lunes, 23 de noviembre de 2020

De cuando Lady Gaga era la reina de H&M

Hubo una época en la que entrabas en H&M y lo primero que veías era un mega póster de Lady Gaga y Tonny Bennet. Y también allí podías escuchar varios títulos del disco de versiones que hicieron ambos, Cheek to Cheek. Una fantasía, por qué no decirlo. Fue justo durante el período pre-Navidad, más o menos tal día como hoy de hace 6 años. 


No sé qué se escuchará ahora en dicha tienda. Puede que música moderna internacional o incluso algún que otro trap o reggeaeton. A saberse. Sin embargo, nunca olvidaré aquella sensación al entrar, escuchar esas notas y ver la imagen de la diosa Gaga, exultante, envuelta en un mega jersey de punto color crema, con medias de rejilla y una enorme peluca rizada a lo Cher, sus facciones perfectas en el póster y su divino maquillaje. Tenían unos jerseys preciosos en H&M durante esos días: yo los observaba y valoraba si probármelos mientras sonaba la versión de It Don't Mean A Thing repetidas veces.


Durante esos instantes tenía la sensación de que cualquier cosa sería posible. Coincidió con mi época de estudiante y mis años fuera de mi ciudad estudiando la carrera. Aprovechaba las tardes libres para ir al centro comercial con mi amiga y compañera de piso, o con mi novio de aquella época. Todo era mágico y perfecto, al menos durante unos instantes. Supongo que eso también es la felicidad. ¿O quizá el consumismo? No sé muy bien.

El caso es que, desde entonces, durante esta época del año me vienen a la mente esos breves destellos que me recuerdan aquellos días, y me pongo el disco de Cheek To Cheek. Y especialmente este año, que todo es y será tan raro, es importante recordar en qué consiste la verdadera normalidad. La de capear el temporal, tener en mente nuestras preocupaciones ordinarias, pero salir de casa y desconectar, disfrutar de la vida y de los adornos navideños, y eventualmente poder quedarse deslumbrado con la buena música o una enorme foto de Lady Gaga en una tienda de ropa. Y pensar que cualquier cosa es posible.

¡Nos vemos en el próximo té!

jueves, 13 de agosto de 2020

Tu ventana

Últimamente todos los días paso enfrente de tu casa. Es curioso como en un par de años apenas he pasado por allí y ahora lo esté haciendo con tanta frecuencia. Todo vuelve, está claro.

No me es difícil localizar visualmente vuestro piso, han sido muchos años de pasar por delante y mirar a tu ventana, o a tu terraza. Ahora el tic prosigue, pero de repente se ha vuelto algo siniestro, porque hace tiempo que, directamente, no nos vemos.

La mayoría de los días tu ventana está abierta, y tu persiana bajada del todo. Pienso en tu madre, y en un padre, y en el afán que comparten con los míos de evitar en lo posible que entre el calor sofocante dentro de casa. Recuerdo a tu madre, y su forma de ser. Recuerdo todo con tanto cariño que duele. No es por regodearme en la nostalgia, es parte de mi realidad. Miro a tu ventana y me siento triste, siento que he perdido algo importante pero que, de alguna manera, sigue ahí. Como si de repente volviera a subir a tu piso y todo estuviera como si nada hubiera pasado. Recuerdo el olor de tu habitación, un poco agrio, debido a la alfombra de lana que tenías. De buena lana, sí, mis padres también tienen un par de ellas del mismo estilo, ¿recuerdas? Recuerdo que nunca me terminó de convencer ese olor, pero era lo que había.

Vivimos mucho en esa habitación, muchas primeras cosas, demasiado como para pasar por delante y no sentirse tentada a mirar. ¿Por qué? Ni idea, una vieja costumbre, que no se pierde por mucho tiempo que haya pasado. O eso parece.

Desde hace varios días tu persiana está algo más levantada, y casi puedo ver algo, aunque en realidad no. Me pregunto si estarás dentro, estudiando, o si estarás en pueblo. O si a lo mejor me ves según paso. Fantasías. También te digo que me pasa mucho, que me parece verte por la calle, pero no eres tú. Pero por un momento siento algo de pánico, pensando en qué hacer: si debo saludarte o no, qué te diría, si te sentirías mal, o si yo me sentiría mal.

Pienso en cómo será ahora tu vida, o en si tu sabes algo de cómo es la mía. De alguna manera absurda y sin sentido tengo la sensación de que lo sabes todo, y estás al tanto de todo. Pero la verdad es que no sé mucho de ti, solo pienso en que espero que seas feliz y las personas que tienes a tu alrededor te hagan feliz. O lo seas todo el tiempo que sea posible. Mientras, seguiré tratando de no mirar a tu ventana, aunque no te aseguro nada.

