lunes, 11 de noviembre de 2019

Elecciones

Nuestras elecciones son las que van dando a conocer nuestro rumbo a seguir. No me refiero a las elecciones de la urna y la papeleta, sino a las que tomamos en el día a día, las decisiones que resolvemos de manera cotidiana. Lo que elegimos y lo que descartamos. Ese cúmulo de decisiones son las que, inevitablemente, determinan el lugar donde estamos y estaremos. ¿Hay sitio para el azar? Por supuesto, en unos casos más que en otros, pero ningún ser humano deja totalmente el rumbo de su vida en manos del azar, del destino o de la divina providencia; hasta el más cristiano realiza sus propias decisiones y se ve determinado por ellas. Con esto quiero decir, y haciendo una referencia bastante pobre a la situación vivida ayer en España, que cada vez soy más consciente del poder que tienen nuestras decisiones en la vida.

El otro día me ofrecieron de una manera muy vehemente ser comercial de una conocida marca de cosmética. El procedimiento fue el habitual: te hago una demostración, vale pues cuando te venga bien, oye me gustaría comprarte tal producto, vale quedamos y te cuento... Etc. Nunca pensé que esa reunión me haría plantearme de una manera tan drástica el momento vital en el que estoy actualmente.

Pensaba que haríamos una transacción rápida mientras tomábamos un café (en mi caso, fue té). Comenzó por preguntarme por mi trabajo, y yo como buena inocente de la vida, le conté todos los pormenores: autónoma, con negocio propio, sacando ideas de donde no las hay, invirtiendo tiempo que no sé si será rentabilizado, picando piedra en redes sociales, etc. Pensé que era una especie de conversación de "amigas", y que de verdad esa persona tenía un interés sincero por conocer todos esos datos. Pero entonces, la pregunta: ¿y tú te ves haciendo eso indefinidamente?

Me dejó los ojos como platos... Hombre, quizá, si he apostado por ello, será porque creo en mi propio proyecto y en mi profesión, ¿no? Pero ahí no acabó la cosa: Porque a mayores de lo que ganas, ¿qué te gustaría ganar? ¿quinientos o mil euros más...?

Puede que cualquier otra persona que no esté en una situación tan delicada como la mía encuentre estas palabras algo normal: una captación comercial, nada más. Sin embargo, para alguien que está luchando por trabajar ejerciendo su profesión, para lo que se ha formado en la Universidad durante cinco años, invirtiendo dinero y esfuerzos en grado y máster, volviendo a su ciudad y apostando por el autoempleo, os aseguro que es algo así como una patada en el estómago. Ya no solo por el contenido del mensaje, sino por la manera de llegar a él: primero me pregunta por mi vida laboral y después me invita a formar parte de su mundo de cosmética, porque parece ser, mi vida tal cual es, resulta ser bastante mierda, ya que gano muy poco dinero y lo que de verdad necesito es vender cremas.

La vida del autónomo que dedica un buen porcentaje de su tiempo a trabajar desde casa: sin blanca, y como no te descuides, acabas en bata todo el día (Johnny Depp, en un fotograma de la película: La Ventana Secreta).

No le bastó mi educada negativa inicial, ya que siguió insistiendo en el tema, y yo sacando balones fuera, tratando de hacerle entender que para mí en este momento no es posible comprometerme con otra fuente de trabajo (que sí, que me conozco y que para mí eso no iba a ser ningún hobby ni ningún momento de relax, tal como ella argumentaba), que no tengo dotes de comercial ni tampoco tiempo, fuerzas o claridad mental para ello, aunque parezca que día a día no hago nada porque no trabajo 8 horas al día en una oficina. 

A mi no me importa que ella aspire a eso (utilizando sus propias palabras), que decida invertir tiempo en esa tarea, además de su trabajo, su casa y su familia. Encuentro respetable lo que las personas decidan hacer con su tiempo, pero puede que a mi no me apetezca acabar mi jornada laboral y ocupar mi tiempo libre, o bien el del sábado o domingo, invirtiendo esas horas en realizar clases de belleza y venta de productos. Puede que yo sea otro tipo de persona, puede que aspire a otras cosas en la vida. Si pensó que podría captarme solo planteando el beneficio económico, se equivocó conmigo de medio a medio.

