miércoles, 10 de octubre de 2018

Venus retrógrado

Hay que joderse con el tema de la astrología... Desde que estoy metida en esto, (por supuesto a un nivel amateur), tengo un tira y afloja entre mi parte racional que me dice que todo eso son chorradas y mi parte más emocional que confirma que esto de la astrología tiene mucha razón (válgalme para algo este juego de palabras). 

Llevo un tiempo escuchando que Venus comenzaba un tránsito retrógrado, pero conociendo el drama astrológico que muchas veces se plantea en torno a estos acontecimientos, le había intentado dar cero importancia. Sin embargo, llevo varios días dándole vueltas a miles de cosas y obsesionándome con ciertos pensamientos con respecto a mi relación, y he pensado si Venus no tendría algo que ver en todo esto...

Venus entró retrógrado el día 5 de Octubre en Escorpio. Dicho planeta en astrología representa el amor, y si está retrógrado pues se nos plantean una serie de dificultades a la hora de visualizar nuestras relaciones. Además, el signo de Escorpio es el de la intensidad, el todo o nada, el conocer a fondo lo que hay bajo la superficie, lo que complica un poco las cosas. Todo ello queda perfectamente recogido en este artículo que, para no enfangaros con mil explicaciones mal dadas por mi parte, estaría bien que echarais un ojo: Venus en Escorpio 2018. Un retrógrado intenso y obsesivo

Me gustaría citar textualmente algún pasaje de dicho artículo, para ilustrar un poco mejor a dónde quiero llegar. Al parecer, este tránsito retrógrado de Venus va a permitirnos "evaluar las relaciones (...) y lanzar preguntas al aire como: ¿Cuánto controlo o dejo que me contolen? ¿Cuánto confío en los demás? ¿Cuánto me abro? ¿Cuánto estoy dispuesto a compartir en la intimidad? ¿Cuántas de mis creencias/premoniciones son reales o pura paranoia infundada? (...) ¿Necesito drama e intensidad para sentirme amado?".

Tengo que reconocer que alguna de esas preguntas escuecen. Llevo un tiempo dándome cuenta de que, cuanto más pido a mi pareja que se abra conmigo, menos lo hace. No es que se lo pida directamente, sino que intento hacerle entender que cuantas más cosas me oculte, más distancia va a crear entre nosotros. Siento que con él voy descubriendo todo a oscuras, y mis miedos me dicen que me oculta cosas, lo que me hace desear tener mucho más control... Control que, por otra parte, no tengo. 

¿Será una cuestión de confianza? ¿Es que confío poco en él? Al principio confiaba ciegamente, nunca se me pasó por la cabeza en ningún momento que pudiera engañarme... Hasta que pasó algo que rompió un poco esa confianza que estaba intacta, algo que él nunca quiso contarme desde su sinceridad. ¿Qué pasó ahí? ¿Qué hubo entre esa chica y él? Puede que solo fuera un flirteo estúpido, pero incluso el flirteo me duele... Porque en aquella época yo pensaba que, empleando una frase muy manida, él solo tenía ojos para mí. Pues me dolió ver que no era así, sinceramente, y sobre todo, que me mintiera al respecto, que quedara con esa otra persona a mis espaldas y sobre todo, que cuando lo descubrí él no fuera capaz de ser sincero. Y aún a día de hoy, tengo la sensación de que sigue sin serlo.

Ese fue el germen de mi desconfianza. Ahí empezó una paranoia que nunca había experimentado antes, empezaron mis obsesiones sobre si cuando no estaba conmigo estaría hablando con ella por el móvil, o si quedarían y se verían, dándole vueltas a de qué hablarían, si habría contacto físico entre ellos, si se atraían sexualmente... Lo pasé muy mal durante muchos meses, y aún sigue esa reminiscencia dentro de mí. He intentado varias cosas: olvidarme del tema, preguntarle abiertamente y que me explique algo desde la sinceridad, pensar en todas las cosas positivas que tiene nuestra relación... Pero en los momentos más inoportunos, surgen de nuevo esas dudas. Él no comprende que necesito entenderle, porque estar parcialmente a ciegas al respecto no hace sino realimentar mis miedos, abrir un cajón en el que caben muchas más dudas que certezas. Y paradójicamente, cuánto más pongo de mi parte para que él se abra y comparta verdaderamente su intimidad, más lejos siento que estoy de hacerlo. 