¡Nos vemos en el próximo té!

miércoles, 10 de junio de 2020

Sueños

Soñar, ensoñaciones, soñar despierta... Ha sido muy "lo mío". Tanto, que durante algunos períodos de mi vida, "vivía" para ello. Buena parte de mis años escolares me resultaron un tedio, y por las noches, me dedicaba a desarrollar mis ensoñaciones particulares hasta quedar dormida. 

Hubo un verano que recordaré siempre, durante el cual, por circunstancias, no salí con amigos en todo el verano (la verdad, no porque yo no quisiera). Tres largos meses de verano que me pasé dentro de mis ensoñaciones personales. Mucho tiempo libre, en casa o haciendo recados con mi madre, o escuchando música. No tenía internet, solo mi reproductor de CDs y una pequeña radio a través de la cual sintonizaba Los 40 y esperaba a que sonara algún tema de Pereza. Fui muy fan radical de ellos, y por aquel entonces, aún no me había comprado ningún disco suyo.

Para mí ese verano fue como un largo sueño que consistió en sobrevivir a la situación y hacerla lo más llevadera posible. Si sonaba en la radio Pienso en aquella tarde al menos una vez ese día, me daba por más que contenta. Era el año 2006 y todos los días ponían Como lo tienes tú, Todo o Lo que tengo yo adentro. También Princesas, por supuesto. Me llevaba mi pequeña radio a pilas a todos los sitios: dentro casa, si salía a pasear, de compras... Y mi pequeño sueño era conseguir el disco Animales. El caso es que, durante ese verano, lo busqué incesantemente cada semana en la sección de CDs del híper al que iba con mi madre, pero no tuve éxito en mi contienda. 

Así que un día, ya por Septiembre, me "armé de valor" y me acerqué hasta una de las tiendas de discos de mi ciudad. De aquellas tenía solo 13 años, era muuuy tímida, y me costaba muchísimo hablar con desconocidos. El caso es que allí no lo tenían, así que decidí ir a la segunda tienda de discos de la ciudad, más céntrica pero algo más pequeña. Tampoco lo tenían, pero el chico que me atendió, super enrollado por cierto, me dijo que lo podía pedir. Y así lo hice. Saqué el dinero ahorrado de mi pequeño monedero y lo reservé. En una semana estaba.

Esos días hasta la llegada del disco estuve súper contenta. No podía creer que al fin fuera a tener el disco y además, podría escuchar más canciones de las que ya conocía (los singles). Este es un buen punto para apreciar lo poco que necesitaba para ser feliz. Para mí, aquel fue un verano tan árido y vacío que este hecho supuso un hito.

Cuando fui a recoger el disco, todo superó mis expectativas: la presentación del CD, el libreto, las canciones... Y me sorprendió mucho escuchar por primera vez la voz de Rubén en Matar al cartero. En fin... aquel verano tan extraño y triste que culminó con un momento tan mágico. Poco después me decidí también a comprar otro gran disco de mi adolescencia: American Idiot de Green Day. Sendos discos significaron un gran alivio para mi mente en aquellos momentos tan extraños de mi vida. Viajar por la música, tema a tema, aprendiéndome las letras al dedillo (incluso las de Green Day) y disfrutando de cada pequeño detalle era una manera de evadirme completamente de la realidad.

Aquel disco de Pereza supuso para mí el inicio de mi inquietud personal por la música: por descubrir más música y escuchar otros grupos, como los que ellos citaban en el libreto del CD. Me di cuenta de que quería aprender a tocar un instrumento, incluso algún día (aunque lo consideraba algo muy lejano), hacer mis propias canciones.

Años más tarde, me regalaron el primer CD que editó Pereza, en el cual, Rubén afirma en una de las canciones que "cambio horas de realidad, por minutos de ensoñaciones...". Y cuánta razón tenía. Esta semana nosotros, con mi pequeño y humilde grupo de música, editaremos nuestro primer CD cuyo título es un gran homenaje a los sueños. A nuestros sueños, mis sueños, tus sueños... Supongo que, de alguna manera, todo cobra al fin sentido.

¡Nos vemos en el próximo té!

jueves, 14 de mayo de 2020

Piratas del Confinamiento Humano

Si has venido aquí por el título, en primer lugar, me explicaré. Soy una gran fan desde niña de Piratas del Caribe (y de Johnny Depp), de póster en la habitación pedido a la salida del cine, de recorte de revista y de comprar DVD nada más salir a la venta. Quien haya visto la tercera película de la saga, En el Fin del Mundo, recordará una escena en concreto ("¡Calipso! ¡Yo te libero de tu confinamiento humano!). Total, últimamente cada vez que he dicho o alguien ha empleado la palabra "confinamiento", no podía sino acordarme del gran Jeoffrey Rush pronunciando estas palabras al viento para liberar al Dios del mar confinado en cuerpo de mujer. 

