lunes, 20 de marzo de 2017

Lunes de horóscopo

El lunes es día de horóscopo. Con los rumores del fin de semana aún revoloteando por la habitación, entro en el ordenador y tecleo las palabras de rigor, mi mantra personal de estreno de semana, y le doy a intro. Y bueno: equinoccio, regente directo, la luna en mi signo... parece que pinta bien.

Ayer quedé de nuevo con el chico que me gusta. Primero cine y luego paseo. Hablamos de cosas más o menos triviales hasta que saqué un tema un poco más profundo y la conversación se tornó interesante. Resulta que no se encuentra cómodo con las personas, algo le impide sentirse totalmente relajado con alguien, y eso se extrapola a familia, amigos, novias, etc. Incluso a mí, claro está. Pues si supiera que yo también llevo ese nervio dentro cuando estoy con él... pero lo mío es por otra causa. Me acompañó hasta mi casa; fuimos dando un paseo por el borde del río mientras se hacía de noche. Una imagen que se me quedará en la retina, algo para construir un bonito recuerdo. Él en mi barrio, de noche, hablando, el olor a río, las casitas bajas, las últimas luces del día... Bonito, sin duda.


Nos despedimos y cuando llegó a casa me escribió al móvil. En los tiempos que vivimos las citas no se acaban si no se quiere: ahí está la mensajería instantánea para decir lo que se ha quedado en el tintero. Y es que en algún momento de nuestro paseo le dije que había estado pensando en cosas que habíamos hablado días antes, y que me daba la sensación de que le cuesta ilusionarse con la vida, y así comenzó otra conversación escrita. Que tuvo una novia hace años pero que no ha sentido que se haya vuelto a enamorar. Pues vaya, le respondí yo. Que le cuesta mucho crear un clima de confianza para que comience algo, pero que confía en que cuando entre dos personas hay sintonización, ocurre solo, de una manera natural. Es discutible, añadí. Porque no siempre se tienen las cosas tan claras por ambas partes, cuando se trata de dos personas muy iguales. Cuando es un sí pero no. Cuando por timidez o inseguridad ambos se quedan sin saber qué está pasando en realidad

He tenido mucho tiempo para pensar en esto, porque básicamente es la historia de mi vida. Para una persona como nosotros lo fácil es que nos busquen, nos halaguen, nos digan las cosas bien claras. Alguien con la seguridad que otorga no tener miedo a una negativa, porque ya vive en ella, y lo único que queda es la opción de cambiarla. Así es como empezó mi primera relación de pareja. Pero no siempre tiene por qué ser así.

Después de la conversación estuve pensando un buen rato: creo que no lo ve. No ve lo mismo que yo. Yo sí percibo esa sintonía, a veces más sutil y a veces más evidente. Puede que sea por el momento que vive que le impide ilusionarse, o porque es difícil para él comunicarse con las personas a través de las palabras. Pues dejaré de comunicarme con él exclusivamente a través del verbo, algo que ya intuía que no terminaba de ser eficiente.

Sé que estamos ahí, uno frente al otro, esperando algo. Hace años decliné la opción de ser la persona que empieza, la que pone en funcionamiento el engranaje. Era mucho más joven y no tenía ni idea sobre prácticamente nada, no tenía herramientas. Resulta que ahora sí que sé lo que quiero y lo que no. Hace unos días una amiga me dijo "¿Sabes lo que quieres? Pues ve a por ello"; y no le supe contestar. Ahora tengo la respuesta. Aunque a veces me atrapen las dudas en sus monstruosas redes, deformando mis pensamientos, lo he visto. Te he visto y me he visto. Sé lo que he sido y lo que no quiero volver a ser. Sé que esto no me va a ser fácil, pero no todos los caminos que llegan a buen puerto deben serlo. No estoy hablando de enfrentarse al otro, sino de enfrentarse a uno mismo. Lo que podríamos descubrir por el camino podría cambiarnos para siempre.

También nos lo dice el horóscopo: parece que estamos preparados para lo que venga.

¡Nos vemos en el próximo té!


jueves, 16 de marzo de 2017

Entre vivir y soñar

Cuando era pequeña tenía varios amigos imaginarios. Supongo que es algo normal en los niños, y más teniendo en cuenta el hecho de que no tengo hermanos y siempre he tenido poquitos amigos. Entonces, lo que no tenía, la compañía que anhelaba, me la tenía que inventar. Siendo un poco más mayor, esos amigos imaginarios se convirtieron en fantasías que soñaba de día. Me imaginaba con cualquier otra persona, viviendo una vida ajena, en otro lugar y haciendo otras cosas. Cualquier evocación me servía para realimentar mi imaginación: una escena de una película, una serie, una canción, una fotografía, la imagen de alguien desconocido, una conversación que escuchaba en la calle... Y construía una realidad paralela a partir de ahí. Podía pasar horas en esas ensoñaciones en las que no me sentía sola, viviendo una vida más emocionante que la que yo tenía, la cual valoraba como razonablemente aburrida.


