hay nada". Cuando comenzábamos a decidir qué íbamos a hacer una vez acabáramos la ESO o el bachiller, mis compañeros solían repetir ese mantra. Que si tal carrera o tal otra no tiene salidas. Que si en Madrid, que si en Reino Unido, que si acá o allá. Nunca aquí. Años después, una vez comencé a trabajar y ejercer mi profesión en mi ciudad, algunas personas reaccionaron con desilusión al saber que "no había salido fuera" y me había quedado aquí. Como si fuera algo poco digno o de personas que se esfuerzan poco. 

El mes pasado estuvimos en la boda de una amiga mía en Galicia, y parte de su familia es de mi barrio. Uno de ellos me decía "sois la resistencia, los que os quedáis sois la hostia". Y acto seguido presumía de su sueldo en la ciudad en la que residía actualmente y nos invitaba a emigrar. No sé qué clase de solución habrá a la despoblación, dadas las circunstancias a las que hemos llegado, pero la perspectiva vital que nos han inculcado, las ambiciones personales y las concepciones sociales sobre "hacer esto o lo otro" con tu vida creo que son determinantes. Faltan oportunidades, sí, pero también han faltado otras muchas cosas.

Ahora parece que hay una corriente sobre "volver", dar valor al medio rural y tal... No sé. Ojalá. Enmarcado en el paradigma de los conflictos de política exterior, lo aquí pase a los 5 ó 6 habitantes por kilómetro cuadrado que hay en estas zonas, poco importa. Mientras, los que aquí quedamos, luchamos contra las vicisitudes del día a día, con los sueldos justos y las pocas oportunidades de las ciudades pequeñas, con el miedo en el cuerpo de que el horror de los incendios se desate de nuevo en tu pueblo, con la incertidumbre de no saber qué te tocará vivir...

Digamos, de aquí a 20 años, ¿Cómo será mi pueblo? ¿Cómo será mi ciudad? ¿Quién se quedará? ¿Quién se ilusionará con esta tierra? ¿Quién luchará? De momento, esos 6 habitantes por kilómetro cuadrado que figuran en la estadística comparten la sensación de resignación y la aceptación de una realidad que se les lleva años echando encima. Hay quien se acomoda porque, a decir verdad, probablemente ya haya librado suficientes batallas, y quien aún resiste y trata de vencer al gigante de la despoblación a base de pasión por la tierra.

¡Nos vemos en el próximo té!

martes, 30 de septiembre de 2025

"Arte" artificial

Y digo yo, ¿en qué clase de mundo vivimos que estamos dejando que la IA se apodere de las creaciones que vemos y escuchamos? No solo está dentro del móvil o el ordenador, se cuela en la cotidianeidad de nuestras vidas, en las marquesinas de los autobuses, en los carteles que anuncian la feria taurina de nosedonde cuando vas a comprar la barra de pan a la tienda de barrio... Y ya se sabe que hay empresas (o quien sea) programando IAs para crear canciones y álbumes de bandas que son puramente IA, para conseguir escuchas en Spotify. Acojonante, la verdad. 

Mientras tanto, aquí estamos los humildes creadores del, ya no diremos del underground, (porque en esa categoría ya se engloban bandas de renombre que no consiguen cifras obscenas de reproducciones), diremos más bien del under-underground, con nuestros 4 oyentes semanales en Spotify y nuestras buenas horas echadas a la hora de componer, arreglar, grabar y editar nuestras canciones. Gastando tiempo, recursos y sobre todo, dinero para grabar en un estudio con el que te asegures sonar lo mejor posible. Si hablamos de los artistas gráficos y fotógrafos... Su negocio se ha ido a la porra en tiempo récord. Me parece una vergüenza que ayuntamientos y empresas sigan utilizando IAs para generar imágenes y no tener que pagar los derechos de una foto o contratar a una persona que les diseñe el cartel de las fiestas de su pueblo. ¿Cómo somos tan estúpidos?