Entonces sí que se me plantean muchas preguntas que coinciden con este tránsito astrológico: si estoy siendo controladora y obsesiva; si él efectivamente se abre conmigo o no lo hace; si todo es una paranoia de mi cabeza o hay bases sólidas para sentirme así; si necesito drama en mi vida para sentir las relaciones verdaderas... Lo único de lo que soy consciente es de que quiero saber por qué hace lo que hace, qué necesidad le lleva a comportarse así, si hay ciertas cosas que no cubro. Necesito entender por qué me dice que me quiere pero luego descubro ciertas cosas que hacen que todo se me derrumbe... ¿Es que a él también le engañaron tiempo atrás y necesita pagarlo conmigo? ¿Habrá sido un precio muy alto a pagar el hecho de que, cuando empezábamos nuestra relación, yo no quería que nadie lo supiera? Supongo que cada uno tenemos que asumir las consecuencias de nuestros actos, pero a veces me parece las consecuencias son un poco desproporcionadas. Si él no fue capaz de verbalizar que no estaba a gusto con los términos al inicio de la relación, ¿por qué no lo dijo abiertamente? ¿Por miedo a perderme? Y entonces, ¿por qué decidió que era buena idea desquitarse quedando con otras personas? 

La verdad, es que cuantas más vueltas le doy al tema, menos cosas comprendo. Esto daría para otro psicoanálisis... para otra entrada. Si de verdad esto de la astrología tiene algún efecto sobre los mortales, espero que Venus retrógrado sea capaz de poner un poco de orden. Mientras tanto...

¡Nos vemos en el próximo té!

viernes, 5 de octubre de 2018

El vacío y la forma

Él me sorprende y me inquieta. Me fascina y me intriga. Me gustaría preguntarle directamente tantas cosas y que me contestara de la misma forma... Pero nunca ocurre así, todo lo voy descubriendo con el tiempo, a base de observarle mucho, convivir con él, escuchando lo que otras personas dicen de él... Y como siempre, me aventuro a hacer psicoanálisis peligrosos. Siempre me encuentro bajo la búsqueda y el descubrimiento de los más mínimos detalles, de lo que está bajo la superficie. 

Winona Ryder en Beetlejuice, descubriendo cosas
Sé que siempre ha sido una persona con mucha intensidad sexual, y más bien solitaria (también se puede estar solo rodeado de gente). En verdad, me siento más que identificada con esta descripción. Supongo que las personas con vibraciones similares se atraen, incluso se encuentran, como si de magnetismo se tratara. Creo que, al menos tuve suerte cuando eso ocurrió, pues le conocí en un punto de juego limpio, de nada de engaños a uno mismo o a terceras personas. Él estaba solo, yo también. 

Me gustaría pensar que todo lo que él ha vivido con otras personas ha sido algo carente de significado, pero no es así. Para mí, en ciertos sentidos tampoco lo es, pero en otros, desde luego que ha sabido llenar, dar forma y significado a tantos vacíos que yo tenía, que no imagino otra forma de hacer que no sea la suya. Quiero pensar que sea mutuo. A veces sospecho que no lo es.

