lunes, 17 de febrero de 2020

La duda excitante

Muchísimo lío.

Esto de rebuscar en las lagunas del pasado es un arma que carga el diablo. Me dejo llevar. El problema de que mis lunes sean tan ociosos es que mi mente no puede parar de pensar en ciertas cosas, y cuando se cuelan cuatro rayos de pseudoprivamera por la ventana (pseudo porque aún estamos en Febrero), empieza el burbujeo en el corazón y puede que también en otro sitio. No sé si es muy pronto o muy tarde para decir que descubrir secretos me pone cachonda.

Él es una persona bastante opaca conmigo. Aunque siempre me dice que me cuenta todo, sé que no es verdad, y lo sé de manera fehaciente. ¿Afecta eso a mi confianza en él? Pues diría que sí, pero probablemente lo llevo mucho mejor ahora que hace unos meses. El caso es que, si pudieras descubrir todos los secretos de tu pareja, ¿lo harías? ¿Abrirías esa caja? ¿Harías click en ese botón? ¿O respetarías su intimidad?

La verdad es que no tenemos derecho a entrometernos a la fuerza en la intimidad de nadie, y ahí es donde comienza mi naturaleza violenta. Detecto con facilidad la falta de sinceridad, o al menos cuando no me están contando toda la verdad. Eso hace brotar en mí un nervio contenido difícil de domar, que puede apaciguarse si la persona en cuestión no es de mi confianza, pero en el caso de mi pareja, de mi amante, de... llámalo x, la incertidumbre se me viene encima como una ola, me hace sentirme pequeña e insignificante, me engulle con fuerza y me escupe hacia la arena tosiendo agua con sal. Igual me he pasado con esta metáfora que se veía venir, pero así ocurre.

Puedo soportar que alguien me diga que no le intereso, que no le gusto, o que no soy tan importante como lo ha sido otra mujer, pero no soporto que alguien detecte lo que quiero escuchar y me lo diga. Y él me conoce muy bien, por lo que aún estoy tratando de discernir si me habla con sinceridad sobre lo que represento para él o si en realidad soy algo conveniente en su vida y simplemente se deja llevar, diciéndome cosas que le podría estar diciendo a cualquiera.

El caso es que no soporto sentirme prescindible, o poco importante en comparación con. Él ya ha tenido una vida y unas experiencias previas al lado de las cuales me siento un granito de arena en medio de un desierto, y siguiendo con las comparaciones cutres, igual de volátil y reemplazable. Me gustaría ser alguien importante para él, pero importante con el peso y la gravedad de cada una de sus letras. Tampoco comprendo demasiado por qué este afán mío que a veces roza lo irracional; supongo que todo lo que se refiere a él lo siento tan oculto que deseo de alguna manera arrojar algo de luz. Deseo que me diga la verdad sobre todo, y que si se sincera, lo haga en todos los sentidos, para poder juzgar si es cierto todo lo que dice.

Desencriptando mi párrafo anterior, diré que que hay cosas que no me quiere contar, no sé si por miedo al rechazo, por vergüenza o porque quizá una promesa anterior tiene más peso que la lealtad que quiero que me profese. En cualquier caso, no soporto que me diga que ya me lo ha contado todo cuando sé que no es verdad, porque entonces comienza mi duda razonable. Si me miente sobre esto, ¿me puede mentir con la misma tranquilidad sobre todo lo demás?

El caso es que si él supiera que lo sé y que lo acepto, que no tiene por qué preocuparse, quizá se acabaría este problema. ¿Soy una egoísta? Considero que sí, y como decía al principio, uso un tipo de violencia muy peligrosa pero muy excitante: la de entrometerme demasiado y acabar encontrando cosas que a él no le gustaría que supiera... Pero qué puedo hacer, es el erotismo al que me invita cada vez que calla una verdad.

¡Nos vemos en el próximo té!


lunes, 10 de febrero de 2020

Todo vuelve

Siempre vuelve. De alguna manera, se las arregla para volver otra vez.

Su recuerdo, su imagen, todo aquello que viví esos meses. A veces creo que le veo por la calle, o incluso me sorprendo a mí misma escogiendo a alguien de su misma estatura y color de pelo e imaginándome cómo sería un reencuentro. ¿Me saludaría él o lo haría yo? ¿O simplemente intercambiaríamos miradas? ¿Nos preguntaríamos qué tal? O como ya pasó alguna vez... ¿pasaríamos de largo sin saludarnos... y sin mirarnos?