Me llego a sorprender a mí misma a veces, ya que no era consciente de lo férreos que son mis principios e ideales. Me visualizaba invirtiendo mi preciado tiempo libre en esa actividad, y me vi a mí misma siendo bastante infeliz, renunciando o recortando el tiempo de las cosas que realmente me motivan. Y aunque el beneficio económico fuera realmente el que ella me planteó, dudo que me compensara. Cuando comienzas algo por tu cuenta debes ilusionarte y volcarte en ello, invirtiendo la mayor parte tu tiempo y esfuerzo, al menos si quieres tener alguna posibilidad de que funcione. ¿Qué sentido tendría para mí empezar a aspirar a otra cosa? Sería como renunciar a mis princpios y a mi profesión, en pos de algo supuestamente más fácil y rentable. Si hubiera querido seguir un camino fácil, mis decisiones en la vida habrían sido otras. Sin embargo, elegí el camino en el que creo.

Espero que, sea quien sea que lea estas líneas, sus elecciones le lleven al lugar donde quiere estar, y no donde otros le dicen que debería estar. Mucha suerte para aquellos que comienzan algo. Os deseo la capacidad de convertir en estrellas a las piedras del camino.

¡Nos vemos en el próximo té!

miércoles, 23 de octubre de 2019

Deconstruyendo la infidelidad

Infidelidades hay muchas, y de muchos tipos y orígenes: infidelidad a uno mismo, a la pareja, a nuestro banco de confianza, a nuestra propia conciencia... Pero hoy hablaré de la "infidelidad" por antonomasia: la que ocurre en una relación amorosa. Comencemos definiendo un poco los términos:

infidelidad
   nombre femenino
 Falta de fidelidad que alguien manifiesta a algo o alguien

infidelidad amorosa
   nombre femenino
Cuando en una relación amorosa, uno de los dos involucrados quebranta el compromiso de exclusividad de la pareja establecido, al mantener una relación con una persona externa a la pareja, de forma ocasional o continua

Por tanto, entendemos como infidelidad una relación externa que se da en una pareja que no mantiene una relación abierta ni poligámica, sino de exclusividad. También hay que tener en cuenta que existen varios tipos de infidelidad amorosa, no solamente sexual, sino también afectiva (sentimientos por otra persona, sin realizar ningún tipo de acto sexual), puede darse a través de internet o de manera física, puede ser directa (planificada o deliberada) o indirecta (no había una intencionalidad previa, surge "sin esperarlo"), o incluso puede ser "de aprobación", para provocar la ruptura de una relación que la persona considera que ya no tiene futuro. Tras un vistazo rápido por internet, puedo leer múltiples motivos de infidelidad
Insatisfacción sexual, aburrimiento, necesidad de experimentar nuevas emociones, narcisismo, venganza, desenamoramiento, habilidad de conquista del tercero/a involucrado/a insatisfacción emocional, problemas de comunicación con la pareja, necesidad de amor, crisis, abandono emocional, adicción al sexo, etc.
Siempre he deducido que la persona que es infiel a su pareja, lo es por una necesidad; es decir, hay algo que falta, algo que no encuentra y necesita ser buscado fuera. Porque no es infiel quien está a gusto y satisfecho con su relación... ¿O quizá sí? ¿Es posible que haya personas que tengan una relación extraoficial pese a estar satisfechas con su pareja? 

Me aventuro a decir que sí, por ejemplo, aquellas insatisfechas consigo mismas o con problemas emocionales o de autoestima: no encuentran en su pareja actual lo que les satisface, pero tampoco lo encontrarán en su relación extraoficial, ya que el vacío se encuentra "dentro" de la persona. Puede que todos en algún momento de la vida nos hayamos sentido atraídos por otra persona que no es nuestra pareja, y eso nos haya hecho plantearnos ciertas preguntas. Dentro de nuestra relación aparentemente sana, ¿algo va mal?¿nos ha dejado de gustar nuestra pareja? O puede que nos ha apetecido dejarnos llevar por la novedad y la adrenalina que implica la seducción. A veces la respuesta a estas preguntas se salda cometiendo la infidelidad en sí misma, que plantea otra serie de cuestiones y problemática, incluso a nivel social.