Y aquí estoy,  batallando de nuevo con una vieja amiga: la prescindibilidad. O más bien el miedo a serlo, a ser "algo más" pese a escuchar que eres especial, de la misma manera que quienes estuvieron antes que tú también lo escucharon. ¿De qué nos queremos autoconvencer? A lo mejor somos únicos e irrepetibles, pero no tanto. Puede que formemos parte del patrón habitual de la otra persona: ahora me atraes-ahora te quiero-ahora no te entiendo-ahora te odio-ahora me produces indiferencia-ahora busco alguien que no seas tú. Y de nuevo, empieza el ciclo. Pues yo he venido aquí para intentar romper eso, o al menos intentarlo. No quiero creer que las personas no cambian, ni que no se puedan romper los círculos viciosos, o que no puedas ayudar a otra persona a hacerlo. Creo en las transformaciones, más que en los cambios, y una relación, del tipo que sea, para mí siempre tiene que significar mejora

Y vuelvo a hablar de él, aunque me parezca arriesgado. ¿Y si realmente se ha sentido solo todo este tiempo antes de conocerme? Nunca había sido tan ambiciosa en este sentido, pero que me dijera que me reconocía como su pareja de otra vida me hizo pensar en ello. Sé poco de su vida pasada, solo lo que ha decidido contarme, pero percibo un sentimiento de soledad, de rechazo en ocasiones, de necesidad de evadirse de la realidad aferrándose a otra cosa porque existe algún tipo de instatisfacción que hay que tapar, de búsqueda incesante de lo que nos sigue faltando, sin saber exactamente qué es... Y también culpabilidad por no saber manejar las situaciones, no saber afrontar ciertos sentimientos y vacíos que se crean, y vas creyendo que esa situación durará para siempre porque es lo que te ha tocado vivir, y crees que puedes convivir con ello a base de ocultarlo una y otra vez en tu mente, de distraer lo que nos falta con lo que creemos que necesitamos... Sí, en verdad eso también lo conozco muy bien. A lo mejor no somos tan distintos y le conozco mucho más de lo que pienso.

Mi manera puede resultar muy abrasiva, y debo tener cuidado, pues soy consciente de que no es agradable. Lo que yo tengo pensado puede resultar una forma de intrusión: "He visto lo que te pasa y quiero ayudarte... Quiero transformarlo". Puede que dé miedo, pero también es mi manera de decir que me me preocupo por esa persona tanto que quiero implicarme hasta ese punto, con todas las consecuencias. En cualquier caso, aunque con él tantee a oscuras los límites, puedo palpar perfectamente la forma. Ya no hay vacío.


¡Nos vemos en el próximo té!

martes, 12 de junio de 2018

Facesitting: dominación femenina y psique humana

Hace mucho que no trato el tema del sexo pese a que me encanta hablar de ello, y no precisamente por el morbo; es un aspecto que es tan extenso, tan ligado a nuestra forma de ser, que expresa nuestra fragilidad y nuestra fuerza al mismo tiempo, que creo que su análisis no puede quedarse en el mero aspecto "mecánico". Ya me entendéis.

Concretamente, la dominación sexual siempre me ha llamado la atención. No consiste únicamente en sacar una fusta y vestirse de cuero (eso puede servir para entrar en situación), sino que es un juego que empieza en la mente y se desarrolla dentro (y fuera) de ella. Primero hay que crear un paradigma previo: hacer saber a la persona que va a ser dominada, establecer una serie de reglas y condiciones, estimular el deseo sexual, el misterio, la fantasía, etc. No me quiero enrollar en explicar qué es o qué no es la dominación sexual, sino profundizar en un apartado en concreto: el facesitting.