Tonterías a parte, sigamos con referencias (a Piratas) pero más serias. Hoy mismo comentábamos en familia el hecho de que últimamente la gente está viendo muchas series, y sobre todo, reposiciones. Mi madre lo achacaba al hecho de que hay "nostalgia del pasado", y mi padre, a que "la gente se aburre con cojones" (perdonad la expresión). Seguidamente, mi madre afirmó lo siguiente "Es cierto; la vida es la misma, solo que con menos alicientes"

Sorprendente para mí esta frase dicha por ella. Si la hubiera expresado yo, habría sido evidente que era una referencia a Piratas del Caribe, pero dado que ella siempre las ha visto (hay que reconocerlo) sin demasiado interés, apuesto a que no recordará siquiera la escena. Pero aquí esta:


 - Antes el mundo era mucho más amplio...
 - El mundo sigue siendo el mismo, pero con menos... alicientes.

Y este hecho y esta casualidad me hizo pensar que, efectivamente, la vida no cambia tanto, aunque nos parezca que así es. Pienso que la Humanidad, en esencia, no va a experimentar grandes cambios, pese a todos los sacrificios y pruebas a las que se nos está sometiendo en los últimos meses. No vamos a ser ni más solidarios, ni más coherentes, ni más ecológicos, ni más responsables, ni más nada... En esencia, seguiremos siendo iguales, cada cual aprenderemos esto o lo otro, pero me declaro pesimista y prefiero no pensar que esto nos traerá grandes avances en nuestra civilización o en nuestra forma de "hacer la vida". Y efectivamente, la vida es la misma, pero ahora sí que tenemos "menos alicientes". 

¡Nos vemos en el próximo té!

martes, 12 de mayo de 2020

Días de no hacer nada

Días que también merecemos, supongo. 

Al principio del confinamiento se nos instó a realizar una innumerable lista de tareas propias para esta época. Como si no fuera suficiente con sobrellevar el hecho de que tenemos una amenaza biológica ahí fuera, nuestro trabajo se ha vuelto inexistente, precario o se duplicado en cantidad y exigencia y además, quien tenga niños, no sabe qué hacer con ellos. Y no se puede salir de casa "a placer".

Desde hace un par de semanas, salir una hora a caminar o hacer deporte se ha vuelto el máximo deleite. Supongo que, en el fondo, necesitamos poco... ¿O no? En mi caso, he salido solamente las veces que lo he necesitado. Aún no he salido a pasear, ni en mallas a hacer que corro. Sigo sin sentirme libre ahí fuera. Será mi hipocondría, será mi sentido de la responsabilidad... no lo sé. He tardado como un mes en procesar la situación tan surrealista que hemos vivido y ahora se me hace raro salir a la calle sin mirar por el rabillo del ojo a ver si hay una patrulla a la vuelta de la esquina... Me explicaré.

Durante este confinamiento he tenido que salir la mayoría de los días de casa para el cuidado de una persona dependiente. Y aún teniendo una causa justificada, me sentía una delincuente. Me han parado como seis o siete veces a lo largo del confinamiento (con mayor o menor acierto y/o educación por parte de mi interlocutor), y siempre en cada paseo me encontraba con algún "cuerpo" de seguridad del Estado. Con su consiguiente ansiedad de: ¿me parará? ¿se mostrará reticente a mis explicaciones? En fin...

Pues eso, que sigo sin sentirme libre cuando salgo a la calle. Es curioso, porque ¿somos libres normalmente? Quiero decir, sin confinamiento. Si buscamos el significado filosófico de la libertad podríamos estar aquí horas. Pero no me siento libre si pienso en que, al menos por el momento, no puedo ir a mi pueblo, no puedo ir a pasear o salir con amigos, no puedo ir "de pic-nic" por ahí, no puedo ir a conciertos ni tampoco dar uno, no puedo salir a la calle sin sentir la presión social del inminente contagio... Me pregunto si cuando en mi zona permitan salir a tomar algo a un bar, reunirse en familia o ir a un concierto me sentiré igual de cohibida que ahora cuando simplemente salgo a la calle...

Vaticino todavía muchos días de no hacer nada. O de hacerlo todo (según como se mire).

¡Nos vemos en el próximo té!


jueves, 16 de abril de 2020

Casualidades

Soy una mística de barrio y suelo pensar que las casualidades no existen, o que todo "pasa por algo". Desde hace varios días algunos ecos del pasado no dejan de pasarse por mi mente. La Primavera, los días lluviosos (aún se me cuela tu nombre, cuando el cielo está gris, que diría Rubén Pozo), y en general, recuerdos que salen a flote en épocas concretas del año. A todos nos ha pasado.