Ayer se abría este mismo debate en redes sociales porque el actual ministro de Cultura hablaba sobre legislar para poner limitaciones a la IA: por una parte, quieren que la IA no pueda sustituir nunca el trabajo de un creador y por otra, que los modelos de lenguaje no puedan ser entrenados con obras protegidas por derechos de autor sin remuneración y sin la autorización expresa de los creadores. Me parecen cosas razonables, aunque estamos llegando tarde para eso. Bueno pues en ese vídeo, los comentarios iban en sentido... "sí, regular y prohibir para cobrar derechos!". Y yo pregunto, ¿qué problema hay con los derechos de autor? ¿No puede un artista cobrar por su trabajo? Desde luego que podríamos entrar a debatir acerca del ínfimo margen económico que dejan las escuchas en plataformas de streaming... ¡pero al menos dejan algo! Pero que se utilicen mis canciones para alimentar a una IA, o bien que utilicen la voz de un artista para los fines que sea... ¿por qué eso es lícito? ¿Es que las obras, por el hecho simple de "estar en el mundo", ya pueden ser automáticamente utilizadas por la IA sin que su creador pueda hacer nada por evitarlo? 

Igual nadie va a utilizar mi voz para que una IA cante una canción, pero me jodería mucho que así fuera. Porque es mi voz. Punto. ¿Por qué tiene que estar mi voz cantando lo que a un pavo/a le dé la gana? ¿No nos damos cuenta del peligro que reviste? ¿De la vulneración de derechos? Por otra parte, que se estén creando canciones por IA para generar escuchas también me parece deleznable. Estamos banalizando el proceso creativo, algo que es propiamente humano y que las máquinas solamente son capaces de "replicar". ¿Hasta qué punto una canción generada con IA es una creación real y no una replicación de multitud de patrones? El sentimiento o la necesidad de "crear algo" surge del ser humano, de sus vivencias, de su talento, de su trabajo, de su tiempo... No del apremio de crear otra canción más para generar dinero. Ahí no hay un fin creativo, sino puramente económico.

Si no ponemos freno a esto, en muy pocos años lo único que vamos a escuchar en las radiofórmulas son canciones creadas por IA. Canciones creadas por una máquina: el colmo de la obscenidad de esta industria. De este mundo. Donde incluso se quiere y se desea que el trabajo de un artista pueda ser sustituido por el que una máquina para maximizar el beneficio económico. Está claro que al capitalismo nunca le han interesado demasiado los artistas, y muchos de los trabajos artísticos que vemos y escuchamos se han concebido de manera paralela a otra actividad profesional que sí funcione como fuente real de ingresos. Tampoco es lo suyo, pero ha sido una realidad con la que los artistas han convivido años y años. Ya no solamente hablo de aquellas personas, que son muchas, con vena artística que desarrollan su actividad creativa en sus ratos libres y no tienen mayor pretensión que la de disfrutar del proceso... Hablo de muchos artistas cuyo mayor deseo es dedicarse profesionalmente a vivir de sus creaciones y no pueden, y con una gran aceptación de la realidad en que vivimos compaginan su actividad artística con un trabajo que paga las facturas. En este contexto, la IA es la estocada final.

Lo que más me entristece es que este nuevo contexto se acabe normalizando y las futuras generaciones no sientan la necesidad de crear una canción, de aprender a tocar un instrumento, de pintar o dibujar... Que no sientan la necesidad de crear, y la humanidad acabe siendo una máquina productiva, sin inquietudes vitales que solo vive para producir, no vive para vivir. Es decir, ¿al final quién va acabar siendo la máquina?

La única esperanza es que siempre puedan quedar algunas mentes inconformistas que se resistan a doblegarse ante ese paradigma árido y devastado, y sigan sintiendo esa necesidad de expresar. Que sigan sintiendo, en definitiva.

¡Nos vemos en el próximo té!


miércoles, 17 de septiembre de 2025

Rutinas

La vuelta a los horarios y los quehaceres me está costando más que nunca. He llevado muy bien las tres semanas de, digamos, "vida contemplativa" que he tenido el privilegio de vivir entre agosto y primerísimos de septiembre.

Ya no quiero volver a las cosas que me hacen sentirme mal conmigo misma: ese aspecto de la vida que has aceptado que "tiene que ser así" y no queda otra, que te cuesta más de lo que debería o que sientes que no fluye con facilidad y exige un gran esfuerzo por tu parte. ¿Será que me estoy haciendo una "floja"?