No he vuelto a comentar cómo acabó toda esta historia, pero la verdad es que nunca tuve claro si acabó. Como a todo en mi vida, le doy demasiadas oportunidades para volver. Él se fue a otra ciudad y yo procuré mantener algo de contacto simplemente por la amistad y cosas comunes que nos unieron. Pero no funcionó, no porque yo no lo intentara. Sin embargo, un año más tarde, antes de acabar el verano, él mismo se puso en contacto conmigo y parecía que todo podía volver de nuevo. Y decidí que no era el momento, (y sigue sin serlo, por otra parte). Me llegó incluso a confesar que yo era una persona especial, o una persona "de verdad"; un mensaje que me pareció demasiado desencriptado para venir de él. De hecho, casi me lo tomé a broma.

Sin venir a cuento, parecía que quería una proximidad conmigo. La verdad, escribo esto un año y medio más tarde y me siento un poco ridícula al respecto. ¿Por qué le guardo tanto cariño? No lo entiendo... No hablamos tanto, no compartió tantas cosas conmigo... Al menos eso recuerdo. ¿Por qué siempre vuelve? El caso es que también retornan de vez en cuando recuerdos de otras personas que salieron de mi vida, pero tan pronto como llegan, deseo que se vayan. No es como este: su recuerdo es dulce, cada vez que se aproxima me envuelve y yo me dejo abrazar por él, es suave y agradable... Es lo que lo hace peligroso.

En cuanto se va descarchando el invierno, ahí está de nuevo, el recuerdo de la persona que me descolocó todos los esquemas, que me hizo plantearme muchas cosas sobre mí misma y sobre mi vida hasta ese momento, ¿será por eso que le guardo ese cariño, porque quizá, sin el siquiera ser consciente, me hizo crecer como persona?

Seguro que él estará en este momento pensando en cosas muy diferentes, haciendo cosas muy diferentes, y yo me sigo cuestionando por qué de alguna manera sigo anclada en estos recuerdos sobre él. Cuanto más tiempo pasa, más riesgo corro de distorsionar lo que realmente ocurrió, de encumbrarle y darle demasiado poder a su recuerdo. 

Pero hay que reconocer que su presencia, su energía, tuvo un gran poder sobre mí. Fue así, y no lo puedo negar. O puede que en realidad fuera yo misma la que necesitaba romper con todo y emprender un camino diferente al que había seguido hasta ese momento, y que él fuera la chispa que hizo saltar todo por los aires. Cómo me gustaría comprender cada entresijo del pensamiento humano, saber qué nos lleva a sentir y pensar como lo hacemos, qué es verdad y qué no, etc. 

Cualquiera me diría que debo olvidar el tema, o conformarme con la idea de "pasar página", si así es como lo llaman. Lo cierto es que estoy segura de que la página está pasada, la quemadura ya ha cicatrizado (supongo), pero cada vez que algo la roza sigo sintiendo un poco de ese fuego. 

Todo vuelve, al menos en mi caso. Quizá lo que debo aceptar es que hay quemaduras que dejan marca para siempre.

¡Nos vemos en el próximo té!

jueves, 23 de enero de 2020

Año Nuevo Lunar

Últimamente me he fijado mucho en la inquietud que parece tener el género humano por renovarse cada cierto tiempo. O puede que sea algo inculcado por la madre naturaleza. El caso es que tenemos muchas oportunidades a lo largo del año para empezar de cero, consideradas desde antiguo como períodos casi "mágicos", como lo solsticios y equinóceos, fin de año, Halloween, hogueras de san Juan, o celebraciones ya no tan paganas, como la Cuaresma cristiana. Y en astrología, también se considera como renovación el retorno solar (nuestro cumpleaños), el "nuevo año zodíacal" (cuando el sol entra en Aries, el primer signo del zodíaco) y cada luna nueva.