El facesitting o trono de la reina es una práctica sexual en la cual la mujer se sienta sobre la cara de su pareja y usa su boca, nariz y lengua como sustituto a la penetración hasta que la mujer llega al orgasmo... o hasta que ella quiera, vaya. Esto, al menos, es la definición más formal. La idea es que el hombre se sitúe en una posición sumisa, generalmente tumbado, boca arriba y dispuesto a que su señora se frote bien contra su cara. Ella puede sujetarle los brazos son cus piernas, o incluso ponerle unas esposas, de manera que él quede inmovilizado y sin posibilidad de acceder a su propio sexo, o bien puede abandonarse a la situación de dar placer dejando sus brazos extendidos a ambos lados del cuerpo. La práctica puede tener multitud de grados de intensidad, desde las modalidades más light hasta otras más agresivas, en la que el hombre puede estar atado, sometido a humillaciones, apenas pudiendo respirar y en la que la mujer puede acabar orinando encima de él después de haber alcanzado el orgasmo.


Hay unas cuantas pinceladas históricas que me parecen apasionantes que podéis leer en este enlace, como que en el medievo muchas damas utilizaban el servicio de ciertos pajes en forma de facesitting, manteniéndose técnicamente fieles a sus maridos ausentes al no existir penetración, o que en las cortes chinas existían esclavos masculinos bien entrenados y de lengua larga de los que hacían uso las mujeres de la corte de una manera habitual. También se fabricaban (y se siguen fabricando) asientos que facilitan la realización de este acto, de manera que la mujer puede sentarse sobre la cara de su sometido durante horas sin fatigarse las piernas.

Las ventajas del facesitting con respecto al sexo oral convencional son que la mujer puede controlar mucho mejor sus movimientos, la intensidad, de qué manera y qué zonas quiere que su pareja le estimule, etc. Pese a ser una técnica en la que a priori la única que parece estar disfrutando es la mujer, para la persona que está debajo también puede llegar a resultar muy placentero. Buceando por internet se encuentran muchos testimonios u opiniones de hombres acerca del facesitting, y de lo reconfortante que les resulta que les domine de esa manera una mujer, sobre todo su chica, su mujer o su novia. No hay tanto feedback por parte de personas que admitan haber realizado esta práctica en relaciones sexuales esporádicas, lo que me hace pensar que, a parte de poder ser una cuestión de confianza, lo que más atrae del facesitting en sí mismo es la sensación de ser dominado por tu pareja. Algo que puedas recordar al día siguiente y sentir un escalofrío por debajo de las piernas... "aquella noche que mi chica me cabalgó la cara y se corrió en mi boca". Algo así.


¿Qué les resulta excitantes a los hombres del facesitting? Investigando un poco, puedo resumirlo en tres ejes: la sensación de sentirse dominado o humillado, las cuestiones relacionadas con el acto en sí mismo (el sabor, olor, textura del sexo de su chica, beber sus flujos, sentir sus movimientos de caderas, escuchar sus gemidos, acceder al ano con la lengua, la idea de verla completamente a ella desde abajo, poder tocar sus pechos...) pero sobre todo, que la mujer se corra en su cara con el máximo placer es lo que les hace sentir muy especiales y deseados, habiendo cumpliendo los deseos de su ama. Doblegarse a la voluntad de su señora y complacerla es su deber y un logro satisfactoriamente cumplido. Bueno... o algo así, yo solo hago una aproximación que puede llegar a ser un poco limitada. 

Que una mujer mande y dé ordenes a un hombre es algo que excita a muchos. Puede que sea porque la posición dominante de la mujer es algo que se ha ido encubriendo a lo largo de la historia; habrá habido muchas mujeres ejerciendo una posición dominante pero el hombre ha preferido dar la impresión de que es él el que domina. Sea como sea, la dominación femenina se ha ido convirtiendo en una especie de fetiche en los últimos años, pero puede que sea algo mucho más natural y cotidiano de lo que pensamos. No soy psicoanalista ni lo pretendo, pero a mi modo de entender, que un hombre disfrute realizando un facesitting y sea capaz de excitarse solo complaciendo los deseos y peticiones de su pareja mujer requiere de un proceso previo de haber derribado muchos complejos e instatisfacciones impuestas por la sociedad patriarcal. Es decir, demuestra una actitud abierta y sana hacia el mero hecho de satisfacer a una mujer y un mayor conocimiento de la sexualidad femenina. Al fin y al cabo, esto del facesitting es un acercamiento muy íntimo a su sexo, a la manera en la que a la mujer le gusta estimularse y sentir su propio orgasmo.