El caso es que volver a levantarme pronto me ha costado muchísimo durante dos semanas, en las que el despertador ha formado parte de mis sueños durante los 20 primeros minutos de comenzar a sonar. Me apetece ordenar cosas en casa, limpiar... Empezar a tener claridad mental comenzando por tener el espacio de la casa organizado y visualmente libre de "ruido". Es lo que más me motiva a la acción durante estos días, mucho más que el propio trabajo. Eso y saber que llega el fin de semana y puedo liberarme de nuevo de los horarios y quehaceres varios y puedo dedicarme a lo que me pueda apetecer. Que tampoco es que sea precisamente "no hacer nada", sino tener otro tipo de actividad más presente y disfrutada.

Ayer di un gran empujón al trabajo pendiente porque tenía muchísimo acumulado, y acabé con un dolor de cabeza tremendo. No creo que fueran más de 3 ó 4 horas seguidas de trabajo al ordenador, pero fue suficiente para levantarme una especie de jaqueca. ¿Es mi cuerpo diciéndome que me lo tome con aún más calma? 

Por otra parte, estoy empezando a valorar seriamente limitar noticias y pantallas, ir abandonando la hiperconectividad como idea para recuperar algo de energía y tener más claridad mental. Estamos metidos en una vorágine de conexión constante que no favorece estar en sintonía cuerpo y mente. Es más, creo que cuantas más horas de pantalla y vídeos random recibo, menos ganas y capacidad de resolución de problemas tengo. ¿O será al revés? ¿Que evito resolver ciertas cuestiones metiéndome al móvil a ver si me distraigo?

Qué mundo absurdo vivimos... No creo que sea la única que está en esta tesitura. ¿Pero por qué esta vida, tan surrealista? No sé si vivíamos mejor antes, probablemente en ciertos aspectos vivir era más sencillo, aunque no creo que todo lo de antes sea mejor. Pero estar menos conectados era mejor idea que el planteamiento de vida que tenemos actualmente. La verdad que con el móvil para llamadas y mensajes cortos y el messenger en el ordenador ya valía, ¿no? Ahora llevamos el aparato a TODAS partes. ¿Cómo ponemos límites a eso?

Sé que en cierto modo esta es una entrada de lo más insulsa. Y algo falta de sustancia. Pero últimamente me encuentro divagando muchas veces sobre la idea de hacer algún tipo de retiro o vivir en el pueblo, atendiendo el jardín, paseando por el campo, cocinando tranquilamente sin prisas... No es viable para mí actualmente, pero no deja de ser una idea atrayente. De momento trato de hacerlo el fin de semana; el último reducto del Homo laboralis en el que puede disfrutar de su vida tal y como fue concebida, es decir, manejando el tiempo a su deseo.

¡Nos vemos en el próximo té!


martes, 29 de abril de 2025

Encuentros

Al principio pensé que ya se me había acabado la tarifa de prepago. YouTube se paró y no reiniciaba. Me quedé a mitad del último disco de Leiva que me había animado a escuchar, muchos años después de desconectarme de su carrera en solitario. Estaba en otra ciudad, llegando a la Universidad a impartir algunas clases. Un semáforo que no va, pues vaya, un poco raro. El hall de la facultad a oscuras, corrillos por aquí y por allá, el conserje cruzando el amplio recibidor... Un día como otro cualquiera, pero parcialmente a oscuras.

"Se ha ido la luz" será la frase más repetida en el día de ayer. "¿Y ahora qué?" Será la frase que más se haya pasado por la mente de todos. Mientras, los residentes en la Península Ibérica esperábamos bastante pacientemente a que volviera la electricidad, mezclando conversaciones sobre conspiranoias con política exterior. Todo con humor. Todo con bastante calma. Una hora y media después del apagón, decidimos suspender las clases previstas para la tarde. A las 14:05 h salíamos a ver "dónde se podía comer". 

Un día tan soleado que aparentemente nada hacía sentir que estuviera teniendo lugar una emergencia nacional. Los coches circulaban por las calles alrededor de la facultad con bastante fluidez, permitiendo el paso a peatones, parando en los cruces... Los supermercados estaban cerrados, luces apagadas, y el personal esperando en la puerta "a ver qué hacemos". Nosotras entendimos que no íbamos a poder comprar ni una ensalada Florette para comer. 