A nivel psicológico, la infidelidad causa a la persona que la sufre un torrente de pensamientos irracionales: tristeza, ira, baja autoestima ("no sirvo para nada", "nadie me necesita", "he fracasado como pareja", etc). Da lugar a un pensamiento polar de todo-o-nada, a través del cual se comienza a ver a la pareja como a un completo desconocido/a, omitiendo los recuerdos agradables sobre la otra persona. Se altera la percepción de la otra persona y podría constituir un sesgo a la hora de reinterpretar la relación amorosa de forma holística. Pero claro, ¿es posible evitar totalmente estos pensamientos irracionales e intentar racionalizar la situación? A mi me parece que, de entrada, es mucho pedir. Se necesitaría de una educación emocional bastante avanzada.

911 Emergency...? Hello! I just killed my boyfriend (Vídeo-clip Paparazzi, Lady Gaga)

Según el psicoanálisis, la infidelidad podría ser un acto compensatorio ante la insatisfacción sexual o el desencanto en la relación, o bien una búsqueda ilusioria de libertad para evitar un vínculo afectivo profundo, o bien constituye una reacción provocada por temor a la responsabilidad que causa una relación. Sería una especie de vía de escape más o menos inconsciente.

No siempre la infidelidad causa la ruptura; muchas veces las personas valoran si les compensa más continuar su vida tal cual es, apartando la vista, para no perjudicar su estatus social, económico o familiar. Pero supongo que se crea una mella o fractura en la confianza muy difícil de ignorar. Otras parejas optan por realizar una terapia conjunta para superar ese bache: la persona "engañada" debe estar dispuesta a aprender poco a poco a confiar de nuevo en su pareja, y la persona que cometió la infidelidad debe tener mucha paciencia para que la confianza se restaure. En internet, hay numerosos artículos sobre cómo superar una infidelidad, por lo que deduzco que existe una actitud positiva ante esta situación, y algunas personas sostienen que una infidelidad puede fortalecer o salvar una relación.

Nada aclara mejor que el ejemplo, así que después de leer ciertos testimonios de personas que fueron infieles, concluyo que cada infidelidad tiene sus matices, sus razones y unas consecuencias definidas y propias, y cada individuo que vive esta experiencia lo hace de una manera diferente.

Sea como sea, todo esto me plantea numerosos interrogantes...

¿Se puede considerar infidelidad al flirteo o apego emocional a otra persona? ¿Puede la infidelidad llegar a estar estar justificada? ¿Podría constituir un elemento curativo o sanatorio, en ciertas situaciones? ¿Se puede perdonar una infidelidad? ¿Y olvidarla? ¿Podemos todos ser susceptibles de engañar a nuestras parejas? Las personas que necesitan ser infieles, ¿lo son por naturaleza o tiene que ver con problemas emocionales o patologías psicológicas? ¿Es el ser humano infiel por naturaleza? ¿Quien es infiel lo es necesariamente más veces? ¿Puede una infidelidad cambiarte la vida? Si eres víctima de una infidelidad, ¿justifica que tú también lo seas en el futuro?...

Si alguno de vosotros quiere contestar a alguna de estas preguntas, será bienvenido.

¡Nos vemos en el próximo té!


sábado, 19 de octubre de 2019

Hallowe'en

La festividad de Halloween es más cercana a nosotros, los españoles, de lo que nos parece. En estos días previos al 31 de Octubre leeremos y oiremos a muchos diciendo que menuda estupidez de fiesta, que si copiamos a los estadounidenses en todo, que hay que celebrar nuestras tradiciones y no las suyas, etc.