Me da la sensación de que algunos de estos hitos anuales pueden ser incluso considerados "modas". Ya lo llevaba intuyendo desde hace bastante tiempo, pero la pista me la ha dado hoy la aplicación de diseño online que manejo, una muy sencilla, que ofrece plantillas prediseñadas que puedes modificar a tu antojo. Pues bien, hoy mismo tienen todo un apartado de plantillas dedicado exclusivamente al "Año Nuevo Lunar", también relacionado con el"Año Nuevo Chino". Sin embargo, yo no estoy utilizando la versión asiática de la aplicación, sino que esas plantillas van dirigidas a occidentales que desean felicitar o celebrar el Año Nuevo Lunar.

Me sorprende mucho que cada vez más personas de todas las edades se ven en la auténtica necesidad de renovarse a sí mismos, incluso tomando prestadas celebraciones de otras culturas, o recuperando celebraciones paganas antiguas que la iglesia cristianizó. La razón creo que es que, vivimos en una sociedad tan tóxica, tan extremadamente llena de interferencias, interrupciones, presiones y estrés, que cada poco tiempo, necesitamos parar y echar la vista atrás para ver qué es lo que estamos haciendo con nuestra vida. Y no me extraña. Siento que el ritmo de vida que llevamos en occidente no es natural, de hecho, lo es cada vez menos, siempre pegados a algún dispositivo electrónico (móvil, ordenador, televisión, relojes inteligentes, etc) que controlamos y que de alguna manera también nos controla. 

Por lo tanto, en el momento en que podemos adueñarnos de algo que nos permita empezar de cero, lo cazamos al vuelo, sea o no algo de nuestra propia cultura, como una manera de purificarse y desintoxicarse. Vivimos quizá extremadamente preocupados por dar lo mejor de nosotros mismos y afligidos ante la idea de fracasar o agobiados por nuestros tangibles fracasos personales, por lo que el nivel de exigencia se dispara, creándonos un estrés emocional difícil de manejar. Quizá en algunos momentos nos sobra autoindulgencia y, en otros, nos hace mucha falta algo de consideración con nosotros mismos.

En cualquier caso, mañana día 24 de Enero, a las 22:42 h tendrá lugar la primera Luna Nueva del año 2020. Ya será decisión de cada uno si va a suponer otro pequeño renacer personal o no.

¡Nos vemos en el próximo té!

lunes, 11 de noviembre de 2019

Elecciones

Nuestras elecciones son las que van dando a conocer nuestro rumbo a seguir. No me refiero a las elecciones de la urna y la papeleta, sino a las que tomamos en el día a día, las decisiones que resolvemos de manera cotidiana. Lo que elegimos y lo que descartamos. Ese cúmulo de decisiones son las que, inevitablemente, determinan el lugar donde estamos y estaremos. ¿Hay sitio para el azar? Por supuesto, en unos casos más que en otros, pero ningún ser humano deja totalmente el rumbo de su vida en manos del azar, del destino o de la divina providencia; hasta el más cristiano realiza sus propias decisiones y se ve determinado por ellas. Con esto quiero decir, y haciendo una referencia bastante pobre a la situación vivida ayer en España, que cada vez soy más consciente del poder que tienen nuestras decisiones en la vida.

El otro día me ofrecieron de una manera muy vehemente ser comercial de una conocida marca de cosmética. El procedimiento fue el habitual: te hago una demostración, vale pues cuando te venga bien, oye me gustaría comprarte tal producto, vale quedamos y te cuento... Etc. Nunca pensé que esa reunión me haría plantearme de una manera tan drástica el momento vital en el que estoy actualmente.

Pensaba que haríamos una transacción rápida mientras tomábamos un café (en mi caso, fue té). Comenzó por preguntarme por mi trabajo, y yo como buena inocente de la vida, le conté todos los pormenores: autónoma, con negocio propio, sacando ideas de donde no las hay, invirtiendo tiempo que no sé si será rentabilizado, picando piedra en redes sociales, etc. Pensé que era una especie de conversación de "amigas", y que de verdad esa persona tenía un interés sincero por conocer todos esos datos. Pero entonces, la pregunta: ¿y tú te ves haciendo eso indefinidamente?

Me dejó los ojos como platos... Hombre, quizá, si he apostado por ello, será porque creo en mi propio proyecto y en mi profesión, ¿no? Pero ahí no acabó la cosa: Porque a mayores de lo que ganas, ¿qué te gustaría ganar? ¿quinientos o mil euros más...?