Más adelante en la acera, un bar tenía parapetado a la puerta la pizarra con el menú del día. Nos asomamos tímidamente al local, medio a oscuras, y vimos algunos clientes comiendo unas judías verdes con patatas. "Vaya, pues parece que dan de comer". Entramos y el amable hostelero nos dijo que podía darnos menú del día; "Hasta donde llegue el gas". Tenían bombona. Pues comimos bastante bien oyga, caliente y todo. Y unas fresas con nata de postre. Mientras, el personal del bar hacía "el milagro de los panes y los peces", sirviendo raciones cada vez más cortas de baguette. "Hoy estamos así", decían con media sonrisa nerviosa. Pagamos con nuestro dinero en metálico, y ya en la calle, pese al palpable nerviosismo de mi compañera por ver "qué comemos hoy, que ni he ido a comprar" con dos niños y demás, comentó que podíamos dar las gracias, que habíamos comido muy bien y hacía un día estupendo.

No creo que sea un milagro, ni una coincidencia. Las personas responden. La ciudadanía funciona. De vuelta a mi ciudad, coincidí con un matrimonio de Tordesillas con el que compartí una conversación en la dársena, iniciada por mi pregunta de si "los buses llevaban las frecuencias de siempre". Algo que no hubiera ocurrido con móviles. A mi regreso a Zamora a eso de las 17:30 h, ya había vuelto la luz. La gente estaba en las terracitas, tomándose algo tranquilamente. La policía municipal estaba a la puerta del cuartel, brazos en jarras, mirando al tendido... comentando la jugada, imagino. Los semáforos ya estaban en funcionamiento.

Mientras tanto, un amigo que trabaja en Madrid se las veía y deseaba para volver a Zamora en el AVE. Tarea imposible, por supuesto. RENFE les cerró los baños de Chamartín. No llevaba efectivo y no se pudo comprar ni un botellín de agua, todo eso mientras la policía amedrentaba innecesariamente a los viajeros. Nadie les prestó asistencia en esas primeras horas. En términos generales, comentaba que en la estación la mayor parte de personas mantuvieron la calma y muchos se reorganizaron para ayudarse unos a otros a volver a su destino, de una u otra manera. "Pagas tú el taxi y te hago un bizum". Su historia de regreso a casa, de rocambolesca y angustiosa, da para una mini-serie, ya le he dicho. 

Sin saber causas, ni posibles consecuencias de esto, lo único que siento es que vivimos tiempos inciertos. Y ante tal panorama, lo último que podemos hacer es quedarnos solos y seguir siendo unos individualistas pegados al móvil. A la luz de lo vivido ayer, observando cuál ha sido la reacción de las personas ante tal magnitud de incertidumbre en los momentos más críticos, no todo está perdido, pienso

¡Nos vemos en el próximo té!



jueves, 13 de febrero de 2025

Good luck, babe

En los últimos días estoy como muy metida en la música de Chappell Roan. Ha sido un poco crush. Hay un tema que suena en mi cabeza hoy y que me ha hecho recordar una pequeña historia. Ha sido gracioso darme cuenta de hasta qué punto he estado embebida durante los últimos meses en los quehaceres laborales como para que se me haya pasado por alto el relatar por aquí una de las cosas más curiosas que me han sucedido el año pasado

Normalmente, cuando está mercurio retrógrado vuelven a tu memoria, a tu día a día, a tu cotidianeidad, personas, tareas y situaciones que se quedaron pendientes en su momento. Que, por lo que sea, siguen esperando su momento cósmico para resolverse

En su día dediqué por aquí muchos posts (y unas cuantas canciones) a un chico del que me enamoré. Ahora con el tiempo, me siento incluso un poco avergonzada por cómo se desarrolló todo, y el tipo de "historia" que tuvimos (sorpresa, sorpresa, no pasó n.a.d.a.). Quizá todo ocurrió en mi cabeza, (quizá no, porque yo "algo" notaba). El caso es que la sangre llegó tan al río que dejé a mi pareja de aquel entonces por lo que podría pasar con él. Tampoco es que me arrepienta, pero fue una época que recuerdo con un cierto grado de sufrimiento y mucha desorientación. 