Bien es cierto que Halloween puede llegar a ser, tanto en España como en otros países, una apología al consumismo. Pero no muy diferente de la que vivimos en Navidad, fiesta "muy española", vaya. Al final, las caretas y disfraces, los dulces y envoltorios de plástico, y toda la parafernalia decorativa tiene un alto riesgo de acabar ocupando la basura del día siguiente, siempre y cuando no seamos mínimamente ahorradores y lo conservemos y guardemos para el año que viene. Pero yo voy más allá de la superficialidad que inevitablemente recubre cada fiesta. Me paro a pensar en que seguramente la esencia de la fiesta nos toque de cerca, más allá de nacionalidades, simplemente como seres humanos

Para empezar, su nombre. Se cree que la palabra proviene de una expresión inglesa (All hallow-even) que los escoceses acabarían apocopando como Hallow-e'en. Los ingleses denominaban a la víspera del día de Todos los Santos (31 de Octubre) como All Hallow's Even o All Hallow's Eve, ya que hallow es una forma inglesa, ya en desuso, para referirse a "los santos", y Eve, por su parte, se refiere a la "víspera" o "vigilia" de las fiestas litúrgicas del cristianismo. Posteriormente, los pueblos irlandeses y escoceses llevarían esta tradición a Estados Unidos.

También se barajan otros orígenes del nombre y de la festividad, uno de ellos curiosamente relacionado con la Península Ibérica: la Santa Compaña gallega y la procesión que los muertos realizan esa noche del año, mitos heredados de los pueblos antiguos del Norte de Europa. Los Celtas también reivindican su origen, ya que antiguamente celebraban una fiesta llamada Samhain o fin del verano en irlandés antiguo, relacionada con la temporada de cosechas. Creían que la línea que une este mundo y el otro se estrechaba en esta fecha, permitiendo pasar a los espíritus, por lo que utilizaban máscaras para ahuyentar a aquellos espíritus malignos. En Asturias se llegó a realizar en esa noche el "banquete de difuntos", en el que se llevaba la comida a la tumba de los antepasados y se comía con ellos (similar a lo que ocurre en México), además de vaciar calabazas. Y no solamente en el norte de la Península, también en Castilla la vieja se decoraban los hogares con calabazas en esta época y los niños salían disfrazados con ropas viejas y pintados con ceniza a pedir comida por las casas; en Soria se celebraba el Ritual de las Ánimas; en pueblos de Madrid se tocaban las campanas durante la noche del 31 de Octubre... Y así podemos seguir, recogiendo testimonio de unas cuantas tradiciones no totalmente cristianas que se realizaban en España en esa noche. 

Santa Compaña, meigas gallegas, asturianos vaciando calabazas, niños disfrazados en Castilla la vieja, Ánimas en Soria... ¿No es algo que nos cae muy MUY cerca?
Halloween, tal y como lo conocemos actualmente, no es más que una reminiscencia de todas estas festividades y celebraciones, pasada por el filtro del capitalismo y del consumo. Pero hay ciertas celebraciones que trascienden lo superficial, con un arraigo importante en nuestra conciencia colectiva como seres humanos, que aparecen en nuestro pulso vital con el paso de las estaciones. La del 31 de Octubre no es la noche más oscura del año, pero tradicionalmente se ha considerado como la noche en que lo mágico y lo mundano, lo terrenal y lo espiritual, están más cerca que nunca, por ello también se considera la noche idónea para la brujería y los ritos.


Astrológicamente, la noche de Halloween se considera la fiesta del renacer personal: preparar el cuerpo y el espíritu para dejar ir lo que "ya ha muerto" (simbólicamente) y abrirse a ideas y proyectos nuevos, a "nueva vida". Se trataría, por tanto, de una transmutación. No es casualidad, ya que Halloween transcurre dentro del período en que el sol transita el signo de Escorpio, relacionado con el más allá, lo misterioso, la transmutación de energía y materia, la adivinación, etc. Así pues, la época en la que el sol está en este signo se considera la más adecuada para rendir culto a los difuntos y antepasados. Y en general, estás prácticas en torno a la noche del 31 son comunes a muchos pueblos de diferentes regiones del planeta.