El caso es que él tiene un canal de YouTube dedicado a la poesía. Lo descubrí en su momento, hace tres años, y me impactó que a una persona tan joven (por aquella teníamos 23 ó 24) le gustara y le interesara tanto la poesía, ya que tenía muchos vídeos y la mayoría de bastante antigüedad. Y yo que pensaba que eso de la poesía solo era para viejos... Estúpida de mí.

Él, sin ser consciente, sin saberlo y sin pretenderlo, me introdujo en el mundo de la poesía de una manera más seria. Había tenido algunos tonteos previos con ella, pero nada afianzado. Sin embargo, a raíz de descubrir su canal, comencé a sacar libros de poesía de la Biblioteca, a leer poesía contemporánea y antigua, a comprar libros y antologías... A entenderlo todo, a sentirlo y a comprender todo lo que escondía la magia de las palabras. Nunca le dije que había encontrado su canal, me pareció tan personal que me imaginé que no le gustaría que yo estuviera por allí indagando (quizá me equivocara).

Música y poesía siempre han estado de la mano, y siempre he sido una gran fan del maestro Sabina. Algunas veces lo llegué a comentar con él, y creo recordar que no era precisamente "santo de su devoción". El caso es que Sabina, además de músico y compositor, primero es poeta, y escribe y escribía poemas que, a veces (no siempre) se acababan convirtiendo en canciones. Un día de aquel entonces, descubrí un soneto que, posteriormente y tras alguna modificación, se había convertido en una canción que yo ya conocía, titulada "Agua pasada", del disco Vinagre y Rosas. Y así lo compartí en este mismo blog, a finales de 2016, en una entrada titulada Puntos suspensivos

Ha de saber quien lea estas líneas que, por motivos obvios, nunca le hablé de la existencia de este cuaderno de bitácora en el que comparto mis pensamientos más íntimos. Por lo cual, me sentí aún más sorprendida cuando, hace apenas un mes, me dio por volver a visitar su canal de YouTube sobre poemas, sermones y jaculatorias, y vi que su último vídeo era precisamente ese mismo soneto de Sabina, recitado de su voz y garganta. Me pareció curioso, reconocí al instante el poema pero no recordé en ese momento que yo misma lo había compartido por aquí... Hasta hoy.

Una vieja entrada del blog me llevó hoy al archivo de "Diciembre 2016", y ahí estaban aquellos puntos supensivos. Entonces es cuando he pensado... ¿Casualidad? No sé si es casualidad que desde hace un tiempo en mi mente su recuerdo vuelva a estar vívido, que haya incluso escrito una entrada reciente sobre ello, y que él escogiera precisamente ese soneto que compartí por aquí en su día para recitarlo en su canal a principios de este año.

En fin, cuantas más vueltas, más complejo se vuelve todo. Disfrutad de la poesía, que siempre nos ayuda a vivir para contarlo (como diría Benjamín Prado).

¡Nos vemos en el próximo té!


lunes, 13 de abril de 2020

Pasa marzo

Pasa marzo y pasan muchas cosas. Y yo sin pasarme por aquí. Si la rutina habitual hubiera continuado como hasta ahora, incluso habría tenido más tiempo material y mental para escribir unas palabras.

Pasa marzo y pasa la Semana Santa, y pasa la cuota de autónomos, y pasan las oportunidades de unas cuantas cosas... Pasa todo de manera tan extraña que a veces siento que vivo en uno de mis sueños recurrentes. Dos cuervos solitarios en el puente, asomándose al río, gatos merodeando a sus anchas por la urbe, avenidas con apenas dos o tres coches, y las calles desiertas, vacías, silenciosas en un Martes Santo en las que debieran haber estado abarrotadas, y yo vestida con estameña blanca y morada... Pero no fue así: todo pasó de manera silenciosa, en la calidez de los hogares, con alguna que otra estupidez humana asomando a ciertos balcones. Aunque si cierro la ventana, pasa sin pena ni gloria. Así de frugal es todo, incluida nuestra estupidez.

El silencio era tan ensordecedor que daba vértigo. Así pasaba todo entre los edificios altos, algún balcón abierto que dejaba entrever el pulso vital de alguna intimidad, las antiguas paredes de piedra a las que el sol arrancaba colores que invitaban al jolgorio... y el viento como único testigo. Si acaso algún pájaro y algún gato. Y a lo lejos, alguien que pasea a un perro. 


Y eso fue todo. La ciudad estaba preparada y deseosa de acoger emociones, historias para recordar, devoción y pecado a partes iguales, la altivez de algunos y la humildad de otros... Y se quedó con las ganas. Esa tarde de Martes Santo me lo soltó de golpe, me lo gritó silenciosamente y me di cuenta de que una ciudad no es solo lo que se hace de ella: le imprimimos nuestros hábitos de tal manera que ella también "es", y no deja de ser aunque no salgamos a verla. Sigue siendo y espera pacientemente a que volvamos a vivir y contar nuestras historias.

¡Nos vemos en el próximo té!