Seguramente muchos discreparéis sobre las razones que hacen que nos guste dominar/ser dominados sexualmente. Yo al fin  y al cabo solo he intentado hacer una aproximación acerca de algo que puede llegar a ser infinito. Por eso escribo este disclaimer final... y ya acabo con los anglicismos por hoy.

¡Nos vemos en el próximo té!

jueves, 7 de junio de 2018

Podría ser cualquiera

Vuelvo sin saber exactamente por qué me fui, y sin saber exactamente por qué vuelvo. El caso es que aquí estoy, de nuevo frente a la página en blanco. Puede que me haga un té.

Creo que ya ha pasado demasiado tiempo desde que empecé a autocuestionarme mi propia existencia. No sé si es debido a los días nublados en junio, pero puede que este tiempo "a destiempo" me esté afectando. Es como un letargo que se va alargando, como el remanso estanco en el que me encuentro. Pero, al igual que esta Primavera intempestiva, puede que ya me esté resultando extraño. 

Días como estos me recuerdan a mis años de estudio en otra ciudad. Allí era extrañamente feliz a mi manera. Sé que no viví los años de universidad de una manera plena, o al menos como lo viven otras personas, pero la sensación de soledad que a veces me angustiaba era también muy liberadora en otras ocasiones. Echo de menos salir de casa hacia plaza España pasando por Mantería, el barullo de gente por las mañanas, la humedad y la luz gris que lo bañaba todo. Caminar rápido entre un montón de gente desconocida sabiendo que nadie iba a interrumpir mis pensamientos, perderme otra vez, descubrir una calle nueva y dar gracias a mi pésimo sentido de la orientación. Entrar en algún pequeño comercio o asomarme a los escaparates... Siempre con una idea subyaciendo en mi subconsciente; aquella frase mítica de la película Rango: "¿Quién soy...? Podría ser cualquiera...". Esa extraña libertad es de la que hablo. 

El viaje entre quién eres y quién quieres ser puede resultar peligroso además de complejo. Por lo delicado del proceso. Y porque para mí "quién eres" y "qué haces" está muy relacionado. Muchas de las cosas que hace años deseaba que me ocurrieran, o deseaba hacer, han tenido lugar de un modo muy diferente al que yo tenía planificado. Algunos anhelos que vagaban por mi mente mientras caminaba por aquella ciudad de días grises y húmedos, de muros de piedra llenos de sol, de calles sombrías con librerías de incógnito, de noches llenas de luces y misterio, van cristalizando ahora. Pero yo necesitaba que hubieran llegado más rápido... que hubieran llegado en aquel momento. Siempre he tenido la sensación de que las cosas en mi vida ocurren solamente cuando el engranaje lo permite, por mucha cuerda que le quiera dar al reloj para que vaya más rápido. Y así estamos ahora, que me siento un poco a destiempo de mis propios deseos.

Supongo que este es el tiempo para gestar los próximos sueños, visualizándolos en las entretelas de la realidad mientras se asoman tímidamente en cualquier rincón, en cualquier objeto, en cualquier calle de mi ciudad natal. Ahí están... esperando. Pero no los puedo cazar ahora. Supongo que habrá que esperar y ver en qué nos convertimos mañana. Y seguir haciéndonos esa pregunta... ¿Quién soy...? Podría ser cualquiera..."