Tenía un gran afán por imaginarme con una presencia masculina, y vivir apasionados romances. Y de ahí surgió el inventarme historias y conversaciones que copaban mis pensamientos antes de dormir. Tenía verdaderas conversaciones filosóficas con ellos, les contaba mis problemas y llegábamos a buenas conclusiones. Mi submundo nocturno era como un oasis al final del día. Los chicos de carne y hueso que me gustaban también se convertían en objeto de mis divagaciones mentales y mis historias imaginarias. Algo verdaderamente peligroso, ya que, en realidad, se trata de pensar a la otra persona en base a lo que te gustaría que fuera. Esa abstracción hacía que el mundo real cada vez me gustara menos, porque no encontraba mi lugar en él. Pero es que en mi mundo imaginario me sentía acompañada y valorada, algo que no encontraba en mi vida diaria.

Ahora que vuelvo a estar sola de nuevo después de muchos años en una relación, siento otra vez que mi imaginación divaga hacia similares escenarios, volviendo a caer en mis ensoñaciones. Creo que es una necesidad de respaldo emocional, de saber que existe alguien que me entienda y me quiera por lo que soy. Llegué a pensar que esto ocurre porque no me quiero lo suficiente, porque tengo un fallo en mi autoestima, pero empiezo a dudar de que esa sea la causa. Soy consciente de mi valía, de mis posibilidades y de muchas de mis limitaciones, y aún así sigue siendo muy difícil encontrar a alguien que me valore, que se atreva a ahondar más allá de la superficie y se sienta cómodo con lo que ve. 

Quizá busco una utopía. Me pregunto si hay alguien ahí fuera sintiendo lo mismo que yo, o son todo quimeras de mi imaginación. Me pregunto si es miedo a la soledad o va más allá. Me pregunto si debería pensar que conmigo me basto y me sobro. Me pregunto si estoy buscando en lugares donde nunca voy a encontrar nada. Me pregunto si siempre he estado en el lugar y momento equivocados. Me pregunto...

Tantas preguntas a las que ahora mismo no puedo dar respuesta. Mientras tanto mi mente, irremediablemente, vuelve a volar, imaginándome lejos. ¿Es una cuestión de perspectiva? ¿De expectativas? Quizá sea por mi capacidad para visualizar el futuro: mi pragmatismo anticipado me envía señales y me pone sobre aviso de los caminos que con el tiempo se volverán vacíos. Quizá, simplemente, sea ser inconformista.

¡Nos vemos en el próximo té!


miércoles, 15 de marzo de 2017

Premios Liebster Awards

Esta será una entrada diferente, ya que hace unos pocos días El Blog de Ángela me nominó a un Liebster Award, que es un premio que se otorga a los pequeños bloggeros (de menos de 200 seguidores), con el principal objetivo de darles a conocer un poquito más. Me parece una muy buena iniciativa y desde aquí quiero mandar un saludo y todo mi agradecimiento a Ángela por todo, e instaros a que visitéis su blog cuanto antes!

La historia es que tengo que contestar una serie de preguntas propuestas por Ángela, nominar a los blogs que considere necesario (hasta 20) y dejar las preguntas que quiero que mis nominados respondan. Así que sin más dilación, empiezo...

¿Cuál fue el motivo inicial de crear tu primer blog?
Llevaba tiempo rondándome la idea de escribir algo de una forma ordenada, con una especie de hilo conductor, y de paso, aclararme las ideas. El blog me parecía la mejor manera de vehiculizar mis pensamientos de una manera constructiva.

¿Por qué te gusta comunicar con el mundo a través de este sistema?
Siempre me ha parecido que hay cierto romanticismo en el hecho de de escribir en un blog, crear un lugar virtual que se corresponda un poco con tu pequeño universo personal o emocional, poner parte de ti en él y descubrir el poder sanador de la palabra escrita.

¿Qué consejo darías a alguien que se está planteando crear un blog?
Que no se lo pensara demasiado; si de repente se le viene a la cabeza una idea sobre la que hablar, que la escriba inmediatamente y comience la aventura. Y que no piense en las personas que le van a leer; simplemente que escriba para sí mism@.

¿Qué tipo de contenido tienen los blogs que sigues?
Bastante variado; sigo muchos blogs personales como el mío, otros sobre música, sobre cine, críticas literarias, poesía, relatos... 