Puede que cualquier otra persona que no esté en una situación tan delicada como la mía encuentre estas palabras algo normal: una captación comercial, nada más. Sin embargo, para alguien que está luchando por trabajar ejerciendo su profesión, para lo que se ha formado en la Universidad durante cinco años, invirtiendo dinero y esfuerzos en grado y máster, volviendo a su ciudad y apostando por el autoempleo, os aseguro que es algo así como una patada en el estómago. Ya no solo por el contenido del mensaje, sino por la manera de llegar a él: primero me pregunta por mi vida laboral y después me invita a formar parte de su mundo de cosmética, porque parece ser, mi vida tal cual es, resulta ser bastante mierda, ya que gano muy poco dinero y lo que de verdad necesito es vender cremas.

La vida del autónomo que dedica un buen porcentaje de su tiempo a trabajar desde casa: sin blanca, y como no te descuides, acabas en bata todo el día (Johnny Depp, en un fotograma de la película: La Ventana Secreta).

No le bastó mi educada negativa inicial, ya que siguió insistiendo en el tema, y yo sacando balones fuera, tratando de hacerle entender que para mí en este momento no es posible comprometerme con otra fuente de trabajo (que sí, que me conozco y que para mí eso no iba a ser ningún hobby ni ningún momento de relax, tal como ella argumentaba), que no tengo dotes de comercial ni tampoco tiempo, fuerzas o claridad mental para ello, aunque parezca que día a día no hago nada porque no trabajo 8 horas al día en una oficina. 

A mi no me importa que ella aspire a eso (utilizando sus propias palabras), que decida invertir tiempo en esa tarea, además de su trabajo, su casa y su familia. Encuentro respetable lo que las personas decidan hacer con su tiempo, pero puede que a mi no me apetezca acabar mi jornada laboral y ocupar mi tiempo libre, o bien el del sábado o domingo, invirtiendo esas horas en realizar clases de belleza y venta de productos. Puede que yo sea otro tipo de persona, puede que aspire a otras cosas en la vida. Si pensó que podría captarme solo planteando el beneficio económico, se equivocó conmigo de medio a medio.

Me llego a sorprender a mí misma a veces, ya que no era consciente de lo férreos que son mis principios e ideales. Me visualizaba invirtiendo mi preciado tiempo libre en esa actividad, y me vi a mí misma siendo bastante infeliz, renunciando o recortando el tiempo de las cosas que realmente me motivan. Y aunque el beneficio económico fuera realmente el que ella me planteó, dudo que me compensara. Cuando comienzas algo por tu cuenta debes ilusionarte y volcarte en ello, invirtiendo la mayor parte tu tiempo y esfuerzo, al menos si quieres tener alguna posibilidad de que funcione. ¿Qué sentido tendría para mí empezar a aspirar a otra cosa? Sería como renunciar a mis princpios y a mi profesión, en pos de algo supuestamente más fácil y rentable. Si hubiera querido seguir un camino fácil, mis decisiones en la vida habrían sido otras. Sin embargo, elegí el camino en el que creo.

Espero que, sea quien sea que lea estas líneas, sus elecciones le lleven al lugar donde quiere estar, y no donde otros le dicen que debería estar. Mucha suerte para aquellos que comienzan algo. Os deseo la capacidad de convertir en estrellas a las piedras del camino.

¡Nos vemos en el próximo té!

miércoles, 23 de octubre de 2019

Deconstruyendo la infidelidad

Infidelidades hay muchas, y de muchos tipos y orígenes: infidelidad a uno mismo, a la pareja, a nuestro banco de confianza, a nuestra propia conciencia... Pero hoy hablaré de la "infidelidad" por antonomasia: la que ocurre en una relación amorosa. Comencemos definiendo un poco los términos:

infidelidad
   nombre femenino
 Falta de fidelidad que alguien manifiesta a algo o alguien

infidelidad amorosa
   nombre femenino
Cuando en una relación amorosa, uno de los dos involucrados quebranta el compromiso de exclusividad de la pareja establecido, al mantener una relación con una persona externa a la pareja, de forma ocasional o continua