Esta persona se fue a trabajar a otra ciudad y podríamos decir que entre nosotros no quedó un atisbo de amistad ni nada parecido; no había demasiada comunicación por su parte. Entendí el asignment: te vas, vale, pues te vas, adiós muy buenas y ya me comeré yo toda la movida mental como buenamente pueda

No me voy a detener mucho en los devenires y detalles; digamos que, en ese medio tiempo, comencé una nueva relación, rehíce mi vida, como se suele decir, y empecé proyectos vitales nuevos que me han ido llevando hasta donde estoy hoy. Y en ese medio tiempo también, de vez en cuando se ha ido colando en mi cabeza su recuerdo, con mayor o menor frecuencia, con mayor o menor intensidad... Un año después de irse me escribió para decirme que yo era una persona muy especial o algo así... No recuerdo muy bien sus palabras, pero yo ya estaba en otro momento y bueno, no me apetecía remover. Alguna vez me lo encontré por la calle de pasada o me salía en YouTube un vídeo suyo de estos caseros que sube de tanto en cuanto. Ha ido yendo y viniendo, un poco como el Guadiana. Un poco al hilo de mercurio retrógrado.

Unos días antes de la última retrogradación de mercurio del año pasado, volvió de nuevo. Como él no tiene rr.ss., estas cosas suceden de las maneras más inesperadas. ¿Cómo fue esta vez? Me saltó una publicación que alguien compartió en Instagram: un vídeo de él en Pasapalabra. 

Vaya, vaya... Un poco de mini-infarto por aquí, otro poco de estupefacción por allá... ¿Cuántas formas tiene de volver? ¿Se acordará él también de mí? Son algunas de las preguntas que me vienen a la mente de manera automática. Aunque sé que la respuesta da igual y que probablemente todo esto sea cosa mía y de mi percepción de las cosas, me pareció casi poético el hecho de que muchos años después de aquello vuelva a resurgir porque sale durante unos días en la tele nacional en prime time

Y sin más, aquí lo dejo, porque tampoco hay mucho más que rascar. Good luck, babe, no? Y ya está.

¡Nos vemos en el próximo té!


jueves, 9 de enero de 2025

Enero

Enero. Viento. Frío. Se acabaron las Navidades. Mañanas oscuras. Días grises. El suelo mojado. Los pies fríos. Ganas de quedarse en la cama y miles de cosas que hacer. Es un poco el resumen de este mes con el que se comienza cada año gregoriano. Me cuesta, válgame la redundancia.

En otro orden de cosas, sí, hace mucho que no publico por aquí. Va para un año. Los últimos meses me tenían deparadas unas cuantas sorpresas y reveses; algunos agradables, otros no tanto. El caso es que, aunque había ideas y a veces también tiempo para escribir, no he sentido el impulso hasta que me he dado cuenta de algo.

Llevo unas semanas un poco agobiada con esto de terminar un año y empezar otro, probablemente porque me siento un poco a mitad de energía para abordar todos los quehaceres que me depara. Por una parte, me gustaría que esos últimos días del año se alargaran. Son para mí, como las últimas brasas de un fuego, están todavía calientes, humeantes, brillantes, consumiéndose y agotándose plácidamente. Como si se tratara de un dulce sueño, los últimos días del año no te exigen mucho. Ya está todo hecho, ¿no? Más o menos. Y aunque no lo esté, poco tiempo queda para remendar nada que no se haya hecho ya. Como si tu lista de tareas pendientes se desdibujara, diluyéndose y pasando a un muy segundo plano mental. Esa tranquilidad mental que a veces solo es capaz de aportar el olvido de lo urgente. 

Pero el tiempo continúa, no se detiene ni se alarga. Así que aquí estamos, en un nuevo año que ha llegado y sigue avanzando. La pequeña tregua de final de año se ha consumido y hay que seguir echando más leña al fuego, porque si no, se apaga y a ver qué hacemos luego. Seguimos en la rueda, ¿no? En la brecha. En lo que sea. Volvemos a la lista de tareas pendientes y a tirar p'alante, por emplear una jerga al uso.

A lo que voy. El caso es que todo ese "volver" me ha generado un cierto agobio estos días. Incluso una especie de bloqueo, como una parálisis por el frío y oscuridad de estos días. Y entonces me he acordado del blog, y de cómo me ha servido muchas veces como válvula de escape para aligerar la carga mental que se genera con el "sobrepensamiento", si es que esa palabra existe. Y me he acordado de otra cosa; un disco de Ron Sexsmith que me ha salvado muchos eneros sombríos y somnolientos. Así que aquí lo dejo. Desconozco si alguien se pasa por aquí (seguramente no), pero por si le pasa lo mismo que a mí, le invito a una escucha sin expectativas. Sin agendas ni lista de tareas pendientes. A ver si así aligeramos cargas y continuamos el camino.

¡Nos vemos en el próximo té!