¿Hay alguna entrada en tu blog de la que te sientes especialmente orgullos@?
No tengo ninguna en concreto; quizá una titulada Algo bonito para ti, porque me gusta como fui encadenando la historia y porque en su momento fue una gran revelación que me vi obligada a escribir sin remedio. Quizá dentro de un tiempo me sienta especialmente orgullosa de otra, quién sabe...

¿Tienes algún reto especial de cara al futuro para tu blog?
Probablemente la continuidad. Me gustaría seguir escribiendo y creciendo poco a poco, descubriendo nuevos lugares de la mente humana, nuevas teorías, nuevas revelaciones... y compartirlas. Ser constante también es un reto.

Si tuvieras que dejar de ser persona y tu existencia cambiase a ser del reino animal, ¿qué animal elegirías ser?
Con total seguridad diría que un gato, porque los adoro y me aportan mucha paz. Nunca me había parado a pensar en ello, así que no sé si sería el animal que mejor me representara, pero definitivamente molaría ser gato por un día.

Si por alguna razón pudieses elegir un súper-poder como los superhéroes, ¿Cuál te gustaría tener?
Ufff... ¡Se me ocurren tantas cosas! De pequeña quería tener el don de detener el tiempo... Adivinar el futuro me gustaría, pero sería un arma de doble filo. Quizá ahora me vendría bien el superpoder de no darle demasiadas vueltas a las cosas y disfrutar de lo que me ofrezca la vida. Lo considero un superpoder porque para mí es bastante difícil.

¿Puedes compartir tu canción favorita y por qué motivo es tan especial para ti?
Para mi es muy difícil elegir una, porque depende del momento, pero llevo mucho tiempo enamorada de la música y la letra de las canciones de Sting, y podría citar muchas. Hoy me voy a quedar con If I ever lose my faith in you, porque habla sobre perder la fe en muchas cosas, pero cómo tener fe en una persona te puede salvar la vida. Eso es amor.

Dedica unos cuantos renglones a explicar qué te gustaría cambiar de este mundo y cómo debería conseguirse ese cambio.
Últimamente creo que la mayoría de los problemas que existen en el mundo se resolverían con una buena educación desde niños, y no estoy hablando de ir al colegio más pijo de la ciudad ni de ir de uniforme; hablo de educación en valores, desde el amor, la compasión y la tolerancia, en el más amplio sentido de cada palabra. Qué difícil me parece hoy por hoy. 

¿Tienes prevista cuál será tu próxima aportación a tu blog? ¿Alguna idea del contenido?
Admito que llevo un tiempo ligeramente bloqueada con el contenido, fundamentalmente porque escribo sobre "mi vida" y mis revelaciones personales y ahora mismo estoy en un momento de parón emocional. Pero tengo previsto escribir varias cosas sobre varios temas (qué preciso...).


Y LOS NOMINADOS SON...
  • El Bar de Rick. Porque escribe con impecable e implacable precisión sobre la música, y sus últimas entradas sobre la música en España me han volado la cabeza... ¡Genio!
  • Deux Ex Machina 2.0. Lo he descubierto recientemente y me parece un gran blog sobre críticas de cine; es capaz de destilar como en un alambique la esencia de la película de una manera muy objetiva. 
  • Palabras en el tiempo. Blog de poesía escrita personalmente por la autora. Simplemente hermosa.
  • Durmiendo en los coches. Nunca disfruté tanto de la prosa poética. Sus reflexiones remueven algo por dentro, quizá por la capacidad de evocar imágenes que ahondan en nuestro subconsciente con las que cualquiera puede sentirse identificado, utilizando tándem literatura/naturaleza que amalgama con tanta delicadeza en sus textos. Una forma de escribir muy reconocible, con imágenes y recursos propios. 
  • La vida misma. Más prosa poética que bien se podría convertir en canciones urgentes, de estas en las echar demonios fuera para que dejen de revolverse por dentro. Melancolía urbana y cruda.  