Por tanto, entendemos como infidelidad una relación externa que se da en una pareja que no mantiene una relación abierta ni poligámica, sino de exclusividad. También hay que tener en cuenta que existen varios tipos de infidelidad amorosa, no solamente sexual, sino también afectiva (sentimientos por otra persona, sin realizar ningún tipo de acto sexual), puede darse a través de internet o de manera física, puede ser directa (planificada o deliberada) o indirecta (no había una intencionalidad previa, surge "sin esperarlo"), o incluso puede ser "de aprobación", para provocar la ruptura de una relación que la persona considera que ya no tiene futuro. Tras un vistazo rápido por internet, puedo leer múltiples motivos de infidelidad
Insatisfacción sexual, aburrimiento, necesidad de experimentar nuevas emociones, narcisismo, venganza, desenamoramiento, habilidad de conquista del tercero/a involucrado/a insatisfacción emocional, problemas de comunicación con la pareja, necesidad de amor, crisis, abandono emocional, adicción al sexo, etc.
Siempre he deducido que la persona que es infiel a su pareja, lo es por una necesidad; es decir, hay algo que falta, algo que no encuentra y necesita ser buscado fuera. Porque no es infiel quien está a gusto y satisfecho con su relación... ¿O quizá sí? ¿Es posible que haya personas que tengan una relación extraoficial pese a estar satisfechas con su pareja? 

Me aventuro a decir que sí, por ejemplo, aquellas insatisfechas consigo mismas o con problemas emocionales o de autoestima: no encuentran en su pareja actual lo que les satisface, pero tampoco lo encontrarán en su relación extraoficial, ya que el vacío se encuentra "dentro" de la persona. Puede que todos en algún momento de la vida nos hayamos sentido atraídos por otra persona que no es nuestra pareja, y eso nos haya hecho plantearnos ciertas preguntas. Dentro de nuestra relación aparentemente sana, ¿algo va mal?¿nos ha dejado de gustar nuestra pareja? O puede que nos ha apetecido dejarnos llevar por la novedad y la adrenalina que implica la seducción. A veces la respuesta a estas preguntas se salda cometiendo la infidelidad en sí misma, que plantea otra serie de cuestiones y problemática, incluso a nivel social.

A nivel psicológico, la infidelidad causa a la persona que la sufre un torrente de pensamientos irracionales: tristeza, ira, baja autoestima ("no sirvo para nada", "nadie me necesita", "he fracasado como pareja", etc). Da lugar a un pensamiento polar de todo-o-nada, a través del cual se comienza a ver a la pareja como a un completo desconocido/a, omitiendo los recuerdos agradables sobre la otra persona. Se altera la percepción de la otra persona y podría constituir un sesgo a la hora de reinterpretar la relación amorosa de forma holística. Pero claro, ¿es posible evitar totalmente estos pensamientos irracionales e intentar racionalizar la situación? A mi me parece que, de entrada, es mucho pedir. Se necesitaría de una educación emocional bastante avanzada.

911 Emergency...? Hello! I just killed my boyfriend (Vídeo-clip Paparazzi, Lady Gaga)

Según el psicoanálisis, la infidelidad podría ser un acto compensatorio ante la insatisfacción sexual o el desencanto en la relación, o bien una búsqueda ilusioria de libertad para evitar un vínculo afectivo profundo, o bien constituye una reacción provocada por temor a la responsabilidad que causa una relación. Sería una especie de vía de escape más o menos inconsciente.

No siempre la infidelidad causa la ruptura; muchas veces las personas valoran si les compensa más continuar su vida tal cual es, apartando la vista, para no perjudicar su estatus social, económico o familiar. Pero supongo que se crea una mella o fractura en la confianza muy difícil de ignorar. Otras parejas optan por realizar una terapia conjunta para superar ese bache: la persona "engañada" debe estar dispuesta a aprender poco a poco a confiar de nuevo en su pareja, y la persona que cometió la infidelidad debe tener mucha paciencia para que la confianza se restaure. En internet, hay numerosos artículos sobre cómo superar una infidelidad, por lo que deduzco que existe una actitud positiva ante esta situación, y algunas personas sostienen que una infidelidad puede fortalecer o salvar una relación.

Nada aclara mejor que el ejemplo, así que después de leer ciertos testimonios de personas que fueron infieles, concluyo que cada infidelidad tiene sus matices, sus razones y unas consecuencias definidas y propias, y cada individuo que vive esta experiencia lo hace de una manera diferente.

Sea como sea, todo esto me plantea numerosos interrogantes...