¡Nos vemos en el próximo té!
Tiempo y humedad
Reloj de manecillas e higrómetro, bellamente adornados con ese soporte de forja.
Su emplazamiento solitario siempre me fascinó. Foto en perspectiva desde la
Plaza de la Libertad. Curiosa analogía.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Navidad (Have Yourself a Merry Little Christmas)

Como ya he dicho alguna otra vez, me encanta la Navidad y todo lo lo que tiene que ver con ella: desde los adornos navideños, poner el Belén con la familia, las luces por todas partes, reunirse con los seres queridos, la comida, cantar villancicos, los jerseys invernales... La paz que se respira y la aparente sensación de que cualquier problema está a miles de kilómetros de distancia, como diría aquella canción que cantaba Sinatra. Y sin embargo, sé que hay mucha gente que la odia, y puedo entender que hay muchos motivos. Yo creo que todos tenemos motivos suficientes como para detestarla, porque en ocasiones nos enfrenta con situaciones que no nos son agradables.


Desde que nací, el día de Nochebuena se celebraba en casa de mis abuelos maternos, en un pueblo no muy lejos de la ciudad. La Navidad allí se vivía intensamente: las comidas eran antológicas y memorables. Me encantaba perderme y divagar entre todos los adornos que se ponían. Había un pequeño abeto (apenas medio metro de alto) que decorábamos con mogollón de bolitas, manzanitas rojas y relucientes y luces de colores de las antiguas, y justo debajo, colocaba mi abuela un pequeño Belén o Nacimiento que estaba dentro de una cesta (el Niño Jesús era diminuto, del tamaño de una alubia, pero nunca se perdió). Recuerdo pasarme HORAS en la oscuridad de ese salón, mirando las luces del árbol o esas pequeñas figuritas, imaginando historias... Mi abuela ponía un incienso de un olor muy agradable, que no he vuelto a encontrar, en un portainciensos que era un muñequito de madera (un señor que fumaba en pipa, y por la pipa salía el humo del incienso). Todavía tiene que estar por allí... Creo que tanto el incienso como la figura de madera la trajo mi tía de Alemania. También recuerdo que había al menos dos cintas de villancicos en español, los típicos niños cantores con las zambombas y las panderetas, y otra cinta con villancicos gitanos, que posteriormente he encontrado en formato CD en la Biblioteca. Y también recuerdo que mi abuela me los ponía una y otra vez porque a mi me encantaba escucharlos, y mi madre se acababa hartando (¡¿...pero otra vez estáis con los villancicos?!).

Mi tía se fue a trabajar a Alemania cuando aún no había cumplido la mayoría de edad, y al poco tiempo se instaló allí a vivir, donde tiene su familia. Para mi abuela fue algo muy duro que creo que nunca ha llegado a superar, el hecho de saber que una de tus hijas estará a miles de kilómetros de ti durante el resto de tu vida, excepto cuando venga de visita. Igual que tampoco llegó a superar el hecho de que otra de sus hijas muriera con 34 años (una historia que conté en otra entrada). Por tanto, la Navidad nunca fue fácil en aquella casa, y menos después de que muriera ella. Yo tenía nueve años. Se respiraba en la casa un ambiente lóbrego, oscuro... muy triste. Ese año pusimos el árbol y todos los adornos porque yo me empeñé, porque mi abuela no quería poner nada. Un día, no sé si fue la tarde de Nochebuena o Nochevieja, le pedí a mi abuela que me pusiera los villancicos de las cintas y se negó varias veces... y yo al principio no entendía por qué. Y mi padre le dijo que sí, que por qué no los íbamos a poner, que la niña tenía ganas de escucharlos... pues se pusieron en el cassette del comedor. No sé, no lo recuerdo como algo agradable. Todo el mundo estaba aún más triste cuando empezó a sonar la música y yo me sentí muy culpable porque había sido insensible... me sentí egoísta. Me di cuenta de que mi abuela se fue a llorar a la habitación y mi abuelo sinceramente no sé dónde estaba (puede que saliera fuera). Lo que más claramente recuerdo es a mi madre sentada en el sofá al lado de la chimenea con la mirada en ninguna parte, y especialmente a mi padre sentado en el banco, con la cara desencajada. Y yo intentando animarles, quería que bailaran, que se riera, como otras veces... como otros años. 