Y las preguntas para mis nominados son... 
  1. ¿Qué te inspiró para crear tu blog?
  2. ¿Por qué te gusta comunicar con el mundo a través de este sistema?
  3. ¿Qué consejo darías a alguien que está planteándose crear un blog?
  4. ¿Qué tipo de contenido tienen los blogs que sigues?
  5. ¿Hay alguna entrada en tu blog de la que te sientas especialmente orgullos@?
  6. ¿Cuáles son tus blogs favoritos y por qué?
  7. ¿Qué te motiva más para escribir en tu blog?
  8. ¿Cuál es tu película favorita y por qué es especial para ti?
  9. ¿Cuál es tu canción favorita y por qué es especial para ti?
  10. ¿Cómo ves tu blog en el futuro? ¿Qué expectativas tienes en él?
  11. ¿Te has planteado escribir un blog con una temática completamente diferente? 
Me gustaría dar de nuevo las gracias a Ángela por nominarme; hay muchos otros blogs seguro merecedores de una nominación, por eso animo a mis nominados a seguir con esta cadena y seguir dando a conocer el contenido de los blogs que siguen. Desde que comencé mi andadura por La Blogosfera he descubierto cosas que jamás imaginé: textos con muchísima calidad, con la que muchos best-sellers actuales ni siquiera pueden soñar; autores con una capacidad sintética y de comunicación maravillosa; personas en plena ebullición deseosas de compartir sus filosofía con los demás que hacen que recupere la esperanza en el género humano... Creo que hay mucho por descubrir y este tipo de iniciativas ayuda a que tantísimo talento no se quede reducido a una pequeña parte de Internet, y empiece a formar parte positiva de la vida de otras personas. 

¡Nos vemos en el próximo té!


lunes, 6 de marzo de 2017

La vida en las cavernas

Últimamente mis días son ciertamente caóticos; no me centro. Quizá sea porque tengo demasiados proyectos entre manos y muchas ganas de desarrollarlos todos a la vez. O porque de repente veo que la vida que para mí tenía un sentido ha ido cambiando hasta estar bastante irreconocible. No es que eso me desaliente, pero inevitablemente me desconcierta, y me distrae.

Desde que tengo uso de razón, los estudios han constituido el principal motor de mi vida. Estudiar y sacar buenas notas era algo fácilmente correlacionable: si te aplicabas, salía bien y se te reconocían tus méritos. Y en verano, vacaciones y a disfrutar de la vida: amigos, pisci, familia, pueblo, helados, acostarse tarde, noches estrelladas, etc. Nadie te prepara para qué pasará cuando se acabe eso. Ahora entiendo a aquellos que sacaban malas notas y además les daba igual. Quizá porque en la vida hay otras cosas más "relevantes", y ellos, inconscientemente, eran poseedores de esta sabiduría. Que si hábito de estudio, que si lo que hagas hoy servirá para construirte un futuro el día de mañana, que si trabaja día a día... Joder, valores que yo personalmente tengo a fuego grabados en la cabeza. El problema es que no lo son todo. En serio, ¿quién te prepara para lo que viene después? Y ya no estoy hablando del momento de entrar en el mercado laboral, con sus consiguientes incógnitas vitales... Voy más allá. Estoy hablando de que incluso cuando ya has empezado a trabajar, sigues con el mismo riesgo de no entender qué estás haciendo, aunque estés haciendo algo que te llena y te gusta, algo para lo que te has preparado. 

¿Y si el trabajo no dignifica al hombre? ¿Y si estamos haciendo las cosas al revés? ¿Realmente es necesario trabajar en lo que a uno le gusta para sentirse bien? Vaya... qué sorpresa me he llevado cuando me surgió trabajo "de lo mío", y seguía igualmente desmotivada. Igual es que sigo sin poder poner mis asuntos en orden, como sabréis aquellos que habéis transitado alguna vez por este blog. Ahora que he acabado de estudiar y estoy trabajando, ahora que ya no tengo pareja después de siete años y medio, ahora que tengo menos relaciones sociales que nunca, ahora que parece que el tiempo se detiene a ratos para recordarme que sigo sin ubicarme en la vida, ahora que intento centrarme en mí misma sin llegar a conseguirlo, ahora que... Un largo ahora que...

Desde hace un tiempo pienso en cómo hemos construido nuestra sociedad, nuestro mundo... ¿cómo demonios hemos llegado hasta aquí? Toda esta infraestructura social que nos hemos autoimpuesto me parece absurda y me pregunto cómo serían las cosas si todo fuera más sencillo. Quiero decir, ¿cómo sería la vida si todavía viviéramos en las cavernas? ¿Estaríamos preocupados por todas estas cosas? Naturalmente que no... ¿o sí? ¿Estaríamos preocupados por ubicarnos en la vida? ¿O estaríamos más preocupados por encontrar alimento, cobijo e intentar no morirnos a los 35? ¿Estaríamos preocupados por nuestras relaciones sociales? ¿Qué nos hizo llegar hasta aquí? 