Podemos decidir sentirnos más o menos ajenos a esta fiesta, a su celebración consumista, pagana o profana, pero durante esos días, una energía diferente se respira en el ambiente. La noche del 31, como el Carnaval previo a la Cuaresma, es una noche de fiesta, de espantar a los malos espíritus con ritos, de encender luces dentro de calabazas o de ocultarse tras disfraces y caretas, de dar gracias por los frutos conseguidos durante este año ("cosecha" simbólica), y dar paso los siguientes días, de santos y difuntos, y rendir culto a los antepasados. Podemos escapar más o menos de nuestra conciencia colectiva como raza humana, pero con el paso de las estaciones, todo ese pulso vital de generaciones y antepasados, de ritos milenarios, hace acto de presencia y finalmente nos invita a aceptar los cambios.

Como siempre, es nuestra decisión resistirnos o adaptarnos.

¡Nos vemos en el próximo té!

lunes, 14 de octubre de 2019

Mermelada de escaramujo

Mi abuela solía hacer mermelada de escaramujo.

El escaramujo es el fruto de un arbusto del rosal silvestre. Es una baya de color rojo intenso, que cuando madura está ligeramente "blandita". Por dentro tiene unas semillas ásperas y duras, recubiertas de pelos que son desagradables al tacto en la lengua (son muy astringentes). Sin embargo, dentro del fruto maduro también hay una especie de pasta de sabor dulce y ácido a la vez, que se obtiene si aprietas con delicadeza la baya. Como cuando aprietas el tubo de la pasta de dientes. Se considera medicinal, por su contenido en vitamina C y otros antioxidantes. 

Bayas de escaramujo
El sabor es como otros frutos rojos silvestres, bastante intenso, ácido y dulce a la vez, también aromático. En parte se parece al sabor ácido del tomate, pero por otra parte no. Recuerdo que íbamos a recoger los escaramujos en este tiempo. A veces venía mi abuela también, otras veces solamente mis padres y yo, y llenábamos varias bolsas.

Los frutos apenas son de 1 x 2 cm (los más grandes), y lo más difícil es exprimir esa especie de pasta que contiene la baya sin sacar los titos ásperos. Hay que apretar con cuidado. De cada escaramujo apenas se obtiene un hilito de esa pasta dulce. ¿Cuántos kilos de bayas se necesitarán para hacer apenas un tarro de esa mermelada? No tengo ni idea, pero me aventuro a decir que al menos un par de ellos.

Recuerdo la paciencia con la que mi abuela extraía el jugo del escaramujo, baya a baya, en las tardes de otoño. Una infinita paciencia y cuidado para extraer lo mejor de algo que, desde luego, te lo pone muy complicado, tanto en calidad como en abundancia. 

Supongo que de eso trata también la vida, de ir aprovechando todo lo que te ofrece. Mi abuela también hacía otro tipo de mermeledas, más "agradecidas", más fáciles. Pero también le gustaban estos retos. Le gustaba porque para ella significaba extraer todos los valiosos nutrientes de la baya de escaramujo en un tarro de mermelada, para que endulzáramos nuestras mañanas y a la vez aprovecháramos todos sus beneficios. 

Mucho más sencillo es hacer los escaramujos en infusión, pero sabe más amargo que una mermelada.


¡Nos vemos en el próximo té!

martes, 11 de junio de 2019

Cuaderno de bitácora

De vuelta. De nuevo. A mi cuaderno de bitácora, lugar que me sirve de puerto y ancla para mis pensamientos y reflexiones. Echo la vista atrás a través de las diferentes entradas y releo todo lo vivido a lo largo de estos años como si se tratara de una excursión en mar abierto.

A través de la escritura uno se encuentra con uno mismo cara a cara, con sus vivencias y pensamientos más íntimos. Se hace consciente lo que habitaba el inconsciente, visible lo que parecía enterrado. Una forma de navegar, puede que sin brújula, y encontrar tesoros escondidos en islas remotas del pensamiento. Vamos a ver si enderezamos el barco, que nos va un poco a la deriva con este viento... Quizá debería volver a empezar. 