¿Se puede considerar infidelidad al flirteo o apego emocional a otra persona? ¿Puede la infidelidad llegar a estar estar justificada? ¿Podría constituir un elemento curativo o sanatorio, en ciertas situaciones? ¿Se puede perdonar una infidelidad? ¿Y olvidarla? ¿Podemos todos ser susceptibles de engañar a nuestras parejas? Las personas que necesitan ser infieles, ¿lo son por naturaleza o tiene que ver con problemas emocionales o patologías psicológicas? ¿Es el ser humano infiel por naturaleza? ¿Quien es infiel lo es necesariamente más veces? ¿Puede una infidelidad cambiarte la vida? Si eres víctima de una infidelidad, ¿justifica que tú también lo seas en el futuro?...

Si alguno de vosotros quiere contestar a alguna de estas preguntas, será bienvenido.

¡Nos vemos en el próximo té!


sábado, 19 de octubre de 2019

Hallowe'en

La festividad de Halloween es más cercana a nosotros, los españoles, de lo que nos parece. En estos días previos al 31 de Octubre leeremos y oiremos a muchos diciendo que menuda estupidez de fiesta, que si copiamos a los estadounidenses en todo, que hay que celebrar nuestras tradiciones y no las suyas, etc.

Bien es cierto que Halloween puede llegar a ser, tanto en España como en otros países, una apología al consumismo. Pero no muy diferente de la que vivimos en Navidad, fiesta "muy española", vaya. Al final, las caretas y disfraces, los dulces y envoltorios de plástico, y toda la parafernalia decorativa tiene un alto riesgo de acabar ocupando la basura del día siguiente, siempre y cuando no seamos mínimamente ahorradores y lo conservemos y guardemos para el año que viene. Pero yo voy más allá de la superficialidad que inevitablemente recubre cada fiesta. Me paro a pensar en que seguramente la esencia de la fiesta nos toque de cerca, más allá de nacionalidades, simplemente como seres humanos

Para empezar, su nombre. Se cree que la palabra proviene de una expresión inglesa (All hallow-even) que los escoceses acabarían apocopando como Hallow-e'en. Los ingleses denominaban a la víspera del día de Todos los Santos (31 de Octubre) como All Hallow's Even o All Hallow's Eve, ya que hallow es una forma inglesa, ya en desuso, para referirse a "los santos", y Eve, por su parte, se refiere a la "víspera" o "vigilia" de las fiestas litúrgicas del cristianismo. Posteriormente, los pueblos irlandeses y escoceses llevarían esta tradición a Estados Unidos.

También se barajan otros orígenes del nombre y de la festividad, uno de ellos curiosamente relacionado con la Península Ibérica: la Santa Compaña gallega y la procesión que los muertos realizan esa noche del año, mitos heredados de los pueblos antiguos del Norte de Europa. Los Celtas también reivindican su origen, ya que antiguamente celebraban una fiesta llamada Samhain o fin del verano en irlandés antiguo, relacionada con la temporada de cosechas. Creían que la línea que une este mundo y el otro se estrechaba en esta fecha, permitiendo pasar a los espíritus, por lo que utilizaban máscaras para ahuyentar a aquellos espíritus malignos. En Asturias se llegó a realizar en esa noche el "banquete de difuntos", en el que se llevaba la comida a la tumba de los antepasados y se comía con ellos (similar a lo que ocurre en México), además de vaciar calabazas. Y no solamente en el norte de la Península, también en Castilla la vieja se decoraban los hogares con calabazas en esta época y los niños salían disfrazados con ropas viejas y pintados con ceniza a pedir comida por las casas; en Soria se celebraba el Ritual de las Ánimas; en pueblos de Madrid se tocaban las campanas durante la noche del 31 de Octubre... Y así podemos seguir, recogiendo testimonio de unas cuantas tradiciones no totalmente cristianas que se realizaban en España en esa noche. 

Santa Compaña, meigas gallegas, asturianos vaciando calabazas, niños disfrazados en Castilla la vieja, Ánimas en Soria... ¿No es algo que nos cae muy MUY cerca?
Halloween, tal y como lo conocemos actualmente, no es más que una reminiscencia de todas estas festividades y celebraciones, pasada por el filtro del capitalismo y del consumo. Pero hay ciertas celebraciones que trascienden lo superficial, con un arraigo importante en nuestra conciencia colectiva como seres humanos, que aparecen en nuestro pulso vital con el paso de las estaciones. La del 31 de Octubre no es la noche más oscura del año, pero tradicionalmente se ha considerado como la noche en que lo mágico y lo mundano, lo terrenal y lo espiritual, están más cerca que nunca, por ello también se considera la noche idónea para la brujería y los ritos.