Pienso que hemos llegado hasta este punto por nuestra imperiosa necesidad de "mejorar" las cosas, de mejorar nuestra vida y hacerla más cómoda y segura. Desde un punto de vista evolutivo, como especie este comportamiento es totalmente comprensible (en la Naturaleza siempre se tiende a eso). Pero claro, en todo ese proceso también tuvimos que desarrollar nuestro cerebro... ¿Será nuestra inteligencia la causa de nuestros problemas? ¿Sería mejor vivir en la ignorancia, como los animales? Lo verdaderamente relevante es que, llegados hasta nuestros días, todos los demonios interiores del ser humano han aflorado y los vemos cada día en nuestras vidas, en nuestros trabajos, en los medios de comunicación, y el reflejo es que vivimos en un entorno más deshumanizado que nunca. Es intoxicante. Creo que antes, en las cavernas, se le daba mayor valor a la vida, estoy segura. Ahora parece que la vida es algo que tenemos que vivir por obligación y dentro de una serie de pautas absurdas. Por eso es un sinsentido. Quizá quienes no se lo plantean no ven que es un sinsentido, y para ellos, la vida tiene sentido. Qué paradoja. 

Entonces, toda aquella infraestructura social en la que he vivido los últimos veinte años me ha protegido relativamente de plantearme todas estas cuestiones. Pero una mente en ebullición como la mía solo estaba postergando el momento de enfrentarse a ello abiertamente. Nadie te prepara para cuando se disipa esa cortina de humo, y es entonces cuando necesitas romper con todo para ver qué misterio encierra la vida. Un poco como hizo Descartes en el Discurso del Método, empezar a dudar de todo. Ahora entiendo a aquellos pensadores griegos que se pasaban el día en túnica blanca filosofando sobre la vida... Desde que salimos de las cavernas, no nos ha quedado otro remedio.

Aquí Johnny Depp en Desde el Infierno, buscándole sentido a su vida a través de una
botella de absenta ;D 

miércoles, 15 de febrero de 2017

San Valentín traicionero

¡Y yo que pensaba que me iba a librar de escribir una entrada dedicada a nuestro escurridizo amigo San Valentín! Es cierto, lo estoy haciendo porque quiero, aunque más bien diría que porque no me queda otro remedio: esto de escribir acaba siendo como un exorcismo.

Este ha sido el primer San Valentín desde hace ocho años en el que estoy soltera. Me levanté pensando que iba a ser un día normal y corriente, sin darle la mayor importancia, dispuesta a pasar de mensajes, frases, fotos y demás alegorías virtuales. Y supongo que lo conseguí, pero llegó un momento en el que entré en una espiral de dudas acerca de todo lo que había hecho hasta ahora. Os cuento.

La semana pasada, el chico que me gusta y yo quedamos solos un par de días para salir: un día fuimos al cine y al otro día fuimos al teatro... Guau, yo estaba un poco en las nubes, no me lo terminaba de creer. El día del cine no fue mal, pero fue quedar justito para entrar a la sala, y al salir, por circunstancias, no nos pudimos entretener demasiado hablando. Lo evidente fue el día del teatro, en el que él se fue directamente a su casa sin dar opción a hablar un poco, tomar algo, etc. Simplemente se despidió... y adiós muy buenas. Me quedé con una poker face estratosférica, que creo que no supe disimular de ninguna manera. No entendía lo que había pasado... ¿hola? ¿no me acompañas ni siquiera a la parada del bus? Vamos, no fue suficiente saber que pasa de mí, sino que además me entero de que para él los formalismos y la consideración son algo con lo que no está muy familiarizado, o que en cualquier caso, no iba a aplicar conmigo.


Dudas y remordimientos al canto. A quién quiero engañar: me pillé de otra persona mientras tenía pareja y se me vino el mundo abajo. Yo sabía que era algo que me iba a suceder en un momento u otro, porque sé de sobra las cuentas pendientes que dejé conmigo misma. Y con la esperanza de que este nuevo chico me dejara entrar en su vida, dejé a mi novio. Pensaba que eso le haría acercarse más e intentar algo, ya que me parecía que yo también le gustaba. Cuando el otro día pasó de mi, me quedó bastante claro que mi actitud tenía que cambiar, que estaba esperando demasiado del mundo. Ya me valió, exigirle tanto a una persona, depositar tantas expectativas. Si os soy sincera, después de tantos años en una relación, ya pensaba en el otro chico como mi futuro novio... ERROR, tremendo error. ¿Por qué te hiciste eso a ti misma?, me pregunto ahora. Me acomodé a la sensación de vivir en pareja, y aunque sabía que debía vivir un tiempo sin ella para aclararme las ideas, no podía evitar desearlo.