Por muy perdido o encontrado que estés, siempre habrá un lugar dentro de ti que te aguarde con los brazos abiertos y te hospedará amorosamente. Un puerto de salida que vamos construyendo año a año, decepción tras decepción, alegría tras alegría, porque de todo se saca algo valioso y especial que vamos guardando en nuestro lugar secreto. Puede ser cualquier cosa: una idea abstracta, un libro, la música, la escritura... O un compendio de todo ello. 

Soñarás con ello cuando necesites volver, y sabrás dónde tienes que dirigirte cuando te despiertes. Allí estás solo, pero no sientes el vacío de la soledad. Te sientes arropado; es tu casa en la isla, ni muy brumosa ni muy soleada, rodeada de arena blanca y vegetación verde, donde has ido guardando todo lo que has encontrado durante el viaje. Allí despertarás de mañana y mirarás tu barco a través de la ventana, con el horizonte aún amaneciendo, imaginando todas las aventuras que aún te aguardan. Pero aún no partirás... Allí puedes reposar y llenar tus bodegas con todo lo que vas a necesitar para la próxima expedición. Se respira el ambiente dulzón del mar cuando roza la costa, tus pies aún están tierra, sintiendo la arena, mientras atesoras bonitas conchas que regala la marea, disfrutando de los colores de la puesta de sol... Pero sabes que no podrás estar allí eternamente.

Solamente cuando te sientas preparado saldrás en busca de la siguiente expedición. Y lo harás con las ganas de alguien que echa tanto de menos el mar como aquel viejo pirata que no conoce otra forma de vida. Porque en nuestro valioso puerto nos sentimos seguros, pero sólo durante el viaje nos sentimos libres.

¡Nos vemos en el próximo té!



miércoles, 10 de octubre de 2018

Venus retrógrado

Hay que joderse con el tema de la astrología... Desde que estoy metida en esto, (por supuesto a un nivel amateur), tengo un tira y afloja entre mi parte racional que me dice que todo eso son chorradas y mi parte más emocional que confirma que esto de la astrología tiene mucha razón (válgalme para algo este juego de palabras). 

Llevo un tiempo escuchando que Venus comenzaba un tránsito retrógrado, pero conociendo el drama astrológico que muchas veces se plantea en torno a estos acontecimientos, le había intentado dar cero importancia. Sin embargo, llevo varios días dándole vueltas a miles de cosas y obsesionándome con ciertos pensamientos con respecto a mi relación, y he pensado si Venus no tendría algo que ver en todo esto...

Venus entró retrógrado el día 5 de Octubre en Escorpio. Dicho planeta en astrología representa el amor, y si está retrógrado pues se nos plantean una serie de dificultades a la hora de visualizar nuestras relaciones. Además, el signo de Escorpio es el de la intensidad, el todo o nada, el conocer a fondo lo que hay bajo la superficie, lo que complica un poco las cosas. Todo ello queda perfectamente recogido en este artículo que, para no enfangaros con mil explicaciones mal dadas por mi parte, estaría bien que echarais un ojo: Venus en Escorpio 2018. Un retrógrado intenso y obsesivo

Me gustaría citar textualmente algún pasaje de dicho artículo, para ilustrar un poco mejor a dónde quiero llegar. Al parecer, este tránsito retrógrado de Venus va a permitirnos "evaluar las relaciones (...) y lanzar preguntas al aire como: ¿Cuánto controlo o dejo que me contolen? ¿Cuánto confío en los demás? ¿Cuánto me abro? ¿Cuánto estoy dispuesto a compartir en la intimidad? ¿Cuántas de mis creencias/premoniciones son reales o pura paranoia infundada? (...) ¿Necesito drama e intensidad para sentirme amado?".