Pocos años después, también murió mi abuelo paterno, muy joven, sin llegar a cumplir los 70. Y también fue muy duro para todos porque fue una larga enfermedad. Ya entonces la Navidad no se celebraba en el pueblo, sino en casa de mis padres. Algo que agradecí, porque todo lo que tuviera que ver con la Navidad en aquella casa me angustiaba. Aunque yo seguía poniendo allí el árbol y el Belén (el Nacimiento pequeño y un Belén grande, con figuritas que me fue comprando mi abuela), allí apenas se iba a hacer alguna comida "de domingo", pero no en fechas señaladas. Y cuando fui algo más mayor, murió mi abuelo materno. Otro palo, también después de una larga enfermedad. 

Y así la gente se fue yendo. Y es lógico que las Navidades no sean las mismas desde que se pierden a los seres queridos. Y siempre con el recuerdo presente, sobre todo por parte de mi madre y mi abuela (aunque ahora cada vez menos...) de mi tía, mi tío y mis primos de Alemania. La Navidad en mi casa no es fácil. Nunca lo ha sido. Hemos sufrido, hemos llorado, nos hemos enfadado y también hemos intentado disfrutar de estas fechas, y yo cada año me sigo emocionando cada vez que escucho algunos villancicos. Adeste Fideles siempre me recordará a aquellas tardes eternas en el salón del pueblo, con el pequeño abeto y el incienso... Hasta que mi padre entraba en el salón y me decía: "¿Qué haces aquí sola? ¡Vamos para el comedor que aquí te vas a quedar helada!" A aquellas tardes felices con poco. Y sigo esperando con muchísima ilusión el momento de poner el árbol, y el Belén que hizo mi padre, y encender todos los portavelas, y poner villancicos, y cantarlos, y sacar la cubertería y las copas, y preparar la mesa, y reunir a la familia, y jugar a juegos de mesa... y...

No voy a volver a dar la brasa sobre lo que representa la Navidad para mí de una manera más espiritual, porque ya lo conté en otra entrada, solo quería trasladaros que cada uno debe intentar ser feliz en estas fechas aunque falten cosas, aunque nos falten seres queridos, aunque nos resulten consumistas... No sé, no le deis tantas vueltas, se trata de reunirse, recordar a los que no están de una manera positiva y alegrarse por los que estamos y podemos celebrarlo... Esas cosas.

¡Nos vemos en el próximo té!


Have yourself a merry little Christmas
Let your heart be light
From now on, our troubles will be out of sight

Have yourself a merry little Christmas
Make de Yuletime gay
From now on, all troubles will be miles away

Here we are as in olden days
happy golden days of yore
Faithfull friends who are dear to us
gather near to us once more

Through the years we all will be together
If the Fates allow
So hang a shining star upon the highest bough
And have yourself a merry little Christmas now



Ten una pequeña feliz Navidad
Deja que tu corazón sea liviano
A partir de ahora, nuestros problemas estarán fuera de vista

Ten una feliz pequeña Navidad
Haz que la época de Navidad sea alegre
A partir de ahora, todos los problemas estarán a millas de distancia

Aquí estamos como en los viejos tiempos
felices días dorados de antaño
Fieles amigos que nos son queridos
se reúnen cerca de nosotros una vez mas

A través de los años todos estaremos juntos
Si los Destinos permiten
Así que cuelgue una estrella brillante sobre la rama más alta
Y ten una pequeña feliz Navidad ahora

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Jazz para el Otoño

You are the summer and I am the autumn
Don't wait too long
My song go on when yours has just begun...
Don't wait too long

Fall is a lovely time of the year
When the leaves turn to golden brown
But soon fall is ending and winter is near
And the leaves start tumblin' down... oh no

Share every precious moment with me...
... don't wait too long