Y entonces, nuestro amigo San Valentín hizo de las suyas cuando me fui a dormir el día 14, porque ¿qué sería de un San Valentín de soltero sin un poco de autodestrucción y un par de horas en vela? Y ahí vinieron todas las dudas de golpe, mezcladas con un montón de sentimientos que no sé ni desengranar: ¿Por qué de repente no recordaba ninguna razón sólida para hacer lo que hice? ¿Por qué me sentía estúpida por haber terminado una relación tan bonita, así, por las buenas? No encontraba el propósito a mi decisión, y me pareció que había estado tres meses perdiendo el tiempo y complicando las cosas cuando son mucho más fáciles, dejándome engañar por quimeras y cortinas de humo que me había construido yo misma... y entonces llegó la pregunta del  millón, que nunca había venido a mi con más fuerza ¿Y si vuelvo con mi novio?

Cuando al día siguiente me levanté por la mañana, nuestro amigo San Valentín ya se había ido, lo que me permitió recuperar mi objetividad, y había venido otro santo, concretamente San Claudio de la Colombière (según mi calendario), un santo con mucha más templanza y mano izquierda:

 - Cuéntame, querida, ¿de qué te va a servir volver con tu novio si todavía no has solucionado ninguno de tus problemas? ¿Y si después de retomar la relación vuelves a estar frustrada y le comienzas culpabilizar? ¿No crees que te debes una oportunidad a ti misma?
 - Tiene usted razón, San Claudio, ahora mismo sigo estando muy débil emocionalmente para tomar cualquier decisión.

Qué traicionero San Valentín, que te descoloca tus esquemas incluso subconscientemente... yo que creía que eso de sentirse mal el 14 de febrero por no tener pareja era algo inventado por el mass media... ¡Ingenua de mí!

Pienso que no he tomado decisiones desacertadas: el origen de mi sufrimiento ha sido esperar y desear que ocurrieran cosas que no estaban en mano de nadie. Por eso os digo que primero, antes de tomar una decisión tan trascendente, hay que pararse a pensar muy mucho las cosas, sobre todo darse a uno mismo la oportunidad de descubrirse y valorarse un poquito más, porque no necesitamos a nadie para estar completos. Los que me leéis habitualmente estaréis cansados de ver esta idea por aquí... Me conviene repetirlo, a ver si de una vez me lo acabo creyendo.

¡Nos vemos en el próximo té!


sábado, 11 de febrero de 2017

Amor, apego y desesperación

El otro día leí una entrada muy interesante sobre el sentimiento de apego relacionado con el amor. Resulta que hoy por hoy el apego se considera algo negativo, porque mal entendido lleva a desarrollar relaciones dependientes y a la frustración. La autora introduce un concepto que me parece brillante, el de la gente desnatada, con 0% apego (¡me quito el sombrero!), que busca, ni más ni menos que deshacerse de este sentimiento para no sufrir. 

Hace muy poquito tiempo yo estaba en una situación emocional bastante comprometida, por decirlo de alguna manera. Supongo que fue fruto de una frustración previa que ya acarreaba, pero el caso es que me empezó a gustar otra persona (como ya comenté aquí) y estuve bastante desesperada por varios motivos, entre ellos, porque no veía la manera de llegar a él (muy probablemente una barrera autoimpuesta). La frustración que me generaba pensar que yo no le gustaba y que no había nada que hacer, era intensa y me devastaba por dentro. Durante varias semanas ese sentimiento estuvo en la base de mis pensamientos, a veces un poco más atenuado, pero siempre presente. 

En esa desesperación me dedicaba a buscar cosas que me hicieran sentir mejor en sitios poco recomendables: foros, vídeos, webs "para mujeres"... Allí donde habitan consejos horribles que fundamentalmente desempoderan al género femenino (bueno, y a cualquiera). Bien es verdad que cuando se trata de internet, uno encuentra lo que quiere encontrar y no lo que necesita, no es la bola de cristal. Hiciera la pregunta que hiciera siempre acababa en listas del tipo "10 Consejos para seducir a un hombre", "Cómo hacerle saber que existes", "7 Trucos infalibles para que se fije en ti", y un largo etcétera que casi prefiero no recordar. Pero el culmen de esa triste búsqueda llegó cuando un día llegué a un canal de Youtube en el que un hombre se dedica, entre otras cosas, a dar consejos a mujeres que le mandan misivas desesperadas sobre sus relaciones. Concretamente, tiene una serie llamada Penas de amor, en la que las suscriptoras le envían sus historias, él las lee y al final del vídeo las comenta y les da consejos... en fin. Su más sincera intención es la de ayudar, pero a poco que visualicéis algún vídeo de estos os daréis cuenta de que en ellos hay muchos tópicos machistas que no cambian el paradigma y no hacen sino realimentar modelos negativos. El caso es que después de ver dos o tres vídeos de este estilo me empezó a entrar muchísima angustia, porque había historias desgarradoras, en las que se mezclaba la frustración en el matrimonio con el descubrimiento de un nuevo amor, relaciones disbalanceadas en la que el hombre solía estar en posición de poder, amores perdidos sin saber por qué, mujeres desesperadas por atraer de nuevo a su hombre y todo tipo de relaciones abusivas emocionalmente. Me dije "¿Esto es lo que me espera? ¿Es lo que quiero para mi vida: estar pendiente de los devenires de otra persona, darle un cetro de poder sobre mis emociones?" Lo vi muy chungo.


No hay mal que por bien no venga, porque al día siguiente cuando me levanté sentí que me había quitado un peso de encima, así, de repente. Ya no tenía ese agobio ni esa desesperación por saber si le gustaba o no a ese chico: si tenía que ser, sería, y si no, no era para mi. Fue como si esos vídeos me hubieran quitado todas las tonterías de una bofetada virtual

Poco a poco te va llegando todo lo que necesitas, si lo permites. Prueba de ello es que llegué a esa entrada que comentaba sobre el apego. Hablando con la autora en los comentarios, me comentó que para disfrutar de las personas es importante no hacerlas imprescindibles, sino compañeras de camino, sin crear dependencias ni uniones basadas en la atadura. ¡Qué difícil me parece! Sobre todo porque nadie nos educa en ello: vivimos en un entorno absurdo en el que no queremos sentir apego, pero no se nos enseña a querer sin poseer. Como bien apunta en otra de sus entradas, el amor es una asignatura pendiente, porque se presupone que la enseñanza en esta materia nos la da la vida y debemos aprender sobre la marcha. Más bien lo que hacemos es lastimarnos y lastimar a los demás sobre la marcha.

Me doy cuenta de que este es un tema muy usual en mi blog; hace tiempo escribí una entrada sobre los pasos que hay que dar antes de embarcarse en cualquier relación sentimental, y otra un poco más reciente en la que hablaba de lo difícil que es aplicar esa teoría al plano práctico, pero lo necesario que es si no queremos que cualquier vaivén externo nos tumbe y nos determine la vida, y por consiguiente, nuestra felicidad.

Poco a poco voy detectando errores que he cometido (y que probablemente siga cometiendo), pero el hecho de saber que primero debemos contar con nosotros mismos  para después entregarnos a los demás es una idea que me empodera, pero en la que que debo seguir trabajando (y sospecho que no soy la única que tiene que hacerlo). No podemos pretender poseer a los demás; el amor va mucho más allá de todo eso. Ya lo dice la canción de Sting: If you love somebody, set them free (Si amas a alguien, déjalo ser libre). Es una verdad como un templo. Es la forma más sana de amar, tanto para nosotros mismos como para la otra persona. Además, me he dado cuenta de que en el momento que dejas de intentar amarrar y aprisionar lo que tanto ansías por miedo a que no sea posible o a que se vaya, todo se vuelve mucho más fácil, ya que dejas de depender de lo externo para sentirte bien... es una liberación. Y eso no es desapego, es amor sin cadenas.

¡Nos vemos en el próximo té!


lunes, 6 de febrero de 2017

La ciudad de las estrellas

"El sueño de tu vida no siempre se corresponde con la vida de tus sueños"


No voy a hacer una crítica de la película, que podrá ser mejor o peor técnicamente, porque no soy experta en cine ni pretendo serlo; quiero hablar de lo que me ha transmitido como espectadora. Es más, me gustaría huir de análisis técnicos, agravios comparativos y palabrejas enrevesadas que tanto hacen las delicias de críticos y cinéfilos (sin que nadie se ofenda). Sobra decir que esto va con spoilers incluidos

Entré en la sala de cine sin muchas expectativas, esperándome la típica superproducción hollywoodiense, porque era lo que me parecía (es más, es la estética que la película persigue). Las primeras escenas de baile y música me confirmaron todo lo anterior, hasta que empecé a conocer la historia detrás de cada personaje: una actriz buscando su oportunidad para triunfar, un músico buscando la oportunidad para hacerle entender al mundo cuál es la música que merece la pena. La pasión y la frustración es lo que, cósmicamente, les hace coincidir, entrelazando sus destinos y dándoles la oportunidad de construir algo juntos. 

Los dos están de vuelta de muchas cosas, sobre todo él, lo que en un primer momento le hace perderse la oportunidad de conocer a la primera persona que en mucho tiempo ha sabido apreciar su música. Pero el destino le brindará otra oportunidad más adelante en una fiesta, y ambos saben que no pueden dejarla escapar. Cuando ésta acaba y él la acompaña a su coche, el hilo conductor de la escena es "mira, no me gustas, es una pena que sea una noche encantadora, pero... vaya, no hay ni una pequeña chispa, lo siento". Al menos eso es lo que los personajes se dicen verbalmente, pero no es lo que está ocurriendo dentro de ellos, como así lo deja claro el primer número de baile que interpretan juntos. La química es casi instantánea. El problema no es el corazón, sino la mente que te está diciendo que no te ilusiones y que intentes rebajar las expectativas (o más bien, aniquilarlas).