Tengo que reconocer que alguna de esas preguntas escuecen. Llevo un tiempo dándome cuenta de que, cuanto más pido a mi pareja que se abra conmigo, menos lo hace. No es que se lo pida directamente, sino que intento hacerle entender que cuantas más cosas me oculte, más distancia va a crear entre nosotros. Siento que con él voy descubriendo todo a oscuras, y mis miedos me dicen que me oculta cosas, lo que me hace desear tener mucho más control... Control que, por otra parte, no tengo. 

¿Será una cuestión de confianza? ¿Es que confío poco en él? Al principio confiaba ciegamente, nunca se me pasó por la cabeza en ningún momento que pudiera engañarme... Hasta que pasó algo que rompió un poco esa confianza que estaba intacta, algo que él nunca quiso contarme desde su sinceridad. ¿Qué pasó ahí? ¿Qué hubo entre esa chica y él? Puede que solo fuera un flirteo estúpido, pero incluso el flirteo me duele... Porque en aquella época yo pensaba que, empleando una frase muy manida, él solo tenía ojos para mí. Pues me dolió ver que no era así, sinceramente, y sobre todo, que me mintiera al respecto, que quedara con esa otra persona a mis espaldas y sobre todo, que cuando lo descubrí él no fuera capaz de ser sincero. Y aún a día de hoy, tengo la sensación de que sigue sin serlo.

Ese fue el germen de mi desconfianza. Ahí empezó una paranoia que nunca había experimentado antes, empezaron mis obsesiones sobre si cuando no estaba conmigo estaría hablando con ella por el móvil, o si quedarían y se verían, dándole vueltas a de qué hablarían, si habría contacto físico entre ellos, si se atraían sexualmente... Lo pasé muy mal durante muchos meses, y aún sigue esa reminiscencia dentro de mí. He intentado varias cosas: olvidarme del tema, preguntarle abiertamente y que me explique algo desde la sinceridad, pensar en todas las cosas positivas que tiene nuestra relación... Pero en los momentos más inoportunos, surgen de nuevo esas dudas. Él no comprende que necesito entenderle, porque estar parcialmente a ciegas al respecto no hace sino realimentar mis miedos, abrir un cajón en el que caben muchas más dudas que certezas. Y paradójicamente, cuánto más pongo de mi parte para que él se abra y comparta verdaderamente su intimidad, más lejos siento que estoy de hacerlo. 

Entonces sí que se me plantean muchas preguntas que coinciden con este tránsito astrológico: si estoy siendo controladora y obsesiva; si él efectivamente se abre conmigo o no lo hace; si todo es una paranoia de mi cabeza o hay bases sólidas para sentirme así; si necesito drama en mi vida para sentir las relaciones verdaderas... Lo único de lo que soy consciente es de que quiero saber por qué hace lo que hace, qué necesidad le lleva a comportarse así, si hay ciertas cosas que no cubro. Necesito entender por qué me dice que me quiere pero luego descubro ciertas cosas que hacen que todo se me derrumbe... ¿Es que a él también le engañaron tiempo atrás y necesita pagarlo conmigo? ¿Habrá sido un precio muy alto a pagar el hecho de que, cuando empezábamos nuestra relación, yo no quería que nadie lo supiera? Supongo que cada uno tenemos que asumir las consecuencias de nuestros actos, pero a veces me parece las consecuencias son un poco desproporcionadas. Si él no fue capaz de verbalizar que no estaba a gusto con los términos al inicio de la relación, ¿por qué no lo dijo abiertamente? ¿Por miedo a perderme? Y entonces, ¿por qué decidió que era buena idea desquitarse quedando con otras personas? 

La verdad, es que cuantas más vueltas le doy al tema, menos cosas comprendo. Esto daría para otro psicoanálisis... para otra entrada. Si de verdad esto de la astrología tiene algún efecto sobre los mortales, espero que Venus retrógrado sea capaz de poner un poco de orden. Mientras tanto...