Astrológicamente, la noche de Halloween se considera la fiesta del renacer personal: preparar el cuerpo y el espíritu para dejar ir lo que "ya ha muerto" (simbólicamente) y abrirse a ideas y proyectos nuevos, a "nueva vida". Se trataría, por tanto, de una transmutación. No es casualidad, ya que Halloween transcurre dentro del período en que el sol transita el signo de Escorpio, relacionado con el más allá, lo misterioso, la transmutación de energía y materia, la adivinación, etc. Así pues, la época en la que el sol está en este signo se considera la más adecuada para rendir culto a los difuntos y antepasados. Y en general, estás prácticas en torno a la noche del 31 son comunes a muchos pueblos de diferentes regiones del planeta.

Podemos decidir sentirnos más o menos ajenos a esta fiesta, a su celebración consumista, pagana o profana, pero durante esos días, una energía diferente se respira en el ambiente. La noche del 31, como el Carnaval previo a la Cuaresma, es una noche de fiesta, de espantar a los malos espíritus con ritos, de encender luces dentro de calabazas o de ocultarse tras disfraces y caretas, de dar gracias por los frutos conseguidos durante este año ("cosecha" simbólica), y dar paso los siguientes días, de santos y difuntos, y rendir culto a los antepasados. Podemos escapar más o menos de nuestra conciencia colectiva como raza humana, pero con el paso de las estaciones, todo ese pulso vital de generaciones y antepasados, de ritos milenarios, hace acto de presencia y finalmente nos invita a aceptar los cambios.

Como siempre, es nuestra decisión resistirnos o adaptarnos.

¡Nos vemos en el próximo té!

lunes, 14 de octubre de 2019

Mermelada de escaramujo

Mi abuela solía hacer mermelada de escaramujo.

El escaramujo es el fruto de un arbusto del rosal silvestre. Es una baya de color rojo intenso, que cuando madura está ligeramente "blandita". Por dentro tiene unas semillas ásperas y duras, recubiertas de pelos que son desagradables al tacto en la lengua (son muy astringentes). Sin embargo, dentro del fruto maduro también hay una especie de pasta de sabor dulce y ácido a la vez, que se obtiene si aprietas con delicadeza la baya. Como cuando aprietas el tubo de la pasta de dientes. Se considera medicinal, por su contenido en vitamina C y otros antioxidantes. 

Bayas de escaramujo
El sabor es como otros frutos rojos silvestres, bastante intenso, ácido y dulce a la vez, también aromático. En parte se parece al sabor ácido del tomate, pero por otra parte no. Recuerdo que íbamos a recoger los escaramujos en este tiempo. A veces venía mi abuela también, otras veces solamente mis padres y yo, y llenábamos varias bolsas.

Los frutos apenas son de 1 x 2 cm (los más grandes), y lo más difícil es exprimir esa especie de pasta que contiene la baya sin sacar los titos ásperos. Hay que apretar con cuidado. De cada escaramujo apenas se obtiene un hilito de esa pasta dulce. ¿Cuántos kilos de bayas se necesitarán para hacer apenas un tarro de esa mermelada? No tengo ni idea, pero me aventuro a decir que al menos un par de ellos.

Recuerdo la paciencia con la que mi abuela extraía el jugo del escaramujo, baya a baya, en las tardes de otoño. Una infinita paciencia y cuidado para extraer lo mejor de algo que, desde luego, te lo pone muy complicado, tanto en calidad como en abundancia. 

Supongo que de eso trata también la vida, de ir aprovechando todo lo que te ofrece. Mi abuela también hacía otro tipo de mermeledas, más "agradecidas", más fáciles. Pero también le gustaban estos retos. Le gustaba porque para ella significaba extraer todos los valiosos nutrientes de la baya de escaramujo en un tarro de mermelada, para que endulzáramos nuestras mañanas y a la vez aprovecháramos todos sus beneficios. 

Mucho más sencillo es hacer los escaramujos en infusión, pero sabe más amargo que una mermelada.


¡Nos vemos en el próximo té!