La noche acaba y se despiden sin siquiera darse un número de contacto. Pero es evidente que él no lo necesita, ya que sabe dónde encontrarla: en la cafetería donde trabaja. Obviamente, allí estará él al día siguiente, para invitarla al cine. ¿Clásico? Obviamente. Pero hay un problema: ella tiene pareja, y la cita del cine coincide con una cena de negocios con su novio formal. Ahí es donde ella toma su primera decisión vital. Acepta ir a la cena, pero no por mucho tiempo. Sabe el mundo que se ha abierto ante sus ojos (o que podría llegar a abrirse) y no puede dejarlo escapar. Se levanta de la mesa y se va corriendo al cine. 

Allí está él, ya un poco escéptico, pero sentado en la butaca correspondiente. Se miran, ella se sienta, y no median palabra. No necesitan hacerlo, la comunicación entre ellos es fundamentalmente a través de las miradas. No sé qué habría sido del guión sin ese factor añadido. Este es el primer peldaño de una relación que empieza. Comienzan a pasar mucho tiempo juntos, a compartir sueños e inquietudes. Él la anima a escribir su propia obra de teatro, y ella le insufla a él la suficiente vida como para que se de cuenta de que debe luchar por su sueño, aunque para ello deba aceptar un trabajo que no le gusta, para en el futuro poder montar su propio club de jazz.


Su relación es intensa, no hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta de que la influencia de uno en el otro es profunda y transformadora. Poco a poco va pasando el tiempo y la vida, surgen momentos, ideas, canciones, oportunidades, discusiones... El bache de rigor de toda película, la crisis en la relación. Y también la gran oportunidad de ella, el momento de salir al extranjero, trabajar duro y luchar por lo que ha estado soñando en la ciudad de los sueños. Él le dice que debe centrarse por completo en ello, lo que conlleva dejar su relación.

Años más tarde, la vemos a ella: estrella triunfadora del momento, reputada actriz, carrera económicamente solvente, alta costura, casa enorme, marido con traje, hijos con asistenta... ¿Es la vida que quieres? Nos preguntamos todos, sentados en las butacas. El director ya se encargó que todo aquello no nos encajara mucho. Ella y su nuevo marido salen a cenar, y después a escuchar música. El destino, veleidoso y juguetón, decide que entren en el club de jazz de él: abarrotado de gente, con vida, músicos profesionales, público amante del género... Pero su mirada, vacía, sin chispa ¿Es la vida que quieres? Nos preguntamos todos, sentados en las butacas. Él la encuentra con la mirada. Se sienta al piano, y comienza a tocar su canción. Lo más sincero de toda la escena. De nuevo las miradas y la retrospectiva, en la que vemos cómo hubiera sido su vida juntos si vivieran en un mundo perfecto, sin contratiempos, complicaciones o incompatibilidades.


Termina la canción. La tensión que ha provocado entre los dos ese torbellino de emociones es palpable, casi se materializa. Vuelve la duda a la mirada de ella, como aquella vez en el restaurante, en que decidió salir corriendo de allí para reunirse con él en el cine. Pero la decisión que toma esta vez es muy diferente: se levanta de la silla con su nuevo marido, comparte una última mirada de complicidad con él, y ambos abandonan el club. Ella se decidió por su nueva vida: el éxito de su carrera pesó demasiado. Quién sabe si la vida le volverá a ofrecer otra oportunidad para decidirse.

Su andanza juntos les sirvió para reforzarse: ambos fueron para el otro el impulso que necesitaban para brillar. Lo que es seguro es que la huella que se han dejado mutuamente es muy difícil de borrar. Ambos se tendrán presentes el uno al otro durante el resto de su vida, como algo más que el mero recuerdo de una relación pasada.

Esto es una película, pero la realidad también es así de caprichosa: nuestra vida no siempre resulta tal como la habíamos imaginado, y a veces tenemos que transigir con ella, aceptando las cosas que no pueden ser. O puede que seamos nosotros, que dejamos escapar unas oportunidades por aferrarnos a otras que pensamos que nos van a hacer más felices. Nuestras ambiciones y expectativas nos ciegan en ocasiones, impidiendo que veamos lo que de verdad es esencial y lo que no lo es tanto.

Lo dicho... El sueño de tu vida no siempre se corresponde con la vida de tus sueños.