¡Nos vemos en el próximo té!

viernes, 5 de octubre de 2018

El vacío y la forma

Él me sorprende y me inquieta. Me fascina y me intriga. Me gustaría preguntarle directamente tantas cosas y que me contestara de la misma forma... Pero nunca ocurre así, todo lo voy descubriendo con el tiempo, a base de observarle mucho, convivir con él, escuchando lo que otras personas dicen de él... Y como siempre, me aventuro a hacer psicoanálisis peligrosos. Siempre me encuentro bajo la búsqueda y el descubrimiento de los más mínimos detalles, de lo que está bajo la superficie. 

Winona Ryder en Beetlejuice, descubriendo cosas
Sé que siempre ha sido una persona con mucha intensidad sexual, y más bien solitaria (también se puede estar solo rodeado de gente). En verdad, me siento más que identificada con esta descripción. Supongo que las personas con vibraciones similares se atraen, incluso se encuentran, como si de magnetismo se tratara. Creo que, al menos tuve suerte cuando eso ocurrió, pues le conocí en un punto de juego limpio, de nada de engaños a uno mismo o a terceras personas. Él estaba solo, yo también. 

Me gustaría pensar que todo lo que él ha vivido con otras personas ha sido algo carente de significado, pero no es así. Para mí, en ciertos sentidos tampoco lo es, pero en otros, desde luego que ha sabido llenar, dar forma y significado a tantos vacíos que yo tenía, que no imagino otra forma de hacer que no sea la suya. Quiero pensar que sea mutuo. A veces sospecho que no lo es.

Y aquí estoy,  batallando de nuevo con una vieja amiga: la prescindibilidad. O más bien el miedo a serlo, a ser "algo más" pese a escuchar que eres especial, de la misma manera que quienes estuvieron antes que tú también lo escucharon. ¿De qué nos queremos autoconvencer? A lo mejor somos únicos e irrepetibles, pero no tanto. Puede que formemos parte del patrón habitual de la otra persona: ahora me atraes-ahora te quiero-ahora no te entiendo-ahora te odio-ahora me produces indiferencia-ahora busco alguien que no seas tú. Y de nuevo, empieza el ciclo. Pues yo he venido aquí para intentar romper eso, o al menos intentarlo. No quiero creer que las personas no cambian, ni que no se puedan romper los círculos viciosos, o que no puedas ayudar a otra persona a hacerlo. Creo en las transformaciones, más que en los cambios, y una relación, del tipo que sea, para mí siempre tiene que significar mejora

Y vuelvo a hablar de él, aunque me parezca arriesgado. ¿Y si realmente se ha sentido solo todo este tiempo antes de conocerme? Nunca había sido tan ambiciosa en este sentido, pero que me dijera que me reconocía como su pareja de otra vida me hizo pensar en ello. Sé poco de su vida pasada, solo lo que ha decidido contarme, pero percibo un sentimiento de soledad, de rechazo en ocasiones, de necesidad de evadirse de la realidad aferrándose a otra cosa porque existe algún tipo de instatisfacción que hay que tapar, de búsqueda incesante de lo que nos sigue faltando, sin saber exactamente qué es... Y también culpabilidad por no saber manejar las situaciones, no saber afrontar ciertos sentimientos y vacíos que se crean, y vas creyendo que esa situación durará para siempre porque es lo que te ha tocado vivir, y crees que puedes convivir con ello a base de ocultarlo una y otra vez en tu mente, de distraer lo que nos falta con lo que creemos que necesitamos... Sí, en verdad eso también lo conozco muy bien. A lo mejor no somos tan distintos y le conozco mucho más de lo que pienso.

Mi manera puede resultar muy abrasiva, y debo tener cuidado, pues soy consciente de que no es agradable. Lo que yo tengo pensado puede resultar una forma de intrusión: "He visto lo que te pasa y quiero ayudarte... Quiero transformarlo". Puede que dé miedo, pero también es mi manera de decir que me me preocupo por esa persona tanto que quiero implicarme hasta ese punto, con todas las consecuencias. En cualquier caso, aunque con él tantee a oscuras los límites, puedo palpar perfectamente la forma. Ya no hay vacío.


¡Nos vemos en el